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Cortejar en la era de memes y fueguitos: “Me doy cuenta que me engancho cuando veo un meme y me dan ganas de mandarselo”

Quizás esto de los memes muchas veces sea un “atajo” para sacar tema, para ponerle nombre, o imagen en su defecto, a nuestras (blindadas) emociones. Pero considero que sería saludable seguir apostando y trabajando en una comunicación asertiva y educación emocional donde podamos permitirnos decir y hablar de las cosas más allá de lo incómodas […]

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Quizás esto de los memes muchas veces sea un “atajo” para sacar tema, para ponerle nombre, o imagen en su defecto, a nuestras (blindadas) emociones. Pero considero que sería saludable seguir apostando y trabajando en una comunicación asertiva y educación emocional donde podamos permitirnos decir y hablar de las cosas más allá de lo incómodas que nos resulten.

Por Lic. Noelia Benedetto

Hablando con un amigo sobre relaciones tira la frase de “me doy cuenta que me engancho con alguien cuando veo un meme y me dan ganas de mandárselo”... ¿En qué momento millennials y centennials (nativos digitales), pero también los inmigrantes digitales, empezamos a vivir nuestros vínculos sexo afectivos en términos de: memes, reacciones, me miró la historia, está en línea y no me responde, etc? ¿Las interacciones en redes son la nueva medida del amor? 

La realidad virtual no deja de ser una realidad

Y es aquí que queda patente reflejado esto que repito hasta el hartazgo: “la realidad virtual es una realidad en sí misma”. El impacto subjetivo que genera la presencia, ausencia y frecuencia de este tipo de intercambios de bits es de un peso semejante al de los presenciales, y considero que han ido in crescendo y tomando otra trascendencia en el contexto pandémico. Al principio del aislamiento el furor fue el sexting: nudes, audios, textos, links, todo girando alrededor de lo sexual, pero a medida que fuimos transitando las diferentes etapas los memes se convirtieron en algo desde terapéutico “la memeterapia”, hasta una vía de seducción. 

Algoritmo y deseo: quién moldea a quién

El punto es… ¿El algoritmo está diseñado en base a nuestros deseos o el algoritmo diseña y moldea nuestro deseo? Me pregunto esto porque hay cosas tales como el ghosteo, me clavó el visto, o el peso que tiene que te reaccionen con un corazón, que te pongan un “me encanta” o que te compartan memes que implican cuestiones de peso para algunas personas a modo de satisfacción o malestar en relación a sus vínculos. Son nuevas ansiedades, nuevos “miedos desbloqueados” de la época.

Todo el espacio que ocupás en mi carpeta de descargas

Memes, emojis, reacciones han colaborado a generar una comunicación visual que encapsula en perfecta amalgama y síntesis el amor/desamor afecto/desafecto en imágenes, ya sean propias de una cultura local hasta una a escala global.

La novela de Pallero refleja estas realidades: “Lo que me angustia cada vez más y desde un momento muy localizable en el tiempo —no te apures, ya te contaré— es que me doy cuenta de todo el espacio que ocupás en mi carpeta de descargas, Miguel. Bajo cosas, leo cosas, miro cosas pensando en el momento en el que te las voy a pasar. A ver si nos entendemos: tengo una colección de memes exclusivos para vos. Los bajo porque sos la única persona con quien quiero compartir esa risa” (Pallero, 2019).

Código de complicidad compartida

Los memes transmiten ideas y vivencias a través del humor, que es lo que le da esa connotación tragicómica, el famoso “me río para no llorar” y que condimenta nuestras relaciones a tal grado que se ha vuelto un componente indicador de “enganche”. Son un código de complicidad compartida. Probablemente sean un recurso de la época para mediatizar nuestras comunicaciones, así como en algún momento lo fueron las cartas, el teléfono fijo, los mensajes en el contestador, el messenger, en otras generaciones o épocas. Es una forma de sostener lazos afectivos a pesar de las distancias, solo que desde la inmediatez que nos posibilitan estas modernas herramientas.

