La genética al servicio de la identidad

Desde hace 44 años, la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo persigue un objetivo inquebrantable: recuperar la identidad de sus nietos apropiados. Para lograrlo, acudieron a la ciencia, dando lugar a la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos.

Por Carmela Laucirica

“Si hubiéramos empezado desde un punto de partida falso, ¿seguiríamos siendo los mismos?”. Esa es la interrogante con la que inician una serie de videos producidos por el Centro de Producción e Investigación en Artes (Cepia). En el marco del Día del Derecho a la Identidad, vale decir que cada uno es su historia, pero cuando la versión que nos cuentan no es la real: ¿Qué pasa con nuestra identidad?

Durante la última dictadura cívico militar en Argentina, alrededor de 500 niños fueron apropiados mediante adopciones ilegales y embarazos simulados. Así, familias cercanas al gobierno de facto o a las fuerzas policiales se convirtieron en los apropiadores de estos niños. Por si fuera necesario aclarar, se trata de bebés, niños y niñas que en su mayoría nacieron en cautiverio, porque sus madres, y a veces también sus padres, fueron desaparecidos durante la dictadura.

Según el prólogo de “Las abuelas y la genética”, la apropiación de estos niños y niñas constituyó “ocultamiento de identidad, perversión en la crianza y negación permanente de la verdad”. Hoy es 22 de octubre de 2020, pasaron más de 44 años desde el inicio del golpe de Estado, todavía quedan casi 300 nietos por recuperar.

Afortunadamente, las abuelas de estos niños y niñas no se quedaron quietas; después de 44 años los siguen buscando. Pero la pregunta es: ¿Cómo hacerlo? Porque existe una diferencia entre sus hijos desaparecidos, a los cuales conocieron durante años, en contraste con niños y niñas que quizás ni siquiera vieron nacer.

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Mensaje de Sonia Torres en 2016, para ser repartido en la Feria del Libro.

El “índice de abuelismo” para recuperar a los nietos

Para probar la relación de parentesco genético entre los niños apropiados y sus abuelos biológicos, las Abuelas de Plaza de Mayo iniciaron un camino largo y complejo hacia la conformación del Banco Nacional de Datos Genéticos. Así, la genética se constituyó como una de las vías para llegar a los nietos y nietas desaparecidos.

Mediante la creación de este banco, el “índice de abuelismo” se constituyó como la prueba irrefutable de que aquellos nietos y nietas apropiados no era quienes les dijeron ser. La formulación del “índice de abuelismo” dio su primer fruto con la identificación de Paula Eva Logares en 1984. En ese entonces, todavía no existía la posibilidad de un análisis de ADN.

Pero la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos claramente no fue de la noche a la mañana. Sin embargo, tras crearse brindó la posibilidad de recurrir al análisis de ADN, lo cuál significó un avance significativo en términos de identidad. Según relata el libro antes mencionado, fueron más las dificultades judiciales y sociales que las genéticas a la hora de esclarecer la identidad de los nietos.

“Gracias a la gran oportunidad dada por las Abuelas, la genética ha podido ponerse del lado de los derechos humanos y posibilitar la efectivización del derecho a la identidad y la reparación a la grave violación de la apropiación de niños”, reza el prólogo de “Las abuelas y la genética”.

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 Marie-Claire King, genetista estadounidense, al servicio del Banco Nacional de Datos Genéticos

La identidad no es solo genética

Si bien la creación del banco representó un avance significativo en materia de derechos humanos y justicia, cabe recordar que la identidad no es solo genética: es social, cultural, psicológica e histórica. Estamos hablando de una identidad integral, la cuál se construye a diario y cambia de la misma manera. Entonces, ¿Qué pasa con el tiempo que pasaron y pasan los nietos sin saber quienes son realmente?

En este sentido, nos encontramos con identidades constituidas sobre una base falsa y tergiversada por los apropiadores y la estructura de poder de aquella época. Esto es así porque no solo se trata de padres y/o madres que adoptaron o simularon embarazos, sino también de sistemas de justicia que no colaboran con la investigación de Abuelas.

La creación del Banco Nacional de Datos Genéticos

La tarea del banco surgió tras una publicación en 1979 en el diario El Día de La Plata. Allí, se leía cómo un padre que había negado su paternidad había sido sometido a un análisis de sangre y se había comprobado su filiación, es decir, el vínculo sanguíneo. Esta noticia llevó a las Abuelas a considerar un examen así para recuperar a sus nietos.

Entonces, ¿Qué es el Banco Nacional de Datos Genéticos y cuál es su aporte a la recuperación de la identidad? Concretamente, se trata de un lugar en donde se almacenan todas las muestras sanguíneas que aquellas familias que buscan a un nieto o nieta apropiado. De esta manera, a pesar de que la madre o el padre sigan desaparecidos, el resto de la familia puede aportar sus datos genéticos para contrastarlos con el nieto o nieta.

En 1987, el Banco Nacional de Datos Genéticos finalmente fue creado. Ahora sí era posible establecer el parentesco con sus nietos a través del análisis de distintos tipos de marcadores genéticos. “El papá y la mamá no estaban, pero estaba la criatura –explica Nélida Navajas, cofundadora de Abuelas–. Y de la mamá estaban los abuelos, los tíos, los primos, y de la parte paterna lo mismo, podía faltar un abuelo pero había tíos y hermanos. Cuanta más sangre se obtuviera, mejor, esto era la histocompatibilidad”.

Los antígenos de histocompatibilidad (HLA, según sus siglas en inglés) son moléculas proteicas que se encuentran en las membranas de todas las células y se encargan de diferenciar lo propio de lo ajeno. Así, estas moléculas podían usarse para establecer relaciones de semejanza entre los nietos y sus verdaderas familias.

Actualmente, el banco no solo continúa con su búsqueda de nietos y nietas, sino que también contribuye con otras organizaciones cuyo intención es similar. Si bien muchas abuelas fallecieron sin recuperar a sus nietos y nietas, la lucha por los casi 300 que faltan recuperar persiste en el tiempo.

Banco Nacional de Datos Genéticos
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