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Construir desde el odio, un relato ya conocido en América y el mundo

Cuando las crisis sociales comienzan a golpear con fuerza, es común que aparezcan lideres mesiánicos prometiendo soluciones simplistas para solucionar los problemas cotidianos. Sin embargo, la particularidad que presentan esta clase de líderes es la de construir desde el odio y la existencia de un enemigo en común. Por José Feliciano Fisichella Cuando se menciona […]

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Cuando las crisis sociales comienzan a golpear con fuerza, es común que aparezcan lideres mesiánicos prometiendo soluciones simplistas para solucionar los problemas cotidianos. Sin embargo, la particularidad que presentan esta clase de líderes es la de construir desde el odio y la existencia de un enemigo en común.

Foto: CELAG.

Por José Feliciano Fisichella

Cuando se menciona el odio y un enemigo en común es un principio de simplificación del enemigo, un chivo emisario a destruir y que sirva de unidad para la bronca. Esto no es algo que sea nuevo en el mundo político: Mussolini y Hitler, quizás, fueron los que llevaron la construcción discursiva del odio a los niveles más destructivos. La culpa del desastre alemán tenía como génesis la conspiración judeo-masónica-comunista internacional.

Como indicará Karl Popper las teorías conspirativas de la sociedad caen por su propio peso al no existir el enemigo pregonado. Por supuesto, el principal problema existe que antes de caer pueden hacer hecho muchísimo daño. La historia es prueba de la afirmación anterior.

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Redes sociales e historia del discurso de odio

El discurso de odio nunca desapareció, por el contrario, se fue adaptando muy bien a las nuevas tecnologías, diría que muchas veces ganándole terreno a cualquier otra discursividad que luche por la conquista de derechos.

Con el auge de las redes sociales, llegar a las capas de la sociedad con mensajes personalizados se hizo muy fácil. Hoy sabiendo manejar las herramientas de análisis de datos puedo conectarme con mayor facilidad a un público que sea propenso a consumir mis ideas de odio.

Ilustración de Animal Político.

Redes sociales como Twitter o TikTok pueden funcionar como una puerta de entrada para estos discursos, llegando hasta lugares como Steam. El principal objetivo es un joven aislado socialmente y con ganas de integrarse al mundo.

Mediante un discurso que eche la culpa de sus males a otras personas puedo llegar con relativa facilidad al joven. La culpa de las penas siempre recae sobre los mismos sectores: inmigrantes, minorías sexuales, judíos y la izquierda. En los primeros casos el factor se debe a que todavía existe una idea de que las minorías son responsables de todos los males, sumado al hecho de que muchas veces tienen menor voz para defenderse de acusaciones falsas y malintencionadas.

En el caso puntual de la izquierda tenemos una reedición del discurso del macartismo.

Pero podríamos preguntar: ¿Qué es la izquierda? Sin dudas las respuestas de los sectores de odio sean múltiples y simplificadas. La izquierda será todo aquello que odie y no me guste. Sin siquiera entrar en la discusión de que en los ambientes izquierdistas los discursos y miradas son múltiples.

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Por ejemplo, escuchamos hablar del “marxismo cultural” y de que la derecha debe dar una lucha contra el “engendro” impuesto desde las grandes élites. ¿Pero de dónde viene el concepto? Su primogénito sería el concepto de “Bolchevismo cultural” (recordemos que los Bolcheviques eran los comunistas rusos de la revolución de 1917) que fue enarbolado alrededor de 1920 por los sectores Nazis que querían llegar al poder. Los bolcheviques se habían infiltrado en las artes, música y toda expresión artística. Esto llevo a que cuando el nazismo tome el poder comience una férrea persecución a todo lo que no le gustaba bajo el mote de “bolchevique”.

Su correlato más novedoso es el “marxismo cultural” idea que tomó auge en los Estados Unidos a principios de la década de los 90’ en círculos conservadores y neofascistas. Por supuesto, estamos frente a una teoría de la conspiración impulsada desde la extrema derecha norteamericana y hoy tomada por parte de la derecha argentina.

Michael Minnicino fue uno de los primeros en construir la idea de "marxismo cultural".

Lo cierto es que la construcción teórica del marxismo cultural es una negación al marxismo. Marx tenía como eje central de su discurso la lucha de clases y el papel de la clase obrera. Los defensores del marxismo cultural plantean que la “nueva izquierda” cambió al sujeto revolucionario por las diversidades sexuales, dejando al obrero de lado. Desde un punto estrictamente marxista abandonar la lucha de clases implica negar la doctrina elaborada por Marx y Engels. Sería como decir cristianismo sin Jesús.

Desde lo concreto podemos observar que la izquierda no es un campo que presente una homogeneidad en los discursos de género: Evo Morales es católico y no le da mucha cabida a la cuestión de género. Rafael Correa se declara como católico y es contrario al aborto. Lo mismo pasaba con Hugo Chávez en Venezuela. El caso más difícil de analizar es el de Lula y Dilma con sus negativas sobre leyes de educación sexual y aborto, ya que se encontraban con una fuerte presión de grupos evangelistas.

Para renovar la idea tenemos a Pedro Castillo, actual presidente de Perú, que se declara en contra de la “ideología de género”, aborto legal y educación sexual.

