Pandemia al interior del interior: Comedor en tiempos de emergencia

Capitales superpobladas y ciudades caracterizadas como centros políticos, fueron los sitios donde el coronavirus pegó más fuerte, en cuanto cantidad cantidad de casos. Pero ¿Qué pasa en las provincias alejadas de la Casa Rosada? Es más…¿Qué pasa al interior de esas geografías, en cuanto a la emergencia sanitaria, social y económica enmarcada por la pandemia?

Recorrido en tiempos de pandemia

El sábado nos acercamos al Merendero de Barrio Sur, en la ciudad de Villa Dolores, provincia de Córdoba. Este comedor se encuentra inmerso en unos de los sectores más vulnerados de la localidad, rodeado de viviendas precarias y marcado por la falta de trabajo formal. Quisimos visibilizar la situación de estos vecinos y vecinas, gran parte trabajadores de la papa, y de las personas que llevan comida, contención y prestan un espacio para brindar apoyo escolar en tiempos de pandemia.

Gabriela Guazman, nos invitó a repartir viandas en el barrio, destinadas a menores de edad y a dos adultos mayores. Nos encontramos en el salón donde todos los sábados, antes de la pandemia y de las medidas de distanciamiento social, niños y niñas recibían un plato de comida y realizaban actividades de esparcimiento.

El comedor existe desde hace cinco años, es una de las construcciones más equipadas del barrio. Tiene puertas, ventanas, techo, agua corriente, que deben buscar fuera del salón, y electricidad, desde hace cinco meses.

La entrevistada, nos comentó que el espacio comenzó como merendero, luego se transformó en comedor, y ahora sumaron clases de apoyo escolar, un trabajo conjunto con el Frente de Todos, para asistir a los menores en las actividades virtuales, enmarcadas en el contexto de pandemia. 

Vecina de Barrio Sur recibe su almuerzo

“Cuando no estaba el coronavirus sabíamos jugar, nos daban para que pintemos”, nos comentó una nena que se acercó al ver gente en el merendero. Entre 50 y 60 niños y niñas acuden a este centro social, los días martes y jueves reciben la merienda  y las clases, los días sábados, el almuerzo.

Durante el recorrido, nos acompañan Ángel y Santiago, dos chicos que participan en el comedor, una hija de Gabriela y su  novio. Nos contó que, cotidianamente, trabaja junto a su marido y a sus hijas. Las vecinas y vecinos saludan, intercambian agradecimientos, comentan sobre las instancias de apoyo escolar y planifican un guiso para el sábado próximo, la idea emociona a los padres de los menores que reciben ese alimento.

De cocinar el almuerzo se encargan Lorena y Lucas, nombrados como la familia Lopéz por la entrevistada. El espacio recibe donaciones de diferentes sectores, por ejemplo, de polirubros de la ciudad de Villa Dolores, personas que se enteran de su existencia y quieren sumar su apoyo, y de profesionales de la salud que conocen la labor del merendero.

“En el barrio la pandemia se siente el doble, porque los chicos de lunes a viernes antes tenían el comedor cuando iban a clases, y ahora no. La escuela, por medio del paicor, les envía una caja con alimentos, pero a veces los padres no les hacen las comidas diarias y necesarias”, explicó Gabriela, en referencia al contexto de emergencia social.

La mayoría de la población del barrio trabaja en la cosecha de la papa, y ahora está todo parado. Ante esta situación, causada por el coronavirus, la realidad económica empeoró notablemente en la zona, aún así, la entrevistada destacó la solidaridad de la gente, todos los sábados hay gente que les dona ropa y alimentos.

Una de las consecuencias de la pandemia es la pérdida del trabajo. Guazman, nos comentó que más niños y niñas reciben la vianda, esto se debe a que hay personas nuevas viviendo en el barrio, familias que ya no pueden pagar un alquiler, y  que debieron regresan a la casa de su crianza. Hay casos en que tres generaciones conviven en construcciones precarias, en la periferia de una ciudad alejada de la capital del país.

“Lo que yo siempre les digo es que debemos saber que el mundo no termina acá, que tienen que estudiar, salir adelante, tener un secundario y un trabajo digno”, enfatizó una de las encargadas del merendero, sobre su relación con quienes asisten al espacio.

Calle Presidente Perón, al fondo

Pero en el marco actual, el sistema educativo mostró que la solución virtual no estuvo pensada para todas y todos. Angel, quién se sumó a las clases de apoyo, comentó que hay muchos chicos que no tienen forma de manejarse con el internet. Los recursos son escasos, muchos no pueden hacer las tareas, y a veces deben pedirle a otros compañeros que les pasen la tarea.

Gabriela también se mostró crítica ante la educación virtual, es común que entre las actividades les hagan a los y las estudiantes ver videos de youtube que salen en el canal Paka Paka, “¿pero de donde sacan internet? Celulares a veces hay  en la casa, pero no tienen internet”, se preguntó Guazman. 

El principal problema que afecta al barrio es la escasez de trabajo. “No hay trabajo”, nos comentan mientras reparten las últimas viandas, por eso es que las y los jóvenes se dedican a todo menos a estudiar, para ayudar a sus familias económicamente.

Uno de los chicos que ayudan a Gabriela, nos explicó que el trabajo en los cultivos de papa dura solo tres meses, es decir, el resto del año deben rebuscarselas como puedan, hacen changas, fletes, algunos manejan pequeños almacenes, pero el trabajo informal es característica de esta parte de la ciudad. Parece mayor cuando recuerda lo duro que fue su experiencia en esas cosechas.

El Merendero de Barrio Sur es fundamental para los niños, niñas y adolescentes que viven sobre la calle Presidente Perón “al fondo”, como dicen cuando te explican como llegar. Es un espacio para jugar, aprender, y asegurarse un plato de comida.

Para acercar donaciones o consultar como se puede aportar a este sitio comunitario, te dejamos su página de Facebook: Merendero barrio sur; además te podés contactar con Gabriela al 3544-656183.

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