Singularidad que atrasa: no es UN orgasmo, son muchos

En el Día del Orgasmo Femenino, conversamos con Silvina Peirano, especialista en Sexualidad y Diversidad Funcional. Con ella, conocimos un costado de la sexualidad del que poco se habla: el que involucra a personas con discapacidades.

Ilustración de Gala Bodean

Para la definición de orgasmo ya tenemos muchos portales web que nos lo explican, así que esta vez vamos a saltearnos ese paso. Mejor pasemos a lo que nos motivó para hacer esta nota: las palabras de Silvina Peirano, especialista en Sexualidad y Diversidad Funcional. ¿A que nos referimos? a poner el foco en la sexualidad de las personas con discapacidades, más aún, en las mujeres.

Si bien para Silvina la efémeride del 8 de agosto le parece “sobrevalorada”, lo interesante es su contra oferta: pensar en el Día de los Orgasmos y no en uno solo, porque no es algo singular. Ya sea porque hay diferentes tipos como también hay diferentes personas y con ellas miles de formas de experimentar el orgasmo: no podemos hablar de uno solo.

Otra cuestión que sale a la luz en nuestra charla con Silvina es la del orgasmo como un fin. Según ella, y quizás muchos podamos admitirlo tras leer esto, la mayoría de nosotros hemos sido educados “para una forma de respuesta sexual en la que el orgasmo es un fin a conseguir y en la que nos perdemos todos los placeres previos”. ¿Les suena familiar?

Hasta ahora, algunas ideas generales sobre el protagonista de esta efeméride. Pero retomemos el eje que nos interesa: cómo viven su sexualidad las personas con discapacidades, más aún, las mujeres. En primer lugar, nuestra especialista plantea que “las sexualidades o mapas del placer tienen otros recorridos e improntas” para las personas con discapacidad. “En principio, una impronta social que hace que hablemos de las personas con discapacidad como seres con poco deseo o peor aún: poco deseables”, plantea Silvina.

“Como que están por fuera de las jerarquías del placer, del deseo, de lo que tiene que ver con la belleza o desearíamos ser. Hay una representación negativa de la discapacidad, como algo negativo o minusvalizante, asexualizante o hipersexualizante”, agrega la especialista.

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Las mujeres con discapacidad sufren “desgenerización”

Enfocándonos en las mujeres, nos topamos con el concepto de “desgenerización” que nos explica Silvina. ¿Qué significa esto? Que estas mujeres ya no son tenidas en cuenta por su género, sino por su discapacidad. Así, no se habla de mujeres, varones o disidencias con discapacidad, sino de discapacitados directamente.

Para ilustrar esto, Silvina nos trae el ejemplo de los baños públicos: hay para varones, para mujeres y para discapacitados. Allí, no se distingue el género, sólo la discapacidad. En este contexto, no importa si mujeres, hombres y disidencias comparten el baño, porque pareciera que primero importa que son discapacitados.

En el terreno de la discapacidad, aún es muy difícil hablar de las elecciones sexuales diversas, ya que aún transitan el camino de la aceptación por parte de la sociedad. Aunque muchos no lo sepan, Silvina asegura que “siempre han habido personas con discapacidad que tienen elecciones sexuales diversas”.

“Lo que hacemos en general es opinar mucho y actuar o acompañar muy poco en estos procesos”, lamenta nuestra entrevistada. De esta manera, se deja de hacer foco en qué pueden hacer o no sexualmente las personas con discapacidad, si llegan al orgasmo o no, porque eso no parece importarle a las personas. Esto tiene mucho que ver con la tendencia asexualizante que se tiene para con las personas discapacitadas.

Ilustración de Gala Bodean

La sexualidad y el orgasmo como construcción social y cultural

Cuando Silvina piensa en la sexualidad de las personas con discapacidad, nos trae a colación cómo operan las prohibiciones en los mapas del amor de estas personas. ¿De qué se trata esto? De cómo por ejemplo, una mujer con discapacidad podría experimentar un orgasmo, cuando no conoce su cuerpo, cuando no lo ha visto, siendo que no puede tocarlo o mostrarlo porque no la dejan o le han enseñado a avergonzarse del mismo.

“Con todo esto quiero decir que las sexualidades y los orgasmos son una construcción cultural y social, validada o invalidada según la persona”, afirma Silvina. Más aún, menciona cómo personas con autismo alcanzan el orgasmo a través de estimulaciones no convencionales, y son estigmatizados por eso.

En nuestro diálogo, Silvina agrega que “muchas personas con discapacidad no saben lo que es un orgasmo, no sólo porque no lo han experimentado sino porque el concepto es completamente abstracto. ¿Cómo les explicamos algo que no pueden ver o experimentar?“.

Finalmente, nuestra entrevistada nos asegura que existen distintos tipos de orgasmos. Sin embargo, al mismo tiempo considera que “por lo general estamos chipeados para pensar que existe una sola sexualidad válida, un tipo de orgasmo, una forma de alcanzarlo (en general falocéntrica y reduccionista, heterosexual)”.

“Cuando hablamos de si las mujeres con discapacidad pueden experimentar libremente un orgasmo: yo diría que si quisieran si”, piensa Silvina. La cuestión está entre el deseo y el ejercicio de ese deseo. Siendo mujeres con discapacidad, hay un montón de impedimentos que no tienen que ver con lo físico ni con la falta de deseo, sino justamente con los prohibicionismos.

El no empoderarse a través del propio deseo, de no recorrer esas rutas; no porque no quieran, sino porque no hay un permiso social para el placer en las personas con discapacidad”, lamenta Silvina. Más aún, nos explica que los cuerpos con discapacidad se asocian a personas que experimentan dolor, con lo cual “es difícil” pensar que puedan sentir placer.

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