Entre las promesas electorales de un gobierno tutelado, el avance de la «Nueva Doctrina Monroe» de Trump y el desgarrador testimonio de la resistencia ciudadana, Haití enfrenta un año decisivo. Dialogamos con Jean Henold Buteau, dirigente del partido Alternativa Socialista, quien nos ayuda a analizar la cruda realidad haitiana.

Hace 222 años, el 1 de enero de 1804, un ejército de hombres y mujeres esclavizados derrotó a las potencias de Francia, Inglaterra y España para fundar la primera república negra del mundo: Haití.
Sin embargo, como señala el periodista Nicolás Parodi, esa audacia jamás fue perdonada: «La Revolución Haitiana fue la respuesta inevitable a un sistema basado en la esclavitud, pero el sistema internacional nunca perdonó que conquistaran su soberanía por cuenta propia».
Hoy, ese castigo histórico no ha cesado; solo ha mutado en sus formas. En lugar de la indemnización colonial que asfixió al país en el siglo XIX, el presente se define por el tutelaje del Core Group, una inseguridad planificada y la amenaza de la administración de Donald Trump, que ha vuelto a colocar al Caribe bajo la mira de su despliegue militar.
Dialogamos con Jean Henold Buteau, dirigente del partido Alternativa Socialista, quien nos ayuda a analizar la cruda realidad haitiana.

¿Un genocidio invisible para el mundo?
El año 2026 comienza en Haití con una brecha insalvable entre el discurso oficial y la realidad material. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé asegura que la Policía Nacional está recuperando territorios estratégicos y que «el miedo ha cambiado de bando», pero las organizaciones opositoras contradicen la narrativa oficial.
Jean Henold Buteau, dirigente del partido Alternativa Socialista, es contundente al describir la situación social:
«El panorama es catastrófico. Contamos 5.000 muertos solo en el año 2025 y más de 1.500.000 desplazados. Tenemos la segunda tasa de muertes violentas de toda América Latina».
Para Buteau, esta violencia es una herramienta de fragmentación social que ha forzado a la población a un repliegue defensivo, destructor del tejido comunitario. «La violencia ha despertado el instinto de conservación en todos. Ha generado más exclusión y aún más vulnerabilidad para los ya más vulnerables», advierte.

El Consejo de Transición: ¿Fin o renovación?
El próximo 7 de febrero marca una fecha crítica en el calendario institucional: el fin del mandato del Consejo Presidencial de Transición (CPT).
Este organismo, creado bajo la supervisión de la «comunidad internacional» tras la caída de Ariel Henry, llega a su fecha de caducidad con más dudas que certezas. Según el corresponsal brasilero Cha Dafol, del diario Brasil de Fato, el CPT ha guardado un silencio cómplice ante eventos regionales como el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, reflejando su total dependencia de Washington. «Saben muy bien que fueron puestos allí por Estados Unidos. No pueden decir nada», afirma Defol.
Jean Henold Buteau profundiza en esta crisis de confianza, señalando que el CPT «nació muerto para el pueblo haitiano»
«El Consejo tiene un defecto congénito que es su propia configuración», explica el referente de Alternativa Socialista.
Según Buteau, el organismo no solo padece conflictos internos vinculados a intereses mezquinos, sino que ha sido devorado por la corrupción y la presión hegemónica.

«La presión externa terminó dándole el tiro de gracia. No inspira confianza por legítimas razones», sentencia, dejando claro que para la oposición socialista, el CPT no es más que una oficina administrativa del tutelaje extranjero.
El llamado a elecciones para este año, algo todavía no confirmado oficialmente pero sí prometido hasta el cansancio, resulta ser una ofensa para un pueblo al que se le quitó hasta el derecho a voto. Hace una década que las y los haitianos no eligen autoridades. Si la propia ciudadanía está vetada de decidir: ¿quién está decidiendo por ellos?

La sombra de Trump y el laboratorio de control caribeño
La llegada de 2026 ha coincidido con un endurecimiento de la política estadounidense hacia el Caribe y toda América Latina. Con la administración Trump intensificando el despliegue militar en la región y utilizando a Haití como pieza de su tablero geopolítico, la soberanía nacional parece una quimera, en un país que no cuenta siquiera con ejército propio. El fin de la protección del TPS para más de 350.000 haitianos en EE.UU. anunciado para este febrero es solo una parte de la pinza que aprieta a la nación.
Buteau advierte que este contexto de «influencia occidental» es el principal obstáculo para cualquier salida democrática real. La militarización del Caribe, sumada a la inacción de la comunidad internacional frente a las violaciones de soberanía en países vecinos, ratifica la división internacional dominante que pesa sobre Haití: laboratorio donde se ensayan modelos de control.
Mientras tanto, la misión de seguridad liderada por Kenia -tema tratado anteriormente- sigue sin mostrar resultados estructurales, limitándose a custodiar puntos estratégicos mientras las bandas mantienen el control del 80% de la capital.

De Puerto Príncipe a Dominicana: El racismo que mata
La tragedia haitiana no se limita a los límites fronterizos, sino que los cruza, siendo la diáspora una de las grandes víctimas del sistema neocolonial que pesa sobre la nación.
El reciente caso de Stephora, la niña de 11 años que murió ahogada en una piscina en República Dominicana bajo la mirada indiferente de sus supervisores, ha indignado al país.
El periodista Jeremías Perez Rabasa analiza este hecho como la consecuencia de una deshumanización previa:
«Ver a Stephora sumergirse y que la respuesta sea la mirada antes que la acción es la consecuencia visible de esa desposesión de humanidad».
Para Jean Henold Buteau, la muerte de Stephora es un espejo doloroso de la crisis interna. «Es un hecho lamentable, el esfuerzo de su padre desde EE.UU. por darle una educación mejor no pudo protegerla de un entorno hostil.
«Esto demuestra que el ‘sálvese quien pueda’ es generalizado», añade, vinculando el destino de la niña con la fragmentación de un pueblo obligado al exilio y la precariedad.

La propuesta socialista: Una salida desde adentro
Frente al colapso, Alternativa Socialista intenta construir la política desde la base. Buteau confirma que su espacio ha formulado una propuesta de gobierno que rompe con la receta del Core Group. Esta propuesta busca «sortear la influencia occidental y reforzar un liderazgo haitiano».
El desafío para 2026 será garantizar que las elecciones no sean un simulacro organizado por quienes han castigado a Haití durante dos siglos. Como afirma Nicolás Parodi, presentar a Haití como un «Estado fallido» es la forma de justificar su control en el presente.
La verdadera reconstrucción, según Buteau, solo vendrá cuando se reconozca que el pueblo haitiano tiene el derecho y la capacidad de construir su propio destino, sin tutelajes ni «tiros de gracia» extranjeros.
Foto de portada: El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé. ONU.

