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El tabú del amor se posiciona sobre el del sexo: ¿Es más difícil decir te quiero o proponer sexo?

Que te guste pero que no se note, el amor es el innombrable, la mala palabra, lo no dicho. Juegos de seducción opacos. Blindadas ante la posibilidad de sentir mariposas en la panza. Por Lic. Noelia Benedetto Este 14 de febrero, te compartimos una columna publicada en El Resaltador. Hablemos de amor y sexo. ¿Estamos […]

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Que te guste pero que no se note, el amor es el innombrable, la mala palabra, lo no dicho. Juegos de seducción opacos. Blindadas ante la posibilidad de sentir mariposas en la panza.

Por Lic. Noelia Benedetto

Este 14 de febrero, te compartimos una columna publicada en El Resaltador. Hablemos de amor y sexo.

¿Estamos reemplazando el tabú del sexo por del amor?

Asistimos a una época en la que la persona que se enamora primero pierde. La advertencia es constante y sostenida: “No flashees amor”, "No me digas que te enganchaste? No te tenías que enganchar, es sólo juntarse a pasarla bien", lo que resuena se repite ilimitadamente: “No quiero sufrir”, “No quiero nada serio”, “En este momento quiero estar solo/a”, “Estoy en una”, “No sirvo para las relaciones”, "No quiero renunciar a nada".  

El amor es mala palabra 

Que te guste pero que no se note, el amor es EL innombrable, la mala palabra, lo no dicho. Juegos de seducción opacos. Blindadas ante la posibilidad de sentir mariposas en la panza. Seguro total contra enamoramientos. Infinito laberinto en el que no hay salidas pero tampoco encuentros. Está de moda no dejarse leer.

Estamos compitiendo por quién es más indiferente y está menos disponible emocionalmente; reprimiendo lo que sentimos por temor a la desaprobación o al abandono. Declarar explícitamente lo que siento es sancionado como “flaquear”, “quedar donado/a”, mostrarnos necesitados/as.

Y eso tiene mala prensa, no es deseable, el amor no garpa porque le damos a las otras personas un lugar en el cual pueden hacernos daño… un lugar donde no hay garantías. Consumo problemático de cadáveres emocionales. Pasamos de un extremo al otro: de la acumulación de experiencias superficiales y las carencias afectivas. Individualismo a ultranza.

¿De qué hablamos cuando de intimidad se trata? 

¿A qué le llamamos intimidad? ¿Cómo se mide? ¿Qué indicadores deben tenerse en cuenta?¿Tener sexo va de una pero desayunar ya es mucho? “Quiero coger, nada más, no me interesa que me cuente lo que come o cómo le va en el trabajo”. "Que no me venga con sus penas, para eso tiene a sus amistades". 

Quizás la intimidad ya no está tan cerca del terreno de la erótica y la piel y tenga más que ver con convidar y compartir algo más profundo, o no, o al menos algo menos efímero del orden de lo afectivo. Decir te necesito está más relacionado a quedarse desnudos/as que a la desnudez misma.

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Esto de vincularse no se trata sólo de con quiénes compartimos orgasmos sino también con quiénes nos permitimos el llanto. ¿Por qué hay tantas dificultades al momento de expresar o registrar nuestros afectos? O tanto esfuerzo invertido en prevenir que sucedan.

“Es mejor estar anestesiado/a que sentir el dolor”. Que no nos alcance el rayo de Cortázar que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. ¿Por qué nos da tanta vergüenza reconocer o que nos reconozcan en cuestiones del amor?.

¿Hipótesis represiva superada? 

Justo cuando creíamos superada “a gatas” la sexofobia reinante, y la hipótesis represiva foucaultiana y el sexo se vive con otras libertades, que hablamos más de sexo, nos encontramos queriendo desconectarlo y aislarlo de toda cuestión afectiva/emocional como una partícula de laboratorio.

