Mientras algunos politólogos debaten si Haití es un Estado fallido o una víctima de la tercerización del injerencismo occidental, un joven haitiano residente en Argentina entrevistado por El Resaltador, es tajante con su definición sobre la situación: “En Haití se está llevando a cabo un genocidio en este momento”.

Por Rodrigo Savoretti Andrada
Eddyson Damas, oriundo de la comuna Los Cayos (a 200km de la Capital Puerto Príncipe), estudiante que integra la diáspora haitiana en Argentina, denuncia una realidad que se agrava día a día.
La soberanía haitiana se ve constantemente violada por naciones extranjeras, principalmente por Estados Unidos, Francia, Canadá, Alemania y organismos como la OEA y la ONU, quienes promueven intervenciones tercerizadas, por ejemplo, a través del ejército keniano, actualmente liderando la supuesta guerra contras las pandillas en territorio haitiano.
Las propuestas de estas naciones extranjeras, quienes colonizaron Haití en los últimos siglos, se limitan a la entrada de tropas extranjeras o ejércitos privados como Blackwater, liderado por Erik Prince, una estrategia que, lejos de resolver la crisis, tiende a profundizarla.
En esta columna, Eddyson nos ofrece una perspectiva que va más allá de los titulares. Nos comenta sobre su experiencia como migrante en Córdoba, el rol del imperialismo en la realidad haitiana y las consecuencias de tener gobiernos que, como el de Milei en Argentina, podrían replicar lógicas de ocupación en pleno siglo XXI.
Sus palabras, cargadas de militancia y frustración, visibilizan el dolor de un pueblo que lucha dentro de sus fronteras y también desde el exilio.
Por otra parte, Eddyson, a través del Programa Estudios Latinoamericanos Críticos sobre Migración y Fronteras (CEA-FCS-UNC) y Club Haitiano Konbit en Córdoba, invitan a la presentación del libro “La Travesía de los olvidados. Voces de migrantes haitianos: Relatos de desarraigo y esperanza” (Editorial Dunken), que se realizará el viernes 22 de agosto a las 18:30 hs. en el Centro de Estudios Avanzados (Av. Vélez Sarsfield 153, Aula 1, presencial). Es la primera obra literaria de Mayonley Petit, escritor y migrante haitiano.

Territorio de ocupación
Puerto Príncipe, lejos de ser una capital, es un campo de guerra, donde pandilleros armados siembran el terror y las balas cobran la vida de civiles, mujeres, ancianos y niños. Alrededor de 1.617 personas murieron, 580 resultaron heridas y 161 fueron secuestradas entre enero y marzo del año en curso, según la Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH).
Según el primer -y nunca votado- ministro Alex Didier Fils-Aimé, las bandas tienen el control casi total de Puerto Príncipe, con un estimado del 90% de la urbe bajo su poder. Han expandido su dominio a rutas estratégicas y regiones fronterizas, estrangulando las cadenas de suministro y el acceso a servicios básicos, lo que profundiza la hambruna y las enfermedades entre la población.
Eddyson, quien se identifica como un militante de la causa haitiana, denuncia un gran silencio mediático y una obsecuente indiferencia global ante la tragedia de su Nación.
El joven de Haití no duda en calificar la situación actual como un genocidio, una realidad que, según él, está siendo deliberadamente ignorada en el plano internacional, tanto por los organismos supranacionales como por la denominada comunidad internacional.
«Se está desarrollando un genocidio en Haití en este preciso momento, pero nadie habla porque, bueno, es Haití. Al igual que eligen no hablar de la República Democrática del Congo o Sudán«, denuncia.

