El periodismo debe escuchar, sino lo destruye la apatía

Hoy se conmemora el Día del Periodista, si bien nos rodea la desinformación y los medios hegemónicos, queremos celebrar a quienes todavía defienden este oficio social, con empatía y solidaridad. 

El periodismo debe escuchar, sino lo destruye la apatía. Ilustración: Stefanía González

Por Emi Urouro y Carme Laucirica

La pandemia no solo impactó en el sistema sanitario, fue -es- escenario de fake news, de titulares sensacionalistas, de periodistas que siembran miedo y odio en una población que enfrenta una crisis social y económica. Por eso, queremos reivindicar al oficio, que ha sido bastardeado, ninguneado, mancillado, y otros ados.

Dato histórico: ¿Por qué se conmemora esta fecha? Fue establecido en el Primer Congreso de Periodistas, reunido en Córdoba en 1938. El 7 de junio, evoca la aparición, en 1810, de La Gazeta de Buenos Ayres, medio oficial de la Primera Junta dirigido por Mariano Moreno, que fue la vanguardia del periodismo nacional.

Para informar, primero es necesario escuchar

Cuando hablamos de un periodismo contrahegemónico, es imposible no ir al origen del nuevo periodismo, aquel que cobró relevancia con Rodoldo Walsh, y que cambió el rumbo de la comunicación, o por lo menos, nos dejó otras posibilidades a las horas de dar a conocer los hechos.

Hugo Montero, fundador de la revista y editorial Sudestada, dijo que Walsh “era alguien que se había entrenado durante años en el difícil arte de escuchar. Así había elegido contar la historia de los explotados: escuchando sus voces”

Esa frase nos quedó resonando todo el fin de semana, parecía un presagio de esta editorial, resumía las ideas que teníamos sobre cómo dar las noticias, sobre cómo encarar este oficio tan camaleónico, tan amplío. La clave siempre estuvo ante nosotros y nosotras: Para informar, primero es necesario escuchar.

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Escuchar a las organizaciones barriales de Córdoba, cuando dicen que el Estado no llega, cuando denuncian que viven sin luz, sin agua corriente, sin internet, sin abrigo.

Escuchar a las personas en situación de violencia de género, a las diversidades que son constantemente vulneradas, al personal de salud que no da abasto en esta pandemia, a las y los docentes que fueron obligados a dar clases presenciales en contexto de riesgo de contagio.

Escuchar a las y los estudiantes, que son criminalizados por defender la educación pública, o que debieron abandonar los estudios porque las medidas de contención no fueron suficientes en el marco de la emergencia sanitaria.

Noticias para todos y todas, no para el 1%

La comunicación es base de la sociedad, el acceso a la información es un derecho humano, pero muchas veces, esto es obstaculizado por los monopolios periodísticos, aquellos que defienden los intereses de una élite política y económica que margina a los sectores más vulnerados.

“Nosotros ¿para quién estamos escribiendo? ¿Es tan importante que nos elogien los buenos amigos, las revistas, que nos lea toda esa burguesía o pequeña burguesía pero que de nosotros no llegue nada realmente al pueblo”, se preguntaba Walsh en una entrevista con La Opinión, el 11 de junio de 1972.

Y nos interpeló, algo que se dijo hace años, en otro contexto, en otra Argentina, podría pensarse, nos hizo parar, tomar aire, y buscar ese motivo oculto que nos lleva a querer informar.

No dejamos de aprender del “autor de novelas policiales para pobres” como lo denominó Osvaldo Bayer. Esa convicción de meterse, mezclarse con la vida de los humildes que sufren, de investigar cada detalle, lo llevó a entender fundamentalmente la dinámica del poder y a comenzar a transitar sus propias contradicciones del escritor “burgués”, como él mismo comenzó a pensarse. 

“Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”, sentenció Osvaldo Bayer. 

Rodolfo Walsh. Crédito fotogradía: Pablo Alonso

A modo de ejemplo, en un bar de La Plata, mientras Rodolfo jugaba al ajedrez, lo que inició como un susurro cualquiera terminó por ser el motor de una nueva investigación. Esa capacidad de escucha, esa empatía para no dejar pasar lo que había escuchado, son las virtudes del nuevo periodismo que tanto buscamos a diario. “Hay un fusilado que vive”, le dijeron a Walsh esa noche de 1956. 

