Vacunas sin patentes, una liberación necesaria

Las vacunas son claves para acercarse a una suerte de normalidad, aquella perdida por la emergencia sanitaria que atraviesa el mundo pero las dosis se han concentrado en los Estados más ricos.

Patentes, una liberación necesaria. Una trabajadora sanitaria manipula un vial de la vacuna de Oxford y AstraZeneca, en Nepal. 
EFE

Por Agustina Bortolon

A medida que avanza la emergencia sanitaria, suma apoyo la campaña para que se liberen las patentes de las vacunas contra el coronavirus, impulsada por organizaciones sociales y científicas de diferentes puntos del planeta.

En esa línea, los embajadores de los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) reanudaron este miércoles discusiones sobre la propiedad intelectual de las vacunas contra el coronavirus, en medio de una creciente presión sobre los países ricos.

La directora de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, dijo que los Miembros de la Organización deben responder urgentemente a la necesidad de una solución multilateral que garantice el acceso equitativo a las vacunas en todo el mundo, y se refirió a ello como la “cuestión moral y económica de nuestro tiempo”.

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La emergencia sanitaria por covid-19 compromete el punto de equilibrio razonable entre intereses privados y públicos en el sistema de patentes, mostrando desbalances en los costos y beneficios sociales cuando lo que está en juego es nada más y nada menos que la salud pública, y, en consecuencia, la estabilidad económica y social. 

Ahora bien, las patentes son derechos de propiedad intelectual que conceden la exclusividad de la fabricación y de la comercialización a la compañía farmacéutica que posee esa patente. 

Estos derechos, a veces suelen extenderse hasta al menos 20 años, por lo que este hecho perjudicaría el acceso universal a la vacuna. Hoy por hoy, sólo ocho o nueve empresas tienen la capacidad de producción, y por ende, la patente. Y el problema es aún más complejo, dado que se estima que las 3/4 partes del financiamiento para investigar las vacunas provienen de inversión pública, es decir, de fondos estatales, de los contribuyentes.

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En consonancia con esto, más de la mitad de las vacunas fueron adquiridas por los países más ricos, que representan sólo el 14% de la población mundial. Es decir, existe un claro monopolio de vacunas, que una vez más evidencia frente a nuestros ojos las discrepancias e irregularidades del sistema capitalista, que parece no temblequear ante ninguna situación que lo ponga en jaque, como ésta. 

Los gobiernos de los países con mayor riqueza, tensionan y se posicionan, en su afán por ir primeros en la carrera de hacerle frente al coronavirus, dejando en el camino a millones de habitantes de otros países del mundo en una situación de absoluta vulnerabilidad. Un juego capitalista con intereses políticos, económicos, estratégicos y, sobre todo, perversos.

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Estos problemas que surgen a raíz del deficiente y desigual suministro de vacunas para combatir al virus, reactivan el debate acerca de la oportunidad de recurrir al mecanismo de las licencias obligatorias por motivos de interés público, o en el caso más extremo y necesario dado el contexto, liberar todas las patentes mientras dure la pandemia.

Por esto, ante la crisis global, se vuelve de absoluta necesidad adoptar medidas que estén a la altura para responder, por encima de barreras o intereses políticos y económicos, con criterios de salud pública y de justicia global; entendiendo que esta coyuntura en particular es excepcional, lo que demanda también respuestas excepcionales que garanticen la vacunación de la mayor cantidad de personas en el menor tiempo posible, y a un bajo costo.

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