Paremos la pelota y hablemos de violencia de género

En nuestro país, cada vez son más los clubes de fútbol que luchan contra la violencia de género puertas adentro. Mediante áreas de género, protocolos y cláusulas, el fútbol argentino le cobra falta a la violencia contra las mujeres.

En el ámbito deportivo, el machismo es moneda corriente desde hace ya mucho tiempo. En cuanto al fútbol, específicamente el de nuestro país, puede verse cómo cada vez más clubes toman la iniciativa para erradicar hechos de violencia de género puertas adentro. Esto lo hacen mediante la creación de áreas de género, protocolos y cláusulas.

Más de una vez, hemos sido testigos de cómo un hecho de violencia en el fútbol cobra relevancia mediática. En estos casos, ha tenido gran difusión cómo un jugador o entrenador es quien comete estos actos. Pero la creciente ola feminista se enfrenta a estos sucesos y dice “basta”.

Con ejemplos como el de Belgrano, vemos cómo los clubes de fútbol se posicionan en contra de la violencia de género. Así, el ejemplo del club cordobés muestra que cualquier contrato nuevo que involucre a jugadores, tendrá una cláusula de género.

“La creación de estas áreas es fundamental porque si queremos realmente generar un cambio en la sociedad hay que empezar por ahí, ya que hay clubes que son enormes, muy mirados y puedan dar el ejemplo de tener un área de género, de tomar decisiones con perspectiva de género, de tener cláusulas en el caso de jugadores de fútbol y eso me parece que es fundamental”, dijo Justina Morcillo, jugadora de fútbol en River, en una entrevista con Filo News.

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La cuestión no es solo castigar, sino prevenir

“La violencia no es solo física, sino que hay muchísima violencia que se da en el día a día y más en un ambiente super machista. Entonces, saber a dónde ir cuando suceden esas cosas, es muy importante”, remarca Justina al referirse a la discriminación que muchas veces sufren las mujeres en el ámbito futbolístico.

Una cuestión de gran importancia para las jugadoras, es que no solo se castiguen los actos de violencia y machismo. También se proponen capacitaciones en materia de género como la que propone la Ley Micaela, para que no sea solo cuestión de sancionar, sino también de prevenir.

Los diversos protocolos para lograrlo están mayormente a cargo de las mujeres que trabajan en los clubes y los grupos feministas identificados con las instituciones. En el caso del club Vélez, su protocolo se activa cuando la víctima hace la denuncia, o bien cuando la institución o un tercero identifican el hecho de violencia. Otro ejemplo, es el caso de San Lorenzo, con una clausula similar a la de Belgrano.

Retomando el ejemplo de Vélez, la abogada Paula Ojeada explicó que quien esté asociado al club y sufra violencia de género también puede recibir acompañamiento por parte del mismo. Ojeada es abogada y está a cargo del departamento de género del club.

Estamos en presencia de avances en materia de género, pero todavía nos falta para alcanzar la paridad. Un caso concreto de esto es el de Lucía Barbuto, la única presidente mujer de un club de Primera División, en Banfield.

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