“Ningún bastón podrá apagar la luz de las ideas”

El 29 de julio de 1966, el gobierno defacto de Juan Carlos Onganía irrumpió violentamente en distintas universidades de Buenos Aires. Esa noche, se desalojó a autoridades, profesores y alumnos que luchaban por la autonomía universitaria.

Ilustración de Quino sobre la noche de los bastones largos

Hace 54 años, el 29 de julio de 1966, tuvo lugar en Argentina La Noche de los Bastones Largos. El gobierno defacto de Juan Carlos Onganía ingresó violentamente a distintas universidades de Buenos Aires. Allí, estudiantes, profesores y autoridades luchaban por la autonomía universitaria en nuestro país.

Aquella noche de invierno, cinco universidades de Buenos Aires fueron desalojadas por fuerzas de seguridad. Con largos bastones de madera, la policía reprimió a quienes se encontraban dentro de los establecimientos, es por eso que ese 29 de julio pasó a la historia como “La Noche de los Bastones Largos”.

En comparación con la Reforma Universitaria de 1918 y todos sus avances en materia de derechos, este suceso significó un gran retroceso en el mismo plano. En plena dictadura, sin Congreso ni Corte Suprema, con las provincias intervenidas y los partidos políticos inactivos, la Universidad era una de las últimas instituciones que se resistía al avance de un gobierno defacto.

Para Onganía, las universidades eran “una cueva de marxistas”. Así, a un mes del golpe de Estado que él encabezó, sancionó el decreto-Ley Nº 16.912 que establecía la intervención de las universidades y revocaba su autonomía. Con esto, el presidente defacto buscaba “eliminar las causas de acción subversiva”.

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La Noche de los Bastones Largos tuvo lugar el 29 de julio de 1966

Una ley que coartó los derechos políticos universitarios

Una vez sancionado el decreto-Ley 16.912, quedaron prohibidos los centros de estudiantes en las universidades y toda actividad política en general. Incluso, la nueva norma intimaba a los rectores y decanos de las ocho universidades nacionales que existían por entonces. En un plazo de 48 horas, debían asumir como interventores de una institución que, por primera vez, se subordinaba directamente al Ministerio de Educación de la Nación.

Ante esto, las máximas autoridades de las universidades de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Tucumán y Litoral renunciaron. Esta decisión vino con actos de resistencia en distintas universidades, a lo que las fuerzas de seguridad decidieron responder con represión.

Entre las facultades más afectadas, se encontraba la de Ciencias Exactas de la UBA. Con Rolando García como decano, se la consideraba la pionera en las políticas progresistas que se impulsaron en esos años. García fue una figura decisiva en la puesta en marcha de las mismas.

La Noche de los Bastones Largos terminó con más de 400 detenidos, bajo la frase “la autoridad está por encima de la ciencia”, enunciada por Luis Botet, interventor de la UBA designado por Onganía. Esta violenta intervención terminó con lo que se conoció como la “década de oro” de la universidad argentina, impulsada por el Rector Risieri Frondizi, durante la presidencia de su hermano Arturo.

La Noche de los Bastones Largos produjo una masiva “fuga de cerebros”, ya que alrededor de 1.500 docentes fueron despedidos y decidieron exiliarse a otros países de Latinoamérica o incluso a Estados Unidos y Canadá.

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