El 10 de diciembre se llama democracia

La asunción de Raúl Ricardo Alfonsín en 1983 suponía, además de un regreso de la UCR al poder tras casi 20 años, el fin de la etapa más nefasta en la historia de nuestro país.

Raúl Alfonsín desde el balcón del Cabildo.

El 10 de diciembre de 1983, Raúl Alfonsín se presentaba ante una histórica Plaza de Mayo colmada. Los tiempos de terror habían terminado y comenzaba uno de los procesos de reparación democrática más importantes de la historia contemporánea.

Los simbolismos tiñeron aquella jornada. El primer discurso fue desde lo alto del balcón del Cabildo, sinónimo de patriotismo y consulta popular, de cara a la plaza que fue sede de la lucha durante la dictadura cívico-eclesiástico-militar.

El 30 de octubre se habían celebrado las elecciones tras 7 años infames por lo que aquel 10 de diciembre fue un acto esperado y anunciado.

“Los pueblos, como los hombres, maduran en el sufrimiento y no seríamos dignos del nombre de pueblo si no fuéramos capaces de aprender la lección del dolor. Lo primero que no debemos olvidar es que lo más valioso que tiene nuestro país son los hombres y las mujeres que lo habitan”.

Raúl Alfonsín en su primer discurso como presidente de la Nación.

Pero Argentina no debe olvidar nunca que las casualidades, o tal vez las causalidades, han estado siempre en su historia. Aquel día en que la UCR cantaba que “siga el baile al compás del tamboril”, se cumplían 6 años de la desaparición de Azucena Villaflor en Avellaneda.

El secuestro de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo fue un ataque directo al corazón del reclamo por la violación a los derechos humanos durante la dictadura.

El hecho ocurrió dos días después de un operativo en la Iglesia de la Santa Cruz, en el que se secuestró, entre otros, a Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, otras dos fundadoras de Madres.

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Y si debemos entender a Latinoamérica como un proceso histórico unido, la historia chilena también acompaña al 10 de diciembre. Augusto Pinochet falleció el mismo día pero de 2006 llevándose consigo años de impunidad, tortura y dictadura.

Desde Atenas al mundo, la palabra democracia establece que el “demos” (pueblo) y “krátos” (poder) es poner en manos de quien corresponde el curso de la historia. Al fin y al cabo, es el pueblo quien vive, recuerda y sueña sus propios hechos.