Hablar de menstruación para romper tabúes y empoderar a niñas y adolescentes

Se calcula que hay alrededor de 10 millones de personas que menstrúan en la Argentina. Durante casi 40 años de nuestras vidas, las mujeres compramos. Hablar de menstruación es necesario para romper con la desinformación.


Para la investigadora Eugenia Tarzibachi (2017. Entrevista Agencia EFE), hay algunas coordenadas que atraviesan la experiencia de todas las mujeres ante la primera menstruación y que tienen que ver con situarlo como un asunto de higiene personal y la necesidad de enmascarar ese sangrado para componer un cuerpo socialmente aceptable.

En el año 2017, Eugenia publicó “Cosa de Mujeres: menstruación, género y poder” (Sudamericana). En ese texto propone un acercamiento cultural al fenómeno de la menstruación, a partir de una investigación trasnacional entre la Argentina y los Estados Unidos, que revisa la industria del llamado “cuidado femenino” y recorre los significados asociados al hecho de menstruar.

Una idea que atraviesa el libro, es que la publicidad de las tecnologías de gestión menstrual (toallitas, tampones, copas), desde sus orígenes -en Estados Unidos a fines del siglo XIX y en Argentina hacia 1930- hasta hoy, se ha basado en tres sentidos sociales: la protección de un cuerpo vulnerable o peligroso, la higiene de un cuerpo “sucio” y la “liberación” de la mujer de un cuerpo supuestamente opresor.

La investigadora plantea que ese ideal de cuerpo menstrual, es el ideal masculino: Un cuerpo sin ningún rastro de sangre ni mancha y predestinado a ser madre.

La psicóloga y doctora en ciencias sociales, explicó que en Argentina, todavía permanece ese rito, por llamarlo de alguna manera -la menarca, primera menstruación-que vincula la feminidad a la experiencia de la menstruación, a la transformación en mujer.

En aquella entrevista, citada previamente, la investigadora sostuvo que algo estaba cambiando como resultado de la “revolución menstrual” que tiene lugar en todo el mundo y que ha hecho que, incluso los hombres, comiencen a discutir sobre la menstruación.

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En la misma línea de pensamiento se encuentra Be Girl, una organización dedicada a la educación menstrual, especialmente en África y América Latina. Su misión es global: celebrar el periodo menstrual, para que deje de ser una vergüenza para las niñas de unos 30 a los que ha llegado desde 2014

Diana Sierra, diseñadora industrial y creadora de la empresa social, en dialogo con Semana.com, explicó que “la sangre menstrual tiene una connotación muy negativa: es vista como algo pecaminoso, sucio”

En esos contextos la información es fundamental. Su objetivo es que las mujeres de zonas pobres, especialmente niñas en edad escolar, puedan entender, manejar y amar su cuerpo. Por ejemplo explicando que es el ciclo menstrual.

Siguiendo la idea del párrafo anterior, Sierra, diseñó en 2016 el Smart Cycle, un reloj didáctico que simplifica el ciclo menstrual y que permite llevar mediciones exactas. Dicha herramienta se utiliza en Mozambique, otros países africanos y, puntualmente en latinoamérica, llegó a 500 niños y niñas en Bogotá y Cartagena.

Por eso es fundamental hablar con niñas y adolescentes sobre menstruación, sin eufemismos, en Argentina una Educación Sexual Integral aplicada efectivamente debería acompañar el desarrollo de las y los estudiantes.

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