Actualmente hay mucha más libertad entre las personas para amar y ser amadas, han disminuido aunque no extinguido los estigmas asociados a ello. La persona soltera ya no es sancionada como “para vestir santos”; es una persona libre que elige y disfruta su vida como desea.

El sexo ya no es una “prueba de amor exclusivo” (por suerte). Cambiaron las dinámicas, no nos da tanto pudor hablar de sexo, más o menos abiertamente, nos reconocemos como seres deseables y deseantes más allá de cómo hemos sido socializades.

Un vínculo puede tener multiplicidad de números, tamaños y formas; se comenzó a difundir e implementar una educación sentimental en la que el amor romántico no garpa porque es el caldo de cultivo de las violencias machistas y el concepto de dejar de pensar a las personas como propiedad privada, en una época donde la esclavitud (explícita) está abolida hace rato. Pero quizás, después de todo, se ha vuelto mucho más íntimo salir a pasear o tomarse unos mates con alguien que tener sexo.

Nómadas emocionales debatiéndose el desayuno

Somos nómades en todo sentido, “somos indios latinos con guitarra eléctrica y comunicados a través de internet”, vamos livianos, de pertenencias, de arraigos, de vínculos profundos también: “No quiero nada con nadie, me quiero dedicar a viajar”. “Un rato, la pasamos bien, hasta ahí todo ok, pero no más porque me asfixia”.

Hemos pasado del tabú del sexo al tabú del amor, decía en una charla TED Chipi Lozano. Con muchas personas (si sos alonormade), podés coincidir para coger pero no con tantas para quedarte a dormir o invitar a desayunar debatían hace un tiempo en Twitter. 

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El centro del debate recaía en si el hecho de ofrecer algo de comer a la mañana, tras una noche de sexo casual, implicaba estar enganchada con la persona. Una usuaria de Twitter contó que tuvo una noche con un socializado varón, y a la mañana hizo omelette para ambos.

Él se fue corriendo del departamento. “Amigo, tenía hambre nada más y soy educada” compartió en la red. “¿Con qué clase de gente se relacionan? Tienen tanto miedo al compromiso que creen que un desayuno es pedir matrimonio y ponerle nombre a hijos” subía otra twittera. Y por otro lado la brecha memística que estampa el limbo emocional de sus lectores: "Te mentí, no vamos a coger. Vamos a desayunar”. “Te quiero coger pero también quiero llevarte el desayuno a la cama... Después de coger".

Es más fácil hablar de felaciones que de relaciones

Todo pareciera indicar que en estos momentos el sexo es una vía más frecuente y ¿fácil? para vincularse… pero hasta ahí, “sin compromisos”. ¿Qué significará esto de no compromisos? ¿No te registro como humanidad o subjetividad en cuestión? ¿No etiquetas? ¿No responsabilidades o posiciones éticas afectivas? ¿No exclusividad? ¿Qué exclusividad se está debatiendo? ¿La sexualidad se vuelve exclusiva luego de ser la más accesible en temario de relaciones casuales?.

Escucho regularmente que sale sin tanto dilema un mensaje de “quiero coger”, cuando en realidad se tenían más ganas de un abrazo, o de dormir cucharita o de ver una película. Es más fácil hacer un llamado al encuentro sexual que decirle a alguien que le extrañás. 

Torres Blanadina se pregunta ¿Qué ha pasado para que sea más fácil hablar de felaciones que de sentimientos?.

La salida es colectiva: educación emocional y ética del cuidado 

El desapego es la norma. ¿Qué clase de “ganancias” obtenemos velándonos tanto?. Quizás el problema no es querer a alguien, sino el miedo a sincerarnos, la vulnerabilidad de exponernos, de que te digan que no, de dejar el corazón de propina en cada mesa de bar como dice Dolina; o en la otra esquina, de “perder” independencia. 