En una época en donde las desapariciones, la mano dura del Estado y los atropellos a los DDHH eran moneda corriente, no cualquiera se hubiera metido en ese embrollo. No cualquiera se hubiese puesto la historia al hombro, porque él supo escuchar la historia de los fusilados de José León Suárez, poniéndole el cuerpo a sus denuncias hasta el último día.

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Es el contenido que denuncia, que provoca, que llama a la acción el que nos invitar a realizar no solamente Walsh, sino cientos de periodistas, de antes y de ahora, al decir cientos, no hablamos de que sea algo normal, siguen siendo minoría.

Ellas, guardianas de esa vocación de escuchar a las y los silenciados

Walsh, como muchas otras y otros en la actualidad, dejó de observar los hechos sociales desde arriba, desde un lugar seguro y de poco contacto. Se embarró las manos del periodismo social, se puso cara a cara con las injusticias de nuestro país y les sostuvo la mirada, se plantó firme en el territorio de los hechos, y no lo abandonó hasta obtener verdaderas respuestas a sus interrogantes. 

Su legado sigue en la actualidad, solo por nombrar algunas profesionales, tenemos a Soledad Barruti, Tais Gadea Lara y Leila Guerriero.

Reconocemos a Barruti por su labor frente a la desinformación sobre qué comemos en Argentina y en el mundo. Impulsa a diario la alimentación consciente y crítica, así como la sanción de una ley de etiquetado frontal urgente. 

Soledad escucha, escucha al cuerpo, escucha a la naturaleza y a quienes quieren dejar de dañarla con su consumo. Un periodismo al servicio de la comunidad, al servicio de la comida verdadera, agroecológica, sustentable y popular.

Leila Guerriero. Fotografía: Guadalupe de la Vallina

“Las pestes no son una novedad, pero se están precipitando: en los últimos 30 años surgieron 200 enfermedades infecciosas zoonóticas, y ninguna es producto de la mala suerte”, dijo en Instagram sobre la actual pandemia. 

Por su parte, Tais Gadea Lara, abrió camino hacia un periodismo actualizado acerca de lo que pasa diariamente con nuestro planeta. Esta profesional no conoce la tibieza, en el marco del Día del Ambiente dijo:

“Los ecosistemas son la red de la vida en la Tierra. Nos brindan beneficios invaluables. Pero los estamos contaminando, sobreexplotando, calentando, degradando, destruyendo, presionándolos al límite de su extinción (y la nuestra)”

Y otra comunicadora que recomendamos leer, es Leila Guerriero, ganadora del premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en la categoría texto, por su crónica “El rastro en los huesos”, donde relata el trabajo que realiza el Equipo Argentino de Antropología Forense que identifica los restos de desaparecidos y desaparecidas en la dictadura militar.

Compartimos su visión sobre el oficio de informar, donde destaca la necesidad de “salir a la calle, ver, volver con mucha información y contar el mundo”.

Crédito: Dana Alejandra de Elía

En esa línea, en diálogo con La Vanguardia, agregó: “Creo que se ha empezado a observar la realidad con una teoría previa. La mirada de un periodista debe estar limpia de prejuicios. La salvación del oficio pasa por varios lugares, no solo por el periodismo narrativo. El horizonte debe ser la honestidad.”

Las tres aportan una mirada crítica sobre lo que nos atraviesa, priorizando lo social por sobre lo mercantil. Porque no solo las noticias guionadas, bien pagadas y de corte hegemónico son las que trascienden. 

Con sus denuncias sobre industria alimentaria, cuidado del ambiente, y vulneración de derechos humanos, dotan a la sociedad de herramientas para accionar críticamente, para dejar de permanecer pasiva frente a gigantes comerciales o sectores conservadores que se lo llevan todo por delante. 

Inmensas, al igual que Rodolfo, a quien hoy, en este día del Periodista recordamos con sus palabras, aquellas que nos recuerdan porqué hacemos lo que hacemos: “Escribir para todos. Confiar en lo que tengo para decir, dando por descontado un mínimo de artesanía (…) Recuperar la identidad del pueblo, de las masas, que es más importante que la de los individuos” (Diario personal “Teoría general de la novela, 15 de enero de 1970”)

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