“Matar dos pájaros de un tiro” y otras formas de naturalizar la violencia hacia los demás animales

El lenguaje condiciona nuestra manera de ver el mundo y de relacionarnos con lxs demás. Eliminar expresiones especistas, racistas, xenófobas, sexistas, homófobas y otras tantas, es un ejercicio que nos concierne a todxs y que necesitamos realizar. 

Por Natalia Paesky

La manera en la que hablamos cumple un rol sumamente activo en la vida cotidiana. El lenguaje es una de nuestras principales herramientas a la hora de representar la realidad y juega un papel central en nuestra socialización. Pero, ¿qué nos enseñan cuando nos enseñan a hablar? ¿Qué estamos diciendo cuando decimos?

Cuando hacemos uso del lenguaje para interactuar con otrxs utilizamos categorías identitarias relacionadas con el género, la raza, la clase social, la especie, etcétera. Estas identidades no son independientes sino que adquieren su significado en su relación con otras y con otros actores sociales. 

El especismo, es decir, la discriminación arbitraria hacia especies no humanas, utiliza diferentes estrategias para hacernos reducir a los animales no humanos a meros objetos y productos de consumo.

A través del lenguaje y de la creación de discursos, se naturaliza la violencia a tal punto que suele ser imperceptible y, la mayoría de las veces, no señalada. Esta violencia hacia los demás animales existe, es real, y se reproduce a través de la publicidad, de los mensajes transmitidos por los medios de comunicación, de la literatura, de las expresiones populares, etcétera. 

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Por supuesto que esto no sucede solo en el caso del especismo. El lenguaje es, en general, androcéntrico, sexista, capacitista, transfóbico, homofóbico, gordoodiante, clasista, racista, etcétera. 

Por citar algunos ejemplos, muchas expresiones normalizadas a lo largo de los años cargan el peso de un pasado de esclavitud y menosprecio en relación a las personas racializadas. “Trabajo en negro”, “trabajar como negro”, “denigrar” (cuyo significado real es “tornar negro” / “oscurecer”, y es utilizado para difamar o acusar injustamente a otra persona), “humor negro” (usado para describir un tipo de humor ácido, de mal gusto o políticamente incorrecto), “doméstica” (eran las mujeres negras que trabajaban en casas de familias blancas y eran consideradas domesticadas), “lista negra” (usada para señalar a las personas que, por alguna razón negativa, son excluidas de ciertos grupos o incluso perseguidas), “magia negra” (que, al contrario que la blanca, implica a poderes maléficos), “mercado negro” (usado para referirse a un sistema de compras y ventas clandestino), entre otras. 

Desde el feminismo también se viene señalando cómo el lenguaje está colmado de expresiones sexistas que contribuyen a naturalizar lógicas patriarcales.

El modo en que nos relacionamos con los demás animales, desde el privilegio y la dominación, no es ajeno a esta lógica y tiene su propia naturalización en el lenguaje, tal como sucede en otras discriminaciones injustas. 

Es común utilizar refranes, chistes o expresiones que naturalizan el uso y explotación de los demás animales: “matar dos pájaros de un tiro”, “cocodrilo que duerme es cartera”, “a caballo regalado no se le miran los dientes”, “listo el pollo, pelada la gallina”, “más vale pájaro en mano que cien volando”, “el pez por la boca muere”, “más terca que una mula”, “tomar el toro por las astas”, “conejito de indias”. También utilizamos otras especies como insultos o de manera despectiva: “cerdx”, “vaca”, “burrx”, “gallina”, “zorra”, “víbora”, “rata”. Sí, en estos casos, además de especismo, hay gordoodio, capacitismo, machismo y clasismo (¿algo así como una prueba lingüística de la interseccionalidad de las opresiones?). 

El lenguaje condiciona nuestra manera de ver el mundo y de relacionarnos con lxs demás. Eliminar expresiones especistas, racistas, xenófobas, sexistas, homófobas, transodiantes, capacitistas, gordoodiantes, etcétera, es un ejercicio que nos concierne a todxs y que necesitamos realizar. 

El lenguaje opresivo hace mucho más que naturalizar la violencia, es violencia. Las palabras son importantes, siempre lo fueron.

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