El patriarcado habita los pabellones

Según afirma el Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS), “las mujeres padecen en forma diferencial el encierro”. En esta nota, ampliamos esa afirmación.

Ser mujer en la cárcel acarrea muchas veces con la violencia vivida afuera. El machismo y el patriarcado de afuera, se replica adentro con total impunidad. Tal es así, que uno de los informes del Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS) afirma que “las mujeres padecen en forma diferencial el encierro”.

Esta afirmación se desprende de la situación que el mismo documento describe: “Además de las situaciones de tortura y maltrato similares
a las que sufre toda la población, las mujeres presas viven situaciones de extremas vulnerabilidad y, en algunos casos, son víctimas de violencia de género. Una forma de violencia específica que padece este colectivo es la violencia obstétrica”.

Otro dato no menor es que muchas mujeres también son madres. En estos casos, estando lejos de sus hijos e hijas, deben configurar una nueva estructura familiar que los y las contenga en su ausencia. En el caso de los menores de 4 años, las madres se alojan en los pabellones con ellos. Así, niños y niñas que transitan sus primeros años son testigos de los hechos de violencia machista que transcurren dentro de las cárceles.

De por sí, sin distinción de género, las requisas que atraviesan los reclusos y reclusas representan diversas vulneraciones a sus derechos. En cuanto a las mujeres específicamente, las mismas involucran otros actos denigrantes, como revisiones vaginales y desnudos parciales o totales frente a personal de seguridad masculino.

Otro dato que aporta CELS, es que la mayoría de las mujeres han sido condenadas por delitos no violentos como el tráfico de drogas. El 31 de diciembre 2015, se registraron 1096 mujeres privadas de su libertad por infringir la a Ley 23.737 de estupefacientes, lo cual representa un 30% de la población femenina total.

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Foto: María Eugenia Cerutti, Cárcel de mujeres U31, Ezeiza, 2005.
Fuente: CELS

Las cárceles de mujeres en cifras

En este sentido, según propone CELS, es urgente pensar un sistema penitenciario con perspectiva de género. Desde 1990, la cantidad de mujeres en las cárceles creció de manera sostenida y regular. Comparativamente, entre 1990 y 2007 hubo un crecimiento del 350%: el Sistema Penitenciario Federal argentino paso de albergar 298 mujeres a 1039 en esos 17 años.

Si bien a partir de 2007, el mismo informe explica que el índice de mujeres encarceladas en el SPF disminuyó, también afirma que esto no necesariamente se debe a una baja en el número de mujeres presas. Algo que puede haberse dado en muchos casos, es que madres con hijos menores a 4 años hayan conseguido prisión domiciliaria, como exige la ley.

Cabe recordar que el informe citado solo tiene en cuenta a mujeres ubicadas en cárceles federales, lo cual deja fuera a muchas otras. De total de las mujeres encarceladas en el SPF de Argentina, el 48% son extranjeras. A su vez, la mayoría de ellas pertenecen a sectores sociales desfavorecidos.

Otra hipótesis a tener presente es que la mayoría de las mujeres conforman la población penitenciaria primaria. Esto quiere decir que, de las entrevistadas por CELS para elaborar el informe mencionado, solo un 18,9% expresó haber sido detenida en otra oportunidad.

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Ser mujer, ser extranjera y estar presa

En diversos informes difundidos por CELS y el Ministerio Público de la Defensa de la Nación, se hace especial hincapié en la situación de las mujeres extranjeras que están presas en Argentina. Es pertinente hacer una distinción sobre este grupo de mujeres, por lo menos en tres puntos principales.

En primer lugar, estamos hablando de mujeres que muchas veces carecen de contacto con sus familias, amigos y su cultura, dada la situación de lejanía respecto de su país de origen. Esto es importante para garantizar la contención de la persona privada de su libertad, así como para propiciar una mejor reinserción a posteri.

En segundo lugar, cabe destacar que el acceso a salidas transitorias o libertad condicional el más difícil para estas mujeres. Esto se debe a que no siempre cuentan con familiares o domicilios fijos en nuestro país, por ende las garantías son menores.

En tercer lugar, no es menor reflexionar sobre las mujeres extranjeras no hispano hablantes que residen en las cárceles argentinas. Para ellas, insertarse en la dinámica penitenciaria es más difícil, dado que las maneras de comunicarse se reducen al no contar con alguien que les traduzca o bien les enseñe.

En 2018, se calculó que el 70% de las mujeres detenidas en cárceles federales
no tenia condena firme

Un sistema penitenciario que abusa de la prisión preventiva

Al contrastar la situación penitenciaria de hombres y mujeres, los datos disponibles explican que un 62% de mujeres permanecen en prisión preventiva sin condena firme. En el caso de las mujeres extranjeras, dicho porcentaje asciende a un 72%, casi tres cuartos de la población total. En cuanto a los hombres, el primer porcentaje desciende a menos del 50% y el segundo a un 60%.

Y también humilla a sus reclusas

Desde el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos (GESPyDH), se difundió la pieza bibliográfica “Castigar y gobernar”. En ella, encontramos un listado de formas de humillar y someter a presos y presas en Argentina.

Extrayendo algunas al azar para esta nota, nos encontramos con la llamada “producción de hambre”. Se trata de un mecanismo de violencia penitenciaria, en donde presos y presas pasan hambre por largos periodos de tiempo, ya sea por la escasez o ausencia de comida, o bien porque la misma está en pésimo estado.

En esta última acción descripta, cabría preguntarse por los recursos que el Estado debería destinar a estos espacios. No por estar privado o privada de la libertad uno deja de ser una persona digna, no por haber cometido un crimen esa persona debe perder el derecho a una alimentación completa y saludable.

“Éramos 7 personas en una celda de 2 x 2, parecíamos hormigas, 4
por colchón. En los buzones no te dan nada. Te tenés que afeitar con una
maquinita que se afeitan 100 personas. Comés con la mano, adentro de la
misma celda” (Registro de la Unidad 2 de Sierra Chica).

“Castigar y gobernar” – Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos (GESPyDH)

Estas y muchas otras líneas sobre el tema buscan dar cuenta de dos cuestiones preocupantes. Por un lado, la falta de perspectiva de género en el sistema carcelario argentino. Por el otro, la violencia sistemática y patriarcal que gobierna ahí adentro.

Fuentes:
CELS
Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos (GESPyDH)
Ministerio Público de la Defensa de la Nación

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