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"Yo nena, yo princesa": hay que mirar a la niñez con otra perspectiva

El libro y la película de igual nombre nos ofrecen una nueva instancia para interpelarnos sobre las infancias travesti trans. La perspectiva pide un cambio rotundo, y estos productos culturales van por ello. "Yo nena, yo princesa", es la primera película sobre infancias trans de producción argentina que ya está disponible en el cine. Muchos […]

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El libro y la película de igual nombre nos ofrecen una nueva instancia para interpelarnos sobre las infancias travesti trans. La perspectiva pide un cambio rotundo, y estos productos culturales van por ello.

Gabriela Mansilla y Luana, protagonistas de esta historia
Foto: La Opinión Austral

"Yo nena, yo princesa", es la primera película sobre infancias trans de producción argentina que ya está disponible en el cine. Muchos y muchas definen a esta producción como "protagonizada por Eleonora Wexler y Juan Palomino". Pero la protagonista tácita y explícita, tanto en ficción como en realidad, es Luana. Ella es una niña trans, quien a sus dos años de edad dijo la frase que dio nombre a la película recientemente estrenada y sobre todo a su autopercepción de género, mientras jugaba en el armario de su mamá, Gabriela Mansilla.

Luana fue la primera niña trans en obtener su DNI en el país, un documento que refleja fielmente su autopercepción de género. Sobre su historia, su madre Gabriela decidió escribir un libro, el cual podemos dejar que nos interpele tanto en su formato papel como en la pantalla grande. En diálogo con este medio, Mansilla, presidenta de la Asociación Civil Infancias Libres, nos habló de lo necesaria que es esta película, tanto para reivindicar el lugar de las infancias travesti trans, como para continuar con el debate sobre la identidad de género.

Sobre el camino recorrido por Luana, más vale repetir la invitación a leer el libro o ver la película, y así evitar spoilers y dar lugar a que cada persona vea, sienta y reflexione a su modo. Y hablando de lo que el film pueda producir en cada espectador o espectadora, Gabriela confiesa que no sabe, pero que si puede hablar de su deseo: "Quisiera que además de informarse -porque la película tiene mucha información sobre la niñez travesti/trans- es que puedan no solo conmoverse sino también emocionarse"

Escucha, abrazo y lugar, tres cosas que a criterio de Gabriela son fundamentales para la niñez. "Lo que yo espero es que las personas que vean esta película puedan tomar conciencia de cuál es el camino de abrazo y de amor para con la niñez travesti trans. También la escucha que las niñeces necesitan de esta sociedad adulto céntrica, que no le da lugar a la voz de la niñez y cree saber que es lo que necesita realmente", apunta la autora del libro "Yo nena, yo princesa".

El papel de la adultez en esta historia

Sobre la adultez, pieza clave en el acompañamiento infantil, a la entrevistada le gustaría "que la gente pueda empezar a entender qué es lo que necesita la niñez, cuál es nuestra obligación al respecto". Es sabido la comunidad travesti trans no ha sido protagonista de cuidado, respeto e igualdad de oportunidades. Pero son estas producciones las que velan porque esto cambie o comience a cambiar.

Esto es algo que podemos ver al inicio de la película, cuando Luana y su familia son víctimas de una sociedad que reproduce estereotipos y roles que excluyen diversidades y perspectiva de género. La escuela, la familia y la Justicia son algunos de los espacios en donde la niña y sus familiares luchan constantemente a lo largo de la producción.

"Que las niñeces, no solo las travesti trans sino todas, puedan ser más libres. Porque los estereotipos y roles de género lo único que hacen es coartar la libertad de expresión y el sentir de cada persona. Quien se sale de esas normas o estereotipos recibe castigo y adoctrinamiento"

Gabriela Mansilla, mamá de Luana y presidenta de la Asociación Civil Infancias Libres.

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Escena de la película "Yo nena, yo princesa"
Foto: La Izquierda Diario

Ninguna de las familias ha sorteado esta transición fácilmente

Gabriela Mansilla acompaña a infancias, adolescencias y familias en su transición desde la Asociación Civil Infancias Libres. Este proceso lo lleva adelante desde 2017, entendiendo que forma parte de una lucha colectiva: "militar y visibilizar esta causa tiene que ver con nuestres hijes, no es solamente acompañar o beneficiarse de la lucha que ya está en camino, sino también continuarla por las generaciones que vienen", apunta en dialogo con este medio.

