La peligrosa falta de control sobre los centros de estética se ve en Córdoba

En diálogo con Laura Pesa -docente en la carrera de cosmetología en Quality ISAD- profundizamos sobre la situación de los centros de estética en Córdoba. La falta de control en estos lugares pone en riesgo a los pacientes.

La falta de control sobre tratamientos estéticos y los centros que brindan estos servicios es una constante en Córdoba. Si bien el tema se posicionó en agenda por lo sucedido en Nueva Córdoba, en el centro de estética Brushing Chic, El Resaltador dialogó con Laura Pesa -docente en la carrera de cosmetología en Quality ISAD- quien nos explicó que esta problemática lleva años de impunidad.

Tomando como referencia la Ley Provincial 6.222, reglamentada en 2010, llegan a los medios y a la opinión pública un gran número de casos en los que esta normativa no se aplica ni se controla. Según Laura Pesa, “el propio Estado y el ministerio de Salud son quienes deben reconocer a las cosmetólogas y cosmiatras como agentes de salud. Ellos son los primeros que tendrían que tener una especie de comisión que controle el cumplimiento del decreto reglamentario en esta materia”. Respecto a esta normativa provincial, la docente afirma que “el decreto es clarísimo sobre qué podes hacer y qué no”.

Hace unos años, en Córdoba existió una intención de conformar una suerte de colegiatura relacionada a la cosmetología y cosmiatría, que se presentó como proyecto en la Legislatura pero no prosperó. Se trató de la asociación de cosmetólogas y esteticistas de la Provincia de Córdoba, pero no al no poder aportar la solidez ni la dignificación que las profesionales merecen, se diluyó su accionar. El proyecto para conformar esta colegiatura se presentó por última vez en 2019.

¿Qué riesgos implica este mal uso de la profesión y su posterior falta de control?

Para Laura Pesa, estas prácticas implican desprovistas de control y profesionalismo traen consigo “todos los riesgos”. Según explica, “hay gente que trabaja con equipos corporales y faciales sin consultar patologías previas, medicaciones que estén tomando los pacientes, o bien sus antecedentes”. Un ejemplo de esto es el tratamiento de criolipolisis, que reduce adiposidad corporal. Muchas veces, se trabaja este tratamiento sobre personas con sobrepeso u obesidad, y sin los cuidados necesarios se pueden producir trastornos metabólicos graves.

Que no haya controles también implica que los llamados “laboratorios de garage” sigan produciendo cremas y otros productos sin pasar por un laboratorio autorizado que controle dicha producción. Trabajar aparatología sin conocer puede llegar a matar o lastimar gravemente a una persona. “Es un agujero muy gris el de la aparatología”, lamenta la docente, porque hay empresas que te venden o alquilan equipos sin importar tu capacitación previa, y no hay legislación que regule esto último.

¿Qué riesgos corre una persona que es inyectada con agujas usadas o se le pegan pestañas con “La Gotita” por ejemplo?

En referencia a lo que sucedió durante años en la estética cordobesa Brushing Chic, nos preguntamos por el riesgo que corren aquellas personas que recibieron inyecciones con agujas usadas o les pegaron pestañas con “La Gotita”. En líneas generales, hablamos de riesgo de enfermedades de transmisión sexual y de transmisión de microbios de todo tipo. Según indicó la docente Pesa a este medio, “con la gotita podes dejar ciega a una persona o quemar la zona”. A la vez, añadió que “en los cursos te enseñan a pegar pestañas. No sobre los tipos de glándulas que existen en la piel del parpado, de los músculos que hay en la zona y ni sobre el grosor de la piel cercana a los ojos”.

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¿Dónde se puede estudiar cosmetología y cosmiatría en Córdoba legalmente?

Por el momento, los lugares oficiales para estudiar cosmetología y cosmiatría son la Universidad Católica de Córdoba, que ofrece el título universitario en Cosmetología y Cosmiatría. Mediante esta formación, solamente se pueden abordar tratamientos faciales de piel sana y enferma, según indica la ley provincial antes mencionada. Por otra parte, en Quality ISAD se cuenta con el título de Tecnicatura Superior en Estética, Cosmetología y Cosmiatría. Cabe diferencias ambas carreras, dado que al mencionar la palabra “estética” se abarcan también los tratamientos corporales.

En este sentido, Laura también presentó un proyecto para que se pueda estudiar cosmetología y cosmiatría en la Universidad Provincial. Esta iniciativa parte de que, al poder hacer la tecnicatura en el ámbito público, más personas podrán acceder a la misma. En los demás institutos, las cuotas son de entre 8 y 9 mil pesos mensuales, montos que no son siempre son accesibles. En consecuencia, al haber solo posibilidades oficiales de costos altos, la gente que no puede pagarlas “se tiene que ir a lo trucho”.

Para Laura, esto no es justo. Porque “el que se queda sin plata se queda sin estudiar y sale a hacer desastres”. Desafortunadamente, la docente intentó comunicarse con la secretaria de extensión para presentar este proyecto. También se acercó al IPEF, por ser el área de la Universidad Provincial más indicada para introducir la carrera. Tras presentar su proyecto, las autoridades de ese lugar le dijeron que no estaban interesados. En otra oportunidad, a través de extensión universitaria de la Universidad Provincial, Laura presentó ciertos talleres para profesores de Educación Física que tenían que ver con la cosmiatría. También los rechazaron.

“Levantas una piedra y salen 5 cursos truchos de cosmetología y cosmiatría”

Con toda esta aparición de cursos más económicos, que son bastante irregulares y su formación es “menos que mediocre”, es cuando la gente empieza a restarle valor y prestigio a la profesión que protagoniza esta nota. Cosmetólogos y cosmiatras trabajan sobre el órgano más grande del cuerpo: la piel, la cual responde ante absolutamente todo. Si atravesas una alteración hormonal, tu piel lo va a manifestar. Lo mismo pasa ante situaciones de estrés, cuestiones emocionales y demás. “La piel comunica todo, y no lo aprendes en un curso de seis meses”, repudia Laura Pesa.

Respecto al cuidado de la piel, la docente explica que “lo aprendes a base de apuntes de anatomía, fisiología, comprender los mecanismos y las sustancias que manipulas”. En este sentido, destaca y advierte que “es mucho el conocimiento que tenemos que tener antes de atrevernos a manipular una piel”. Fundamentalmente, en estos cursos cortos se adquiere una noción de cómo hacerlo pero no por qué hacerlo. Y esto es lo que genera “mala prensa” sobre la profesión en sí.

Sobre la depilación definitiva, un tratamiento que está en auge hace varios años, es importante mencionar que los únicos habilitados por ley para realizar está práctica son los médicos, los kinesiólogos, los odontólogos y los enfermeros. Nadie más puede hacerlo, pero es un negocio rentable que muchos y muchas aprovechan. Así, se alquila la máquina sin tener en cuenta quién lo manipula, porque se prioriza ganar dinero y llenar una agenda de turnos. No hay nadie que lo controle. Ni siquiera las empresas que alquilan las maquinas hacen los controles correspondientes sobre los aparatos para garantizar su buen funcionamiento.

Ante las constantes situaciones de mala praxis en torno a lo estético, Laura cree que combatir la mala prensa es posible si se difunden los mensajes correctos en los lugares de aprendizaje. Ejemplos de esto serían que “en la primera clase del cursillo hablemos de la importancia de trabajar con la seguridad de que van a aprender realmente todo lo que necesitan antes de tocar la piel. Y que es importante tener una matricula y estar reconocidos por el ministerio de salud”, añade la docente.

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