Lo que si confirmó la serie del caso Nisman

Mucha expectativa, especulación y repercusión generó la miniserie de Netflix: El fiscal, la presidenta y el espía. Principalmente desde lo político y judicial. Muchos medios ya hablan de los efectos que puede tener en la justicia. Pero ¿qué es lo que quedó en evidencia y nadie cuestiona?

El 18 de enero de 2015 apareció muerto en su departamento el fiscal Alberto Nisman. Autoridad judicial que siguió e investigó la causa AMIA durante más de 10 años. Su muerte se dio en un contexto netamente electoral. A meses de la elección de un nuevo presidente que dio fin a 12 años de kirchnerismo.

La relación de la sociedad con este movimiento político, estuvo marcada por los medios masivos de comunicación, creadores de la famosa “grieta”. Y el fallecimiento de Nisman, profundizó aún más las diferencias entre una parte de la sociedad con la otra. Enfrentándola a discusiones superficiales que periodistas impusieron con irresponsabilidad.

La serie dirigida por el británico Justin Weber, dejó en evidencia cómo vienen operando las empresas de comunicación, con periodistas “estrellas”, para generar sensaciones de realidad en las audiencias. Operaciones que incluyen información falsa y “fake news” como también información oficial tergiversada.

Un caso concreto de una fake fue el funcionamiento de las cámaras que nunca dejaron de grabar. Sin embargo, portales conocidos y otro no tan conocido, generaron la sensación de que el sistema se cayó durante el día que “asesinaron al fiscal Nisman”. Después de casi 5 años, hay personas que usan este argumento para acreditar el asesinato.

Lo que no deja de sorprender, e invito a que lo revisen, es como el programa Periodismo Para Todos (PPT), se hizo de las grabaciones originales del momento en el que la fiscal, el secretario de seguridad de la Nación, peritos médicos y forenses, entre otros, revisaban el departamento del fiscal horas después que su madre informara sobre su muerte.

Jorge Lanata, junto a la “especialista” en el caso Maru Duffard, mostró un día domingo, en el horario pico de la televisión, como las autoridades judiciales “contaminaron las pruebas y no siguieron los protocolos que hasta en las series siguen”. Estas afirmaciones y otras más que se hicieron mientras transcurría el video, fueron desmentidas por la fiscal Viviana Fein y otras autoridades que aseguran que previamente se había filmado el departamento completo antes de que ingresaran tantas personas.

¿Cómo es que tenía que hacer la fiscal para pasar al baño a ver el cuerpo? ¿De que manera ingresaba sin correr el cuerpo?

Pero al periodista Lanata y al medio de comunicación al que pertenece no les importó el protocolo de actuación. Su intención no fue otra que crear la sensación de desorden y manipulación sobre la escena del crimen. Y así, crear una realidad que sirva para argumental la postura del asesinato.

Lo que quiero acá dejar en claro no es una postura sobre si fue un asesinato o un suicidio. Eso lo determinará la justicia o no. La intención de este artículo es poner en discusión como los medios de comunicación utilizan su poder de manipulación para operar a favor o en contra de algo.

kirchnerismo o antikirchnerismo, asesinato o suicidio, si o no, se convierten en imposiciones mediáticas que nos penetran sin que podamos ser conscientes. La famosa grieta llegó para quedarse y para enemistarnos en pro de los intereses mediáticos.

Por Maximiliano Taibi

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