Claro, por supuesto, en ninguno de los casos mencionados tuvieron un discurso cargado de odio de por medio o sugerencias de terapias dudosas. Además, respetaron el espacio del Estado laico.

Lo que hace la nueva derecha es construir un hombre de paja: la izquierda es así y lo es en todos lados. Si no lo dicen, mienten. Algo anticientífico e indemostrable.

Movilización contra el Gobierno en Argentina. Foto: La Izquierda Diario.

Movimiento Alt Right, Trump, Bolsonaro, Vox y sus seguidores argentinos

El movimiento Alt Right (derecha alternativa) constituye un movimiento surgido en Estados Unidos en diversos foros de Internet. Su forma de pensar presenta una heterogeneidad ideológica yendo desde antifeminismo, anticomunismo, antinmigración, homofobia, xenofobia, anticomunismo, antisemitismo, neonazismo y islamofobia. Lo que los une es una cosa: el discurso de odio hacia las minorías.

El movimiento tomo dimensiones importantes en Estados Unidos con la victoria de Donald Trump, el asalto al Capitolio y diversos atentados a minorías. Sus referentes son diversos y manifiestan sus discursos de odio por redes sociales, llegando en algunos casos a la televisión o brindando conferencias en espacios públicos.

El fenómeno no solamente se circunscribe a Estados Unidos, sino que tiene su correlato en España con el partido ultra derechista VOX y en Brasil con el apoyo a las medidas más radicales de Jair Bolsonaro.

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Y por supuesto, en tiempos de pandemia se sumaron al discurso antivacunas y cuanto verso ande dando vueltas en pos de un concepto difuso de libertad individual.

En el caso de Argentina el modus operandi es exactamente el mismo: personajes que se popularizan en las redes sociales y luego se lanzan a la escena pública buscando conquistar instituciones o espacios de poder para imponer una progresiva quita de derechos a las minorías.

En nuestro país se presentan con ideas que simulan ser innovadoras, como el liberalismo, pero que en realidad esconden una economía libre para los grandes capitalistas y un conservadurismo extremo para las minorías. El odio a las instituciones aparece cuando los capitalistas se encuentran organizados en organismos supranacionales, que hasta pueden poner en jaque a las instituciones estatales de América Latina. Por esta razón las fuentes de financiamiento de mucho de estos personajes vienen de ex agentes de la Escuela de las Américas o gente con contactos estrechos con banqueros y buitres poderosos.

Los que realmente mandan a estos personajes que vienen “revolucionar” la política son los que ayer desaparecían a cientos de personas. Quizás podamos hablar de un Plan Cóndor 2.0. El Plan Cóndor en el siglo XX implantó dictaduras en el cono sur, hoy parece que decidieron migrar a quebrantar voluntades vía redes sociales y personajes mediáticos.

¿Pero de dónde salen los fondos? Estos personajes son apoyados, y muchas veces hasta guionados, por diversos think tanks (centros de pensamiento) de tendencia derechista. Un ejemplo en Argentina es la Fundación Libertad y Progreso donde encontramos personas como Manuel Solanet, quien figura como Director de Políticas Públicas en Libertad y Progreso.

¿Pero quién es Solanet? Fue el secretario de Hacienda bajo el régimen del dictador argentino Leopoldo Fortunato Galtieri. Otro de los miembros de la misma fundación “liberal” fue José María Dagnino Pastore que fue ministro de economía de Onganía y Bignone.

¿Cómo saber estos simples datos? Basta con entrar a la web del think thank mencionado, leer los nombres de quienes lo conforman y hacer una simple búsqueda en Google.

https://web.archive.org/web/20170207112946/http://www.ned.org/region/latin-america-and-

https://web.archive.org/web/20170207112946/http://www.ned.org/region/latin-america-and-caribbean/latin-america-and-caribbean-regional-2015/

Ni hablar que el liberalismo en nuestro país tiene una historia electoral importante con la UceDé, por eso nada nuevo en la propuesta ideológica.

Finalmente conviene decir que el amor por la Escuela Austriaca (escuela de pensamiento económico heterodoxa de metodología individualista), que presentan como la verdad revelada, es en realidad un discurso contrario a la ciencia y los hechos. El filósofo argentino, Mario Bunge, planteaba que la Teoría del valor subjetiva austriaca carece de posibilidad de ser medida en forma objetiva. Mientras Paul Mattick expuso que el razonamiento del valor subjetivo radica en un razonamiento circular.

Ergo: nada nuevo y novedoso para el país, la ciencia o las clases populares.

¿Qué hacer?

El principal trabajo del campo popular debe ser reforzar las conquistas de derechos, buscando siempre la eficacia práctica por sobre los discursos reivindicatorios. ¡Ojo! No digo que los discursos sean dejados de lado, sino que, por el contrario, sean acompañados por hechos concretos.

Comprender la vieja frase de Lenin: “paz y pan”. Con la paz social y el estómago lleno podemos comenzar a soñar el mundo que queremos. Por supuesto, la formación constante en materia económica, social y cultural; pero siempre acompañada de la puesta en práctica de la ideología.

Son tiempos difíciles, pero serán cada vez más difíciles si premia la desorganización por sobre la organización.

Quizás mis palabras, sean muy escuetas y simplistas en relación al qué hacer, por eso mi invitación es que usted interpele cada punto en su realidad cotidiana apuntando al buen vivir.

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