Las nuevas tecnologías amplían el repertorio de ofertas multimedio: texto, audio, video, imágenes, canciones, emojis, reacciones, todo en un mismo movimiento comunicacional. 

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Para Mireille Yareth los memes han construido parte de una nueva forma de interactuar, pues desempeñan el papel de referente a través de una imagen ampliamente reconocida que empleamos a modo de comparación, que al agregarle un toque de humor compartido se vuelve viral. En el amor exaltan el romanticismo, el afecto, ya sea para burlarse de su desbordante fuerza e impacto o para denotar sus efectos. Su contraparte no dista mucho de un similar efecto, pues aunque exalta el dolor de la pérdida intenta suavizarlo con pinceladas de comicidad. 

Todo lo que no me sale te lo digo con un meme

Se juegan miles de metáforas en las que a través de un fueguito o de un meme expreso todo lo que me gustaría poder decir y no me animo o me da “paja”. Un toque dactilar nos permite enviar un mensaje diciendo las cosas directas en un tono serio, indirecta camuflada, o en joda dependiendo del caso. 

Yareth dice: “Los memes se han vuelto parte de una comunicación mediada por la imagen, el humor y referenciada por una cultura que, aunque local, se ha expandido a referentes universales. Le dan un toque de ironía. Son un llamado a decir: 'Ah, mira, yo también pienso esto, o me siento así'”. 

Es un modo de hacerle saber a la otra persona qué me genera malestar, qué me “mambea”, qué me encanta, podría pensarse hasta como un recurso proyectivo para estar al tanto de los miedos y ansiedades de quien los envía: los memes dicen más de una de lo que a veces llegamos a poder poner en palabras. 

“Yo, con mi imposibilidad de transmitir afectos de una manera directa, te dije: Se extrañaran los memes. Y vos clavaste emoji de risa con lágrimas. Y yo te dije: Quéee... Y vos contestaste: eso —prendido al emoji que ya habías mandado—. Y yo te dije: Te estás riendo de mis sentimientos??? Y vos contestaste: Nooooo. De ninguna manera. Yo también extrañaré los memes, pero más las charlas sesudas” (Pallero, 2019).

La cita memera o la excusa del meme

El momento del día en donde empieza el intercambio memístico es vivido como una especie de “cita”, un encuentro que se puede sostener mientras seguimos haciendo nuestras cosas (trabajo, estudio, ocio, etc.). Los memes también funcionan como disparadores para tocar otros tópicos. 

“Por eso me gusta hablar con vos por whatsapp. Es como si fuera lo más lógico de la vida. Una, dos, tres ideas. Un meme, cuatro comentarios y siete preguntas, cuatro memes más. Si estamos de acuerdo, hablamos sobre tres temas con una considerable profundidad —teniendo en cuenta que estamos chateando desde los celulares y además haciendo al menos una otra cosa— en una hora. Si no estamos de acuerdo, discutimos hora y media, dos horas… y a veces la seguimos sólo para molestarnos a modo de chiste durante días. Pero lo mejor es que siento que no molesta mi ritmo, y que el tuyo propio me alimenta la sesera. Es como la birra después de un día largo de trabajo que llegás a tu casa y te querés morir porque nada tiene sentido” (Pallero, 2019).

También, muchas veces son una forma de volver a “aparecer”, o de sortear situaciones de la comunicación que no están elevando nuestros niveles de ansiedad. 

“Me mandaste como ocho memes al hilo porque te dije que había estado un poco del orto el fin de semana, pero que se me estaba pasando. Ocho memes. No me esperabas ni a que reaccionara… Y estaban uno mejor que el otro, intercalados milimétricamente entre los barderos y los que podrían interpretarse como demostraciones de cariño profundo. Incluso había dos abiertamente sexuales. Los mandabas como un desesperado, Miguel. Me agarró una sobredosis de memes y no sabía si estaba contenta o triste o simplemente me aliviaba que no hubiese ocurrido una emergencia humanitaria por allá, ni que te hubieses olvidado de mí” (Pallero, 2019).

