Cuarentena: “Estoy hartx de chatear”

En época de aislamiento, lo virtual nos funciona para acercarnos a nuestros amigos o familiares. Hasta acá, hablamos de una herramienta positiva. Pero, ¿qué pasa cuando me harté de chatear?

En pleno aislamiento social, las tecnologías y las redes sociales nos ayudan a romper barreras espaciales y acercarnos. En ese sentido, lo virtual se presenta como algo positivo en esta cuarentena. Pero, ¿qué pasa cuando me harté de chatear?

Durante la cuarentena, el máximo desplazamiento que nos puede excusar de una charla virtual es una ida al super o al baño. Ya no nos aquejan tantas tareas como antes, las cuales a veces usábamos para dejar de lado un rato el teléfono.

Más aún, y con la buena intención de sentir menos la distancia, la cuarentena trajo consigo el “boom de las videollamadas”. Ya sea para charlar con amigos o para trabajar a la distancia, encontrarse “cara a cara” con el otro a través del teléfono se hace cada vez más familiar.

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Fuente: Unsplash

Al estar siempre en casa, muchas veces con bastante tiempo libre, puede ser difícil poner límites a nuestro uso de las redes sociales. ¿Y si no quiero chatear todo el día? Eso no significa ni falta de interés ni una intención de autoaislarse, simplemente uno se satura.

Por momentos, las charlas 24/7 comienzan a perder sentido y se mantienen en el tiempo porque sí. Más aún en cuarentena, que disponemos de más tiempo para hablar y quizás menos para contar. Muchas veces, la conversación llegó a su fin y nosotros seguimos ahí, sin poder irnos.

Pero sucede que tal vez no hace falta inventarse una excusa para abandonar la charla; simplemente decidimos irnos y ya está. La cuarentena nos ha desafiado a repensar nuestras formas de comunicarnos, porque lo personal será casi imposible hasta que esto termine.

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No te excuses, no hace falta

En esos momentos en donde no queremos hablar más, hay que decirlo y punto. Es real que en estos tiempos, los ánimos no siempre son los mejores, pero cuando la conversación se percibe terminada: hay que terminarla. Muchas veces necesitamos silencio o soledad, y eso no nos hace malos con los demás.

A la vez, ser abierto sobre la necesidad de hacer otras actividades puede funcionar. Si vemos que una conversación ya no va para ningún lado, pero tenemos ganas de leer un libro o ponernos a cocinar, manifestémoslo. Sin dudas se pueden hacer ambas cosas a la vez, pero no siempre es lo que elegimos.

Finalmente, dejar de lado el teléfono o la compu para responder más tarde tampoco es el fin del mundo. Saber separar actividades, para que la conversación que se de sea de mejor calidad, puede ser otra opción durante el aislamiento.

Por Carmela Laucirica

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