Elecciones, la promesa fantasma sin fin
Alex Didier Fils-Aimé, líder del gobierno de transición de Haití, viajó a Washington hace poco tiempo atrás con el objetivo de traer soluciones a la múltiple crisis, pero terminó con las manos vacías, dejando en evidencia la persistente dependencia de Haití de las decisiones externas. A pesar de sus ruegos por más apoyo para la Policía Nacional y el refuerzo de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MMAS), Fils-Aimé solo obtuvo promesas vagas que tienden a perpetuar una realidad vendida como insuperable.
Esta inestabilidad política se refleja en la paradoja electoral que vive el país. El principal objetivo del Consejo Presidencial de Transición es organizar elecciones, pero el propio Fils-Aimé ha afirmado que sin seguridad, no hay ni habrá elecciones. Esto crea un círculo vicioso que vuelve cada vez más lejana la posibilidad de los comicios, demandados por las organizaciones libres del pueblo, como sindicatos, organizaciones barriales, de DDHH, partidarias, etc.
A pesar de la falta de un calendario concreto, el gobierno ha avanzado en la publicación de un decreto para un referéndum constitucional. La nueva Carta Magna propondría cambios significativos como la reducción de la edad para cargos públicos, la elección de gobernadores departamentales y la consolidación de poderes en el presidente. No obstante, con la fecha límite del 7 de febrero de 2026 para la juramentación de un nuevo presidente electo, el objetivo parece cada vez más inalcanzable.

La violencia y la hipocresía occidental
Erick Prince, líder del ejército privado Blackwater ha desembarcado en Haití bajo la sombra de un posible plan de la administración de Donald Trump. Una empresa privada de EE.UU., ¿garantizará la paz o buscará lucrar con la desgracia?
Se cree que Prince podría estar evaluando el terreno para una intervención junto a sus cientos de mercenarios denunciados por violaciones a los DDHH, lo que podría desestabilizar aún más una situación que pende de un hilo. Donde hay guerra y armas, Blackwater dice presente. ¿La tercerización de una ocupación aggiornada al siglo XXI?
Eddyson rememora que desde 1991 hasta la actualidad, Haití ha experimentado más de doce intervenciones. El joven señala que la reciente intervención de Prince, a pesar de ser presentada como un acuerdo con el gobierno haitiano, es en realidad un “acuerdo impuesto por Estados Unidos con el gobierno actual para seguir cumpliendo su rol de lacayo”,
Dentro de esas intervenciones históricas, se destaca la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití), que operó durante trece años, desde 2004 hasta 2017.

Damas describe que la MINUSTAH “intervino en elecciones, es decir, intervenciones para cambiar, para generar fraudes electorales”. Además, la misión dejó un legado negativo que incluyó “una epidemia de cólera, dejó un montón de niños sin padres, dejó crímenes de lesa humanidad y no hubo respuesta”.
Según el entrevistado, estas intervenciones, incluida la de MINUSTAH, fueron diseñadas para “cumplir la misión del imperio”, y lo que Prince propone actualmente no es más que una repetición de estas acciones históricas en el país.
En este sentido, es importante recordar que Haití no es la única nación latinoamericana donde Prince promete seguridad. Hace unos meses atrás llegó a Ecuador, tema tratado en este artículo.
Una de las principales causas de las muertes y la violencia son las armas que desde Estados Unidos se envían a Haití. La maquinaria de la muerte, disponible en la nación caribeña, proviene -en su gran mayoría- del mismo país que supuestamente busca garantizar la paz, siendo comprobado por el mismo Consejo de Seguridad de la ONU y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).

