Año nuevo: hay mucho más que la tradición católica que nos enseñaron

Cada 1 de enero, el calendario gregoriano marca el inicio de un nuevo año para una gran cantidad de países del mundo. Si bien es lo usual, existen otras costumbres y formas de recibir al año nuevo.

Probablemente nunca nos hayamos replanteado por qué el año nuevo se festeja el 1 de enero, aunque se trate de una celebración que no siempre tuvo lugar ese día. Lo cierto es que todo surgió el 24 de febrero de 1582, cuando el papa Gregorio XIII dispuso que los países católicos celebren el año nuevo al inicio del calendario gregoriano.

Después de una paulatina incorporación de este calendario, el mundo entero adoptó esta costumbre, muchas veces teniendo que dejar de lado otras maneras de celebrar el año nuevo. Con esta globalización del comienzo del año, la desconexión con las raíces de los pueblos fue inminente. Ya no se tuvieron en cuenta otros calendarios, como los lunares o solares: el catolicismo primó sobre el resto.

Entre las tradiciones que no consideran al 1 de enero como el inicio del año, están las del pueblo originario Kakán, proveniente del centro y norte de nuestro país. Se trata de una comunidad que también habitó en Bolivia y Chile, la cual estuvo conformada por diversos pueblos.

Así, la comunidad Kakán se ha encargado de leer los cielos durante cada illampunsin o nuevo vuelo del sol, para interpretar el movimiento de las estrellas y así los augurios del nuevo año. Esta fecha coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Esta costumbre perdura en el tiempo hasta nuestros días, la comunidad Kakán se transforma pero no se pierde.

Durante esta velada, se lleva a cabo una noche ceremonial, y de limpieza de los cuerpos. Esto es “para renacer limpios, fuertes, sanos, y tener un año en equilibrio con la naturaleza y sus guardianes”. Estas limpiezas se denominan sahumos, los cuales se hacen cada una hora durante la noche con plantas medicinales, además de fuertes yerbeados que acompañan una fogata suave, en donde se cuentan leyendas y se bailan danzas típicas.

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¿Qué dejó la lectura de los cielos este año?

Al amanecer, luego de la limpieza de los cuerpos, la fogata se alimenta para recibir el nacimiento del Sol Nuevo. El año nuevo en este caso coincide con la noche más larga del año. Durante la velada, “se observa el movimiento del Uturunco, el jaguar, que sale del Este; su movimiento hasta el amanecer y cómo se ubica sobre la Vía Láctea”.

En términos de astrología occidental, el Uturunco está conformado por la cola de la Constelación del Escorpión y las estrellas Alfa y Beta de la Constelación del Centauro. De este modo, cada año nuevo se forma un animal en el cielo, cuya energía será la guía del año entrante.

Este año, durante el Illampunsin 2020, Fernando Guzmán de la Comunidad Sikiman nos contó cómo el cielo formó con sus estrellas al ser humano. El año pasado, se pudo ver a una gran serpiente, que luego se transformaría en dragón. Un año antes, el cielo tomó la forma del jaguar, para luego convertirse en un colibrí.

“Este año será un año trabajoso, de miedos e incertidumbre, lo mismo que siente un niño al llegar a la Tierra. Pero sabiendo que en él hay milenios de aprendizajes que ahora deben ser puestos al servicio de la comunidad.
El que se sienta todopoderoso, caerá; el que se sienta en un yo perfecto, no encontrará el Camino. Porque éste es el Tiempo de la Unidad, la Bondad y de Coraje Colectivos”, dijo un mensaje de los Abuelos Kakanes.

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