De las familias que conoce y ha acompañado -más de 500- se da cuenta que hay de librar una batalla cultural de gran magnitud para que las infancias sean reconocidas y respetadas, no solo para el trámite del DNI o el respeto en las escuelas, sino en todos los espacios y especialmente en el primero que es el hogar. "Cuesta mucho que esa niñez sea abrazada en el primer momento de manifestación de su identidad. Y esto tiene que ver con una imposición previa. Por eso tiene que haber una transición dentro de la transición de género propiamente", explica la entrevistada.

Entonces, en palabras de la mamá de Luana, "esta niñez todavía pasa primero por ese lugar de discriminación, violencia y abuso que es su propia familia. Una vez que este seno familiar encuentra el camino y la información, comienza a ser objeto de esta violencia cuando decide que la transición cruce las puertas de su casa. Allí se encuentra con una sociedad que no está preparada todavía, con una escuela que solamente habla de nenas con vulva y nenes con pene, que divide filas y baños, que asigna colores a niñas y niños".

Estamos frente a un sistema educativo en donde no existe la diversidad corporal y de identidades en la educación, porque sigue siendo binaria y biologicista. "Y esa educación binaria y biologicista es la que aún forma a profesionales que creen que la niñez no sabe quien es o que necesita o tiene que hacer". En este sentido, resurge la típica frase "cuándo sea grande recién va a poder decidir".

Y es dentro de toda esa desinformación que la voz de la niñez no es escuchada, y cuando la familia intenta que lo sea, recibe violencias de toda índole. Las familias se enfrentan así a un cumplir un rol en donde deben exigir el cumplimiento de la ley de identidad de género y hasta golpear las puertas de un sistema de justicia que aun no respeta el deseo de la niñez cuando existe algun progenitor que no quiera respetar la identidad las infancias.

Entonces, el enfretamiento es doble, porque la familia se enfrenta primero a sí misma y luego a una cultura que rechaza, expulsa y discrimina. "Una vez que se atraviesa todo eso, te das cuenta que no termina ahí. ¿Por qué? porque la niñez travesti trans pertenece a un colectivo cuya expectativa de vida no supera los 35 años, y por mas que la familia abrace a esta niñez, por más que tenga su DNI, esta comunidad aún es maltratada y discriminada por la sociedad", lamenta Mansilla.

"La familia tiene que desobedecer para poder acompañar la desobediencia de sus hijes, y eso tiene un costo. Ninguna de las familias que yo he acompañado pudieron sortear esto de manera inmediata, urgente e ilesas, tiene un costo. En eso estamos, en una lucha que recién empieza, en una lucha por instalar el tema, por el respeto, por el conocimiento: no es fácil para ninguna familia".

Gabriela Mansilla, mamá de Luana y presidenta de la Asociación Civil Infancias Libres.
Gabriela junto a su hija Luana y su hijo Federico

Una película sobre infancias trans, protagonizada por infancias trans

Si bien "Yo nena, yo princesa" no es la primer película sobre la infancia trans en el mundo, lo es en Argentina. Paralelamente, por los años 70' existió la primera producción a nivel mundial, que se llamó "Mi vida en rosa". Después vino "Tomboy". Pero esta no solo es la primera película sobre infancias trans en Argentina, sino que al ser interpretada por una niña trans, esto sienta un precedente en la cinematografía mundial. Isabella es la niña trans que interpreta a Luana en la película, poniéndole el cuerpo a sus propias vivencias en la pantalla grande.

También integra el elenco Azul, otra niña trans que interpreta a otra Luana, compañera del jardín de la protagonista, quien hizo que la hija de Gabriela elija ese nombre para su transición. Ante este avance, Gabriela nos indica: "No existen niñeces travesti trans actuando, protagonizando películas en donde puedan hablar para la niñez a través de su voz. Es clave que existan y es importante que se difunda, porque tienen que ocupar el lugar que históricamente se les negó. Esto es obligar a la sociedad a que piense en esa niñez, para apoyarlas y darles su espacio".

"Que esto empiece a suceder es un acto revolucionario. Que las niñeces travesti trans ocupen espacios en producciones culturales es un acto de justicia también, por todas las personas que no han tenido ese lugar anteriormente. Estamos en un momento bisagra en la sociedad. Con el acompañamiento de las leyes y organizaciones sociales en donde este punto era el que faltaba para entender desde dónde y desde cuándo se construye esta identidad. Esta película es conmovedora, es revolucionaria, y demuestra que la infancia también es travesti y trans".

Gabriela Mansilla, mamá de Luana y presidenta de la Asociación Civil Infancias Libres.

Carmela Laucirica

Periodista interesada por las problemáticas sociales y ambientales. También soy Community Manager. Lectora y escritora en mis ratos libres.
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