Día Nacional de Teatro: el foco en Córdoba

Aunque el teatro sea un campo de los más consumidos dentro de las industrias culturales, muchas veces las medidas estatales resultan insuficientes ante la necesidad de recursos para encarar un proyecto escénico.

La Cucca y La Rossi en “Acciona Concretamente”. Foto: Toto D’Agostino, @camila.murias

Por Florencia Forchino y Guadalupe Fernández

El 30 de noviembre de 1783 en el territorio que luego sería Buenos Aires, pero en ese momento respondía a la intendencia dominada por la monarquía Católica de España, se inauguró el teatro La Ranchería.

La construcción del teatro se hizo en el patio de la “ranchería”, lugar donde los jesuitas alojaban a lxs esclavxs africanxs. Tenía paredes de madera y techo de paja. Solo tres años más tarde de aquella gala criolla que dio inicio a la primer representación teatral en nuestro país, el teatro de La Ranchería terminaría destruido por un feroz incendio que comenzó en los techos de paja y se propagó a todo el recinto, tras la caída de fuegos artificiales disparados desde la Iglesia de San Juan Bautista por la celebración de las fiestas patronales.

Casi como una paradoja del destino el teatro independiente de Córdoba se encuentra en el 2020 tratando de apagar el fuego que se devoró varias de las salas que fueron trinchera de la cultura en la docta.

Varios fueron los espacios que tuvieron que bajar el telón a causa de la crisis como “Espacio Urda” o “Bataclana Espacio Cultural” que trás 13 años de trabajo colectivo y autogestivo, no pudieron resistir a la situación: “Alquilamos, pagamos impuestos, servicios, seguros y todo lo que implica la habilitación. Los gastos se acumularon”.

“Si fuera por nosotres, 2020 arrancó con toda, con ideas y proyectos, ahora truncados. Desde el año pasado veníamos con crisis, poniendo el cuerpo. No damos más. Tenemos que rescindir el contrato y desarmar el espacio, dejarlo en condiciones. La situación va más allá de la pandemia. Hay una emergencia cultural que atraviesa a las salas, los grupos y las compañías”, asegura Sebastián Schaller artista teatrero y referente de “Bataclana” a La Voz del Interior.

Y resume: “La cuarentena sacó muchas cosas a la luz: la precariedad con que trabajamos, la falta de políticas culturales de los gobiernos. En momentos críticos se sufre eso, el grado de vulnerabilidad. Que cierre un espacio es una crisis en la cultura. Nuestra apuesta está en continuar pero la dueña necesita vender el espacio. Dialogamos en concreto con los funcionarios para que nos ayuden a mudarnos. Ponemos a disposición todo nuestro material para montar una sala. Es lo que hace el teatro independiente. Ya aprendimos sin tener que estudiar gestión cultural. Aprendimos en la práctica”.

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Teatro, sostenibilidad y pandemia

No todos los teatros son iguales, las salas comerciales y oficiales se llevan adelante desde productoras de gran envergadura que generalmente nuclean otros medios y empresas. El llamado “teatro independiente” es el espacio para la creación que aloja a todxs aquellxs que por decisión consciente o por exclusión de aquellas empresas de teatro; es el ámbito donde miles de trabajadoras y trabajadores de la cultura se organizan para desarrollar ideas y sostener proyectos a lo largo del tiempo.

Los métodos de sostenibilidad para estos tipos de proyectos teatrales muchas veces están vinculados con el acceso a fomentos, becas y subsidios que logran cubrir las necesidades y los recursos necesarios para la obra.

“El teatro independiente tiene la particularidad de poder desarrollarse en un formato muy colectivo y rústico, en el buen decir, es el crear desde el poco presupuesto y la ductilidad de cambiar su propuesta desde un lugar cerrado a otro espacio abierto”, según nos explica Camila Murias, actriz y responsable de la sala La Nave Escénica.

La Nave Escénica. Foto: gentileza.

En marzo el gobierno nacional extendió una serie de fomentos destinados al teatro independiente a través del Plan PODESTÁ, un paquete de medidas que cuenta con ayudas económica al sector que se inscribió con el objetivo de fortalecer y promover la actividad teatral independiente.

Cuando hablamos del accionar del estado provincial cordobés, Julieta Lazzarino, gestora de la sala teatro Quinto Deva es categórica: “Creo que las instituciones culturales provinciales no estuvieron ni están a tono con la realidad de nuestro sector. Hemos trabajado muchas veces en proyectos con la Agencia Córdoba Cultura, logrando incluso algunos buenos resultados. En este caso considero que hubo una desconexión, un corrimiento”.

Y el reclamo tampoco escapa si hablamos de la órbita municipal: “se generan muchas convocatorias y proyectos que después quedan inconclusos, de hecho la muni todavía no pagó a todos los involucrados en Teatro Cerca Estival 2020″, asegura Agustina Marquez, trabajadora de las artes escénicas sobre el ciclo que se llevó adelante entre el 17 de enero y el 1 de marzo de 2020.