Un pueblo en pelea permanente
El joven coincide con la mirada de otro ciudadano haitiano (integrante de la diáspora) que ha dialogado con El Resaltador en anteriores oportunidades. Henry Boisrolin, coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina, Brasil y Uruguay y profesor del Instituto de Cultura Aborigen de Córdoba, nos dijo años atrás, en otras palabras, lo que ahora Eddyson nos reafirma:
“Somos la primera república en decir no a la esclavitud, no a la segregación racial, no a la explotación del hombre por el hombre. No nos perdonan ese pasado rebelde”, advierte Eddyson.
El estudiante sostiene que la solidaridad para con la causa haitiana es una cuestión fundamental para el acompañamiento y la empatía necesaria para con un pueblo que sufre la peor cara del imperialismo anglosajón.
Para salir de esta crisis, la solución, comenta el joven, es “cortar el puente de estas armas y liberar al pueblo, para que elijamos a nuestros propios dirigentes y podamos pensar por sí mismo. No queremos gobiernos impuestos. Un ejemplo de esto es lo que ocurrió en 2011 con el presidente Martelly, cuando Hillary Clinton aterrizó de urgencia en el aeropuerto de Haití la noche de las elecciones, y al día siguiente, los resultados cambiaron. No podemos ser tan ingenuos como para creer que no hubo una intervención por parte de ellos. No habrá libertad si siguen las intervenciones y el envío de armas”.
Migrar, un derecho cada vez más costoso
La violencia descontrolada en Haití ha provocado una de las crisis de desplazamiento más graves de la región. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reporta que 1.3 millones de personas se han visto forzadas a huir de sus hogares dentro del país, una cifra récord que representa un aumento del 24% desde diciembre de 2024. La vida de estos desplazados internos es insostenible, con un acceso mínimo a refugio, agua, y otros servicios básicos.
Más allá de las fronteras, la diáspora haitiana vive en un limbo constante. En Estados Unidos, miles de haitianos enfrentan la incertidumbre y el miedo ante la posible eliminación de la protección migratoria (TPS), una decisión que movimientos de derechos humanos han repudiado con vehemencia, debido a que significaría la deportación masiva y un ataque directo a los migrantes haitianos en EE.UU.
Estados Unidos, quien durante décadas ha afirmado que busca una solución para Haití, es el mismo país que ahora amenaza con enviar forzadamente, violando los convenios internacionales, a medio millón de haitianos a su patria.
Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) argumentan que no se puede obligar a regresar a más de medio millón de personas a un país donde el Estado es incapaz de garantizar su seguridad.
Esta crisis no solo genera desplazamientos internos, sino que también ha exacerbado un éxodo desesperado. Miles de haitianos emprenden travesías peligrosas en busca de refugio en países vecinos como República Dominicana, o más lejos, en Chile, Brasil y la frontera sur de Estados Unidos. Enfrentan duras políticas migratorias y un futuro incierto, con la esperanza de encontrar un refugio que su propia nación, por el injerencismo extranjero, no puede ofrecerles.
Quienes parten, o no vuelven o lo hacen pocas veces. Viven alejados de sus familias y con la obligación de adaptarse en otras culturas, idiomas e idiosincrasias, en sociedades donde el racismo y el clasismo suelen estar a la orden del día, incluso promovidas desde el Estado, como sucede actualmente en El Salvador o Argentina.

La experiencia de Eddyson en Córdoba
El joven haitiano comparte su experiencia personal en Argentina, destacando que la xenofobia y el racismo no son incidentes aislados, sino parte de un sistema estructural.
A pesar de reconocer que, en general, su experiencia en Córdoba ha sido positiva, el entrevistado es enfático en denunciar la existencia de un racismo sistémico en Argentina.
Edyyson critica las políticas antimigratorias y los discursos de los gobiernos, citando el decreto 70/2017 del gobierno de Macri y la declaración de Haití como un país sensible con el objetivo de controlar la migración haitiana y de otros países también catalogados así que, casualmente, eran naciones negras.
Damas menciona el impacto de discursos como el de la actual ministra Patricia Bullrich sobre los estudiantes extranjeros en las universidades, que construyen el odio hacia los migrantes. “El odio se construye con estos discursos y ellos lo han hecho una política diaria”, acusa.
En contraposición a la visión estigmatizante, el entrevistado subraya que la migración es un derecho y que los argentinos, al igual que los haitianos, también migran.
“El mismo gobierno actual tiene un deliberado discurso racista y xenófobo, que genera o profundiza un sentido común que luego es repetido por mucha gente. Ahora me encuentro cada dos por tres refutando estos discursos con personas en la vía pública o en las universidades”, advierte.
Sin embargo, Damas remarca que han sido pocas excepciones donde han sido racistas explícitamente con él en el espacio público. Rescata la solidaridad y la empatía de muchos argentino para con su persona:
“Hay una gran mayoría de la sociedad que es mucho más receptiva, es mucho más acompañadora, que acompaña más y que también entiende que migrar no es un delito. Migrar es un derecho. Y tenemos la posibilidad de gozarlo hoy como los argentinos que se están yendo y los que vinieron antes de nosotros”, concluye Eddyson.