Sería interesante en principio rescatar la importancia de la comunicación emocional, de “trabajarse” para ser asertivos/as, somos muy vulnerables cuando no podemos hacer una expresión de nuestras emociones; nos hemos expropiado la posibilidad de poner en palabras lo que nos pasa, y también, agregaría el hecho de no confundir ser independientes con directamente no estar pendientes. 

María del Mar Ramón no cree que haya algo bueno o malo, correcto o incorrecto en cuanto a vínculos se trata, sin embargo, sí cree en la ética del cuidado, que es más como una política de reducción de riesgos y daños de lo que de por si ya duele cuando termina: el amor, pero evitando las heridas innecesarias que vienen impulsadas por la crueldad y por la poca claridad y franqueza sobre las emociones y los deseos de cada persona.

¿Es esto lo que deseamos? 

Soledad Grunert se pregunta ¿es realmente lo que queremos o más bien estamos siguiendo un nuevo mandato, el de la tiranía de la autosuficiencia? ¿estamos deseando realmente esto? Como dice Verónika Ferrucci "el clima afectivo epocal está rarazo… ¿Nos pasamos de progres y estamos medio en cualquiera forzando todo? ¿Quién habla primero? “No sé si demuestra interés con el mensaje que mandó”. “Nunca más me escribió y yo tampoco”. “Me reaccionó una historia”. ¿Fuego, corazón o 100? ́”Me mira las historias, pero no me habla”.

Hola, Foucault, vení a ver todo lo que aprendimos de tus reflexiones. El apareamiento virtual, la histeria y la promesa de que algo mejor sigue esperando por tí se llevan a la perfección".

Ferrucci se pregunta "¿Tanta deconstrucción para esto? Somos contradictorio/as con lo que deseamos, con lo que hacemos, con nuestro discurso. Y capaz nos pasamos de progres y nos falte sinceridad. Nos sobra careteada, teoría y consigna. En los tiempos de la incertidumbre, la ternura y el cuidado son gestos necesarios. No coincidir es una forma epocal incómoda, pero en la que nos estamos acomodando y haciendo terruño".

Somos seres esencialmente vinculares, la circulación de afectos no necesariamente tiene que ser un atentado a la libertad. No se trata de volverse dependientes, de pegotearse hasta la asfixia, pero tampoco de hacer tributo al ghosteo o al orbiting. Podríamos ir sacando a los afectos (no solamente al amor) del clóset . 

Para ir acabando, con bonus track

Annie Sprinkle dice que “En un mundo lleno de violencia, queremos celebrar y generar amor. Pero el amor se ha convertido en el último tabú; es el nuevo sexo. Se tiende a excluir el amor del porno y el sexo cachondo del amor. Cuestionamos esa división y la gente nos tacha de hippies, porque el amor hoy resulta ñoño”.

Y les dejo esta yapa “No demostrar se transformó en un estilo de vida. Te quiero, pero no te lo digo. Porque si te lo dijera te darías cuenta de algo terrible: Soy un ser humano y siento algo por otro. Tengo ganas de verte, pero no lo expreso. Mejor juegos de palabras a ver si lo deducís sólo, porque le tengo un terror absoluto a la palabra no, (ni que fuera tan grave).

Me encanta pasar tiempo con vos, entonces claramente sé lo que tengo que hacer: Dejar de hacerlo. Mirá si pasa lo peor que me puede pasar y terminamos gustándonos, mejor cortarlo de raíz así el mundo no nos tilda de intensos.

¿Qué nos pasa? ¿Quién nos hizo creer que tenemos que humillarnos por tener corazón?.

Es que hay tanta gente que no te provoca nada de nada, tantas pieles con las cuales nunca vas a conectar, que dejar pasar oportunidades no es de valiente, es de cobarde. Decile hoy que te encanta. Decile que tenes ganas de salir a tomar una birra. Decile que amarías verle fuera del boliche. Ojalá todos los días te la juegues por lo que nos parece una locura y mandes ese mensaje”.

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