Pueblos originarios

Inti Raymi: con el solsticio de invierno renace la vida

En el mundo andino, a lo largo del tiempo, se realizaron festejos de acuerdo a los ciclos solares. Si bien actualmente llamamos “años” a estos ciclos siguiendo el calendario gregoriano, antes de la colonización, en América este calendario era el cielo. Para las comunidades andinas el Sol es muy importante, es su luz, su brillo […]

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En el mundo andino, a lo largo del tiempo, se realizaron festejos de acuerdo a los ciclos solares. Si bien actualmente llamamos “años” a estos ciclos siguiendo el calendario gregoriano, antes de la colonización, en América este calendario era el cielo. Para las comunidades andinas el Sol es muy importante, es su luz, su brillo y su calor lo que fecunda el vientre de la Madre Tierra con su semilla de luz y fuego, dando los frutos para que las personas puedan vivir en armonía con el mundo que nos rodea.  Por esto es que se celebra el Inti Raymi.

Por Agustina Bortolon

El Inti Raymi o fiesta del sol, es una celebración que las comunidades andinas organizan para celebrar un nuevo ciclo de vida, un nuevo año solar, para preparar la tierra, cultivar y rendir culto a los dioses. Siguiendo el calendario occidental, muchas comunidades originarias andino amazónicas decidieron acordar como fecha simbólica para esta celebración la noche del 20 al 21 de junio, que es la más larga del año y coincide con la llegada del invierno al hemisferio sur; siendo el amanecer del 21 el inicio del nuevo ciclo; sin embargo la celebración suele durar del 20 al 23. Esta fecha en el pasado era muy variable, porque el calendario agrícola no era todos los años exactamente igual. 

Se cree que el Inti Raymi fue instaurado por el inca Pachacútec en la década de 1430, y se celebraba cada año durante el solsticio de invierno, justo el día en que el Sol estaba más lejos de la Tierra. Era la fiesta ancestral más importante del Tahuantinsuyo (imperio incaico) a la que solían acudir pobladores de los cuatro suyos (Chinchaysuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo). En ese entonces, aproximadamente 50.000 personas se acercaban a festejar durante días. La celebración fue prohibida por los colonizadores en 1572, por el virrey Toledo, por considerarla pagana en su afán de imponer el catolicismo como religión. Por esto, se castigó duramente a toda persona que quiso celebrarla. Sin embargo, durante esos tiempos se siguió festejando de forma clandestina.

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Recién volvió a celebrarse públicamente en 1944, luego de largos años de sometimiento que no acabaron con la conquista, sino que continuaron siendo perpetrados por la maquinaria occidental, que arrasó y arrasa con las culturas originarias de América Latina.

Para comprender el significado de la fiesta del Inti Raymi, se deben tener en cuenta dos fiestas: una de coherencia y espiritualidad, y otra agroecológica. El Inti Raymi se enmarca dentro de la coherencia y la espiritualidad, y para llegar a ella hay que transitar otras festividades: killa Raymi en septiembre (a la luna), Cápac Inti Raymi en diciembre, Pacha Puquy Inca Raymi en marzo (donde se realizan las ofrendas a la Pachamama), y el Inti Raymi en junio.

La fuente de información más importante acerca del Inti Raymi viene de la mano del escritor peruano Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), quien en su libro “Comentarios Reales de los Incas” dedica extensos capítulos a contar cómo era la celebración del Inti Raymi en Cusco, que duraba nueve días. Aquí un fragmento:

“Hallábase a ella todos los capitanes principales de guerra ya jubilados y los que no estaban ocupados en la milicia, y todos los curacas, señores de vasallos, de todo el Imperio… Hallábase a ella el Inca en persona, no siendo impedido en guerra forzosa o en visita del reino... Los curacas venían con todas sus mayores galas e invenciones que podían haber: unos traían los vestidos chapados de oro y plata, y guirnaldas de lo mismo en las cabezas, sobre sus tocados. Otros venían ni más ni menos que pintan a Hércules, vestida la piel de león y la cabeza encajada en la del indio, porque se precian los tales descender de un león. Otros venían de la manera que pintan los ángeles, con grandes alas de un ave que llaman cóndor… Otros traían máscaras hechas a posta, de las más abominables figuras que pueden hacer.”

En la ciudad de Córdoba, la celebración del Inti Raymi también tiene lugar anualmente, encabezada por distintas comunidades indígenas comechingonas, guaraníes, coyas, aymaras, mapuches, entre otras, y por lo general se celebra todos los años en el Territorio del pueblo La Toma, conocido como Barrio Alberdi. 

La forma en que se festeja el Inti Raymi es diferente según las distintas regiones de Argentina y de América, como así también según los diversos territorios. 

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En ese sentido, Roxana y Marina de la comunidad indígena de Chavascate, mencionan que las comunidades son las responsables de “aguardianar” estos conocimientos. La ceremonia no sólo se vive como algo sagrado, sino como algo cotidiano y cercano, porque si se entiende sólo como algo sagrado, se percibe como “algo lejano”, y muy por el contrario, debe ser algo a lo que se pueda acceder. En esta comunidad, hacen un gran fuego (el padre Sol), y luego sacan cuatro fuegos para sahumar que hacen referencia a los puntos cardinales. Cada punto cardinal es un elemento, donde las personas pueden acercarse a rezar. También, está el fuego de la comida, utilizado para cocinar. La ofrenda es el rezo.

Por su parte, Débora, mujer kamiare que vive actualmente en el territorio de La Toma (Alberdi), define al solsticio de invierno como una “renovación de los ciclos de la vida, que se manifiesta también desde la agricultura, de la relación con la alimentación y con la tierra como proveedora de alimentos; pero también es la muerte de un ciclo”. Un momento para reflexionar, para “ir para adentro”. La celebración de esta comunidad se lleva a cabo a partir del 20; las personas se encuentran en un lugar ceremonial con algo para compartir, y cuando comienza a bajar el sol prenden un fuego sagrado, cuya chispa debe permanecer encendida durante toda la noche, hasta el primer rayo del sol naciente del 21. Ese sol proveedor de vida, que nos conecta con nuestro entorno, y nos muestra que tenemos un vínculo directo con la tierra.

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