“Las convocatorias que lanzaron son exactamente las mismas que hace más de 5 años. Ninguno de los fondos está destinado al mantenimiento de salas. Sin embargo, premian obras con la condición que realicen al menos 10 funciones, así de contradictorio.  Por ordenanza tenemos una mesa de trabajo que hace algunos años estaba rota, ahora al menos notamos escucha, alguien nos está queriendo entender y quizá hasta ayudar. Aún esperamos respuestas de gestión que no tienen impacto económico, que requieren más bien mover hilos, hacer acuerdos con otros estamentos… ojalá logremos algo al menos en esa dirección”, agrega Lazzarino en relación a las acciones de la Municipalidad de Córdoba.

Y aunque el teatro sea un campo de los más consumidos dentro de las industrias culturales, muchas veces las medida resultan insuficientes ante las necesidades de recursos para encarar un proyecto escénico. Esto genera un modo de trabajar muy exigente para los grupos de trabajo y la imposibilidad de emplear a expertxs en aspectos específicos. “En general en los grupos muchas veces quienes hacen dirección también hacen producción y se tienen que cumplir muchos roles porque sino los sueldos no dan a basto”, explica Agustina Marquez técnica en iluminación y escenografía y trabajadora del teatro.

 Agustina Marquez, iluminadora y escenógrafa en @a.artefacto. Foto: gentileza.

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El teatro independiente en medio de la pandemia

El teatro es una disciplina que se desenvuelve en la corporalidad, las tablas, la puesta en escena y el público, que forma parte de cada presentación generando en cada función una experiencia nueva e irrepetible.

En cuarentena, el teatro, actores, actrices y técnicxs han logrado muchas maneras de reinventarse a través de las redes sociales, audiovisuales y streamming ante la pulsión incesante de que el teatro no deje de producirse y consumirse. Muchas adaptaciones han resultado exitosas, pudieron potenciar y reinventar su trabajo, pero no resultó así con la mayoría: “Al principio de la pandemia seguimos haciendo ensayos, produciendo, termine algunas escenografías, pero después cuando no se pudo seguir ensayando, empezamos con los ensayos virtuales y nos dimos cuenta que no sirven, o al menos no servían con las ideas que veníamos trabajando para puesta en escena, tomamos la decisión de frenar hasta que haya un panorama más positivos”, nos cuenta Agustina.

Ante la incertidumbre del contexto y la vulnerabilidad del ámbito, Julieta Lazzarino nos explicó: “Tratamos de ser pacientes, motivarnos emocionalmente con proyectos a futuro, con actividades acordes al contexto y fundamentalmente formando parte de luchas colectivas. Se parte de la Red de Salas, de Teatristas, de la nueva Federación, son todas gestiones que nos ubican, que nos dimensionan y que nos hacen responsables. Esta actividad es colectiva o no es nada”. 

Anualmente y con los primeros calores del verano, llegan las intensas jornadas de funciones en las salas y en las calles también, es que hay teatro para todos los gustos y es, sin lugar a dudas, una de las ramas del arte que más puestos de trabajo genera: Agustina, Julieta y Camila registran entre 15 y 30 personas empleadas para sus últimos proyectos autogestivos teatrales en 2019. 

Días atrás se dispuso un protocolo nacional para abrir las salas nuevamente. Cada jurisdicción tiene que ajustar a su situación sanitaria y controlar que se cumpla, el mismo incluye tratamientos sobre control de temperatura, desinfección en la entrada del teatro, tiempo para desinfectar entre una y otra función, testeos rápidos para el personal que trabaja en las salas y la posibilidad del ingreso en burbujas de grupos familiares.

Saber cómo se van a adaptar las salas independientes a los presupuestos en equipamiento y personal necesario para cumplir el protocolo es algo que todavía no está claro para muchos. Nos cuenta Camila sobre éste aspecto: “como equipo de trabajo con Diego “Cone” Hass decidimos durante esta cuarentena no abrir  talleres, no tuvo funcionamiento de sala, y ahora sí estamos terminando de acomodar todo para prontamente abrir el espacio, que modificamos y adecuamos para grupos más reducidos, en la parte delantera de las sala que es abierta hacia el exterior”. 

Y agregó: “Al teatro hay que cuidarlo, difundirlo y apoyarlo. Cuesta muchísimo poder vivir del teatro independiente; todo termina siendo inversión: la plata sale de nuestros bolsillos y el dinero que aportan lxs espectadorxs nunca llega a ser ganancia… aunque sí para poder sostenerlo”. 

QUINTO DEVA. Foto: Gentileza @quintodeva

La independencia que se arroga el teatro es una vieja discusión que resulta infértil en medio del contexto de pandemia, Julieta Lazzarino lo define como un espacio de resistencia: a lo comercial y a lo estatal; “Nos definimos por lo que no somos y el resto es libertad.”

La vanguardia fue bandera de la gestación del teatro independiente, mientras que en la Universidad es abrumador el nivel de incremento de estudiantes que se interesan en hacer arte, el aporte que los estados provincial y municipal en estas áreas sigue siendo escaso.

“Yo creo que no somos totalmente independientes del Estado”, asegura Agustina Marquez, porque “siempre reclamamos y pedimos subsidios en ese sentido no somos totalmente independientes. Y si somos independientes, en algún punto, de otros sistemas de producción porque lo que hacemos ser muy autogestivos”.

El teatro resiste y vuelve a recrearse aún en marcos y territorios difíciles, en vinculación con otros, en la exploración de nuevos medios. Presenciamos las mutaciones, las nuevas formas y es nuestra tarea aportar a su difusión y maximizar su alcance.