¿Esto me pasa sólo a mi? Una vez más, lo personal es político

Mientras que sufrimos, y nos hacemos la cabeza pensando que esto no le pasa a nadie más, Illouz plantea que es una realidad histórica que nos excede, habla de mercado del deseo. Resalta el parecido con la economía de mercado, donde el fracaso económico es visto como el resultado de fallas individuales, y no de condiciones estructurales; lo cierto es que vivimos el amor de acuerdo a estructuras sociales y no individuales. “En este momento es urgente afirmar que las fallas de nuestras vidas privadas no son el resultado de psiques débiles, sino que, más bien, los altibajos y miserias de nuestra vida emocional están moldeados por mecanismos institucionales”.

Cortejo: de público a privado

El cortejo hoy en día ya no es un proceso público y mediato como en otras épocas sino que ha pasado a ser privado, inmediato e intranetmuros (te juntás varias veces, nadie se entera y ves qué onda). Se han  reemplazado las modalidades de cortejo tradicionales, las miradas, las caricias, los besos, las flores, típicas del coqueteo que se dan en presencia del otro; a simbologías establecidas a partir de un clic de distancia. 

El tema de los intercambios valorados cuantitativamente hablando puede ser un indicador de que todo va viento en popa o que se está a punto de cortar. La realidad es que las palabras y símbolos que permutamos tienen significados opacos y múltiples; las acciones o invitaciones tampoco implican lo mismo en todas las situaciones. Enviarse sostenidamente memes con alguien o dejar de hacerlo, no quiere decir nada universal en sí mismo. No supone ni garantiza un compromiso, ni un vínculo, aunque no lo excluye, porque no hay significados sociales compartidos en torno de cuáles podríamos organizar una especie de brújula que nos guíe acerca de cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para pensar este bardo de los vínculos. 

Para ir acabando

Illouz plantea que en la modernidad hiperconectada en la que vivimos la experiencia emocional parece evadir los nombres de las emociones. Según Laura Pérez (2019), para muchas personas “se ha convertido en algo natural expresar aquello que se siente de una manera gráfica e instantánea, por esto, cabe resaltar que aun siendo esta una forma de comunicación “eficaz” para quienes carecen de habilidades sociales, puede posibilitar cierta dualidad, posicionándose como interruptor en el establecimiento del vínculo humano”.

Quizás esto de los memes muchas veces sea un “atajo”, para sacar tema, para ponerle nombre, o imagen en su defecto, a nuestras (blindadas) emociones, pero considero que sería saludable seguir apostando y trabajando en una comunicación asertiva y educación emocional donde podamos permitirnos decir y hablar de las cosas más allá de lo incómodas que nos resulten. Nada va a prevenirnos, a modo de seguro contra granizo, de la angustia e incertidumbre o malestar que implica vincularnos con gente que no somos nosotras, todas las personas “estamos en una” en algún punto. 

“Se me ocurrió una idea genial y re sacada de delirante: diseñaba un código que lograbas intuir y entonces podías descifrar todo lo que estaba queriendo decirte a partir de todas mis omisiones. Y así lográbamos entendernos y yo podía sentirme aliviada y veía con alegría cómo recibías todas mis palabras bonitas y viceversa, sin necesidad de meternos con esas cosas. ¿No es maravilloso? ¿No sentís cómo de golpe se descontractura la espalda y las neuronas aflojan un poco? Si tan sólo pudiera conseguirlo… sería fantástico.

Digo, por eso de que vos estás allá y yo acá y es todo una gran cagada, salvo por la parte en la que me pongo tan feliz cuando hablo con vos o pienso en vos o me llega algún meme tuyo, y tus palabras cariñosas, camufladas con chistes de anulación o con ciertas combas elaboradas por el contexto, me alegran el día” (Pallero, 2019).

Cristian Dominguez

Redactor y co-productor de contenidos para el sitio web y las demás plataformas de El Resaltador.
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