El ‘enano fascista’ que vive en Argentina

“Son todos iguales. Le sacan la plata al laburante. Con mis impuestos mantienen vagos. Los derechos humanos son un curro. Vacunan a sus amigos” discursos que se repiten en redes sociales, en conversaciones públicas, en marchas de origen dudoso. Y de esto queremos hablar.

Ilustración Stefanía González

Por Agustina Bortolon y Emi Urouro

Primero fueron en contra de las medidas de aislamiento, después contra la velocidad en que salió la vacuna, después criticaron la lentitud con que se recibían las dosis, en el medio siempre estuvo la crisis económica, y todo se profundizó cuando hubo vacunados privilegiados (conocidos del ex ministro de Salud, Ginés González García).

Como era de esperarse, se formó la tormenta perfecta. Resurgieron discursos que se encuentran al límite de la democracia.

¿Qué implica el concepto de “enano fascista”?la potencialidad de ser hablados y actuados por el odio, de habilitar formas de violencia específicas que logran redirigir nuestras frustraciones hacia determinadas fracciones sociales que son construidas como ‘responsables’ de lo que nos pasa”.

Esa noción es la presentada por el Doctor en Ciencias Sociales, Daniel Feierstein, en su libro “La construcción del enano fascista”, y nos pareció clave para tratar el tema.

Pensemos, por ejemplo, en la última marcha convocada por sectores sociales que están en contra del Gobierno actual, y a la que acudieron algunas figuras públicas.

Nos referimos a las protestas por el escándalo de la vacunación VIP, recientemente se llevaron adelante frente a Casa Rosada; que incluyeron una lamentable expresión de la derecha fascista impulsada por una agrupación interna del PRO -Jóvenes Republicanos-, que preside Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad. 

Patricia Bullirch en la movilización del 27F. Imagen: Kala Moreno Parra

Exhibieron bolsas simulando cadáveres con la leyenda “estaba esperando la vacuna pero se la aplicó…” junto a nombres de distintos funcionarios y personas afines al gobierno, entre ellas, Estela de Carlotto. 

Esta manifestación totalmente violenta nos evoca al período más oscuro de nuestro país, la dictadura militar de 1976 y fue activamente repudiada tanto por los organismos de DDHH como por gran parte de la sociedad en general.

Como explica el Investigador CONICET, estas frustraciones sociales, descargan sobre grupos vulnerados, el “odio que proviene por lo general de las consecuencias que produce en nuestras vidas un sistema opresor, cuyos verdaderos responsables (el poder económico concentrado, grupos transnacionales, el sistema bancario y sus ‘fondos de inversión’, el extractivismo minero, petrolero o sojero) resultan cada vez más invisibles

Sobre este punto, podemos pensar las críticas que recibió el impuesto a las riquezas, por grupos que no pertenecen al sector que efectivamente debería pagar el monto, sino que forman parte de la clase trabajadora donde la idea de “más impuestos para mantener vagos” persiste y se profundiza.

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En la misma línea se encuentran quienes rechazan la inscripción de contratos de alquiler en el Afip, por parte de los dueños y dueñas. Cada vez que el Estado avanza en materia de recaudación, sectores opositores se ponen a la defensiva. 

Ahora bien, ¿qué lugar tienen estos movimientos de ultraderecha en la Argentina de hoy?

Parece ser que aún después del retorno de la democracia en el 83,  los discursos y modos fascistas no se extinguieron y cada vez tienen más agencia en la política argentina.

Es interesante prestar atención a cómo se ponen en marcha actualmente en nuestro país sus lógicas y prácticas, que vienen de la mano de una violencia explícita y que alientan reacciones sociales que dirigen el odio  hacia determinados grupos, ya no solo alimentándose electoralmente de los círculos políticos de élite, sino logrando adherir en gran medida a muchos sectores populares. 

Marcha 27F. Vacunación de privilegiados. Fuente: airedesantafe.com.a

Siguiendo a Feierstein, durante la última década, “estas nuevas derechas buscan incentivar nuestros odios, transformar a nuestras frustraciones ya no en parálisis sino en agresión frente al familiar, el par, el vecino

Para el investigador, ahora proponen “desatar la violencia contenida contra el inmigrante, el desocupado, el piquetero, el negro, el vendedor ambulante, el ratero, el manifestante urbano, la abortera, el árabe, el gitano o el judío. Insultarlos, molerlos a palos, atacarlos en banda, lincharlos, atropellarlos, acuchillarlos. Exactamente de eso se trata el fascismo en tanto práctica social” 

El autor es claro, las derechas actuales quieren llevarnos a una violencia social colectivizada, como parte de una estrategia de opresión.

Para algunos sectores colocar bolsas mortuorias frente a Casa Rosada es un acto de libertad expresión, pero en la práctica, es un mensaje que atenta contra la ciudadanía porque fomentan violencia e intolerancia.

La práctica democrática no se resume solamente a depositar votos en las urnas sino que implica un complejo entretejido de derechos, deberes, posiciones sociales de los sujetos  y responsabilidades.

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En medio de múltiples crisis que vienen sucediendo en todo el mundo y particularmente en América Latina, distintos sujetos pertenecientes a la ultraderecha fascista -sirviéndose de las preocupaciones que se respiran en la sociedad-  se posicionan en contra de las problemáticas actuales (como la corrupción o la precariedad laboral), pero enarbolando discursos oportunistas, sumamente peligrosos y prejuiciosos de los cuáles hay que guardar una cierta vigilancia; porque penetran en el sentido común apelando fundamentalmente a las emociones de las personas (como la ansiedad o el miedo). 

En relación al punto anterior, podemos mencionar el comentario de Patricia Bullrich, quitando peso a la violencia: “Lo de las bolsas me pareció mucho pero primero que el Presidente eche a todos los funcionarios que provocaron el vacunatorio vip. Si el Presidente no tuvo indignación por el vacunatorio pero sí por esto, por algo que a mí no me gustó, bueno. Eso es alterar el orden de los factores y sí cambia el resultado”

Vale resaltar que el Jefe de Estado pidió la renuncia de Ginés González García inmediatamente, a pesar del costo político que tiene cambiar a una figura ministerial en plena emergencia sanitaria.

Discursos que persiguen soluciones rápidas a esas problemáticas, y que están muy lejos de ir al hueso de la cuestión, pero que son fáciles de asumir. Entonces, esos discursos que pueden denominarse “de odio” crean un clima general de intolerancia, lo que promueve de cierta forma que no sea necesario que el fascismo tome el poder, sino que basta con que sus ideas puedan permear el imaginario colectivo.

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