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A 50 años del golpe, que la memoria siga siendo la brújula que guíe al presente

Publicado por:Emilia Urouro

Una conversación con Camila Gomez Parodi, nieta de Sonia Torres, la abuela de todxs. Los dolores que no se van, las esperanzas que tampoco y por qué sostener la memoria es sostener la vida.

Por Anouk Rubini

Este 24 de marzo es particular. Por un lado, se cumplen 50 años del último golpe militar en Argentina. Por el otro, semejante fecha sucede en un contexto político hostil a los Derechos Humanos, con un Gobierno Nacional muy determinado a borrar los trazos de sentido común que supimos construir como respuesta al horror del terrorismo de Estado.

Desde el inicio de la gestión libertaria, sus funcionarios (empezando por el Presidente Javier Milei) se dedicaron a reflotar la teoría de los dos demonios, desfinanciar programas y espacios de Memoria y cuestionar la cifra de lxs desaparecidxs fingiendo no entender que su imprecisión es nuestra pregunta y sigue sin respuesta porque hay más de un genocida (de los que incluso a veces visitan en la cárcel) que se fue a la tumba sin decir a dónde están.

Así y todo Camila Gomez Parodi, nieta de la abuela de todxs lxs cordobeses Sonia Torres, nos recibe de buen humor, con una sonrisa y un abrazo cálido. Conversamos un poco antes de empezar, distendemos. Camila nos avisa que si la hacemos hablar de la «Choni», como cariñosamente sigue llamando a su abuela, va a llorar. No pasa nada, le decimos, nosotras también lloramos.

No estamos todxs: alguien falta en la familia

Le preguntamos a Camila cómo vive el tener una persona desaparecida en su familia. Ella siempre supo de su tía, Silvina Parodi, y que buscan a un primo, nacido en junio del ’76. En su casa el tema se hablaba con honestidad, pero también con cuidado amoroso.

El día de la lectura del alegato sobre Silvina, la familia de Camila la retiró de la escuela para que pueda estar en ese momento, escuchar lo sucedido y conocer la verdad. Después la llevaron al cumpleaños de una amiga. Al ratito de llegar le preguntaron cómo estaba y sencillamente no pudo parar de llorar. Camila no recuerda tanto palabras u órdenes cronológicos, sino más bien la experiencia física de tamaña angustia: «Con el tiempo me di cuenta de que sentí en el cuerpo todo el dolor de la historia familiar», dice.

Aunque le broten lágrimas nuevas porque algunas cosas nunca paran de doler, la nieta de Sonia también sonríe. «Mi abuela siempre decía que por suerte ella pudo conocer la verdad de qué le había pasado a Silvina en la clandestinidad y seguir su rastro; que aunque esa verdad era muy dolorosa ella pudo saber más o menos de dónde a dónde fue pasando Silvina. Esa verdad mi abuela siempre decía que era muy valioso poder tenerla, por más fea y terrorífica que fuera», remarca Camila.

De más grande, pidió el alegato para leerlo completo algún día. Aunque por ahora no pudo, sigue pensando que lo tiene que leer, continuar con el legado de Abuelas que es también saber la verdad así, cruda: «Saber la historia, saber de dónde una viene«, remarca.

A pesar de su insistencia juvenil por sumarse a Abuelas, la Choni tenía sus reservas respecto a involucrar a Camila a corta edad. En el afán de toda madre de proteger a lxs niñxs de hechos que ni la gente adulta sabe cómo soportar, le insistió que se enfoque en sus estudios, que esperara un poco más.

En su colegio secundario y entre sus amigas la dictadura no era un tema del que se hablara mucho. Pero aunque no se hable, como dice León Gieco, todo está clavado en la memoria. Es por eso que a la vuelta de un viaje, apenas mayor, Camila se plantó ante Sonia y le insistió una vez más con ser parte de Abuelas. «Necesito poder vivirlo desde mi generación», dijo Camila. Reconocer esta parte de su identidad y poder hacerlo junto a otrxs, especialmente de su edad, se había vuelto impostergable. Sonia, por supuesto, aceptó.

Al principio acompañó a la Choni en sus tareas, ayudó con la prensa, con las visitas a escuelas y entrevistas por la Memoria. Poco a poco fue encontrando en Abuelas un espacio de contención y militancia, de encuentro con personas jóvenes que no habían vivido la época de la dictadura pero sí, de un modo u otro, sus consecuencias. Por tener también familiares desaparecidxs, o no; por compromiso, por empatía, porque semejante ausencia nos falta a todxs.

Familias buscando familias: «Hay una generación con su identidad falseada»

La Argentina de hoy no es la misma de hace 10 años. El sentido común sobre el valor de la democracia como sistema político está en crisis. Ante ese vacío, hay un fascismo con algunas caras nuevas pero que ni siquiera intenta disimular que le hierve la misma violencia debajo.

Por ahora, el oficialismo juega (apenas) el juego democrático. Pero siempre que puede embarra la cancha, la rompe un poco más. Concretamente en la lucha por los DDHH lo hace desfinanciando espacios de Memoria, relativizando el terrorismo de Estado, visitando genocidas condenados y reflotando la narrativa de que suspender derechos y libertades constitucionales para secuestrar, violar, matar y desaparecer a una generación fue una guerra necesaria.

Los más altos funcionarios del Estado, entre ellos el Presidente Javier Milei, están determinados a romper ese consenso de que hay cosas insoportables a las que nunca más queremos volver. Un plan económico de enorme transferencia de riquezas a sectores minúsculos de la población solo es posible con represión, miedo y sin democracia, o con una democracia de papel. Atacar la Memoria, la Verdad y la Justicia, atacar a las Abuelas de Plaza de Mayo que son un emblema de amor y justicia en el mundo, es uno de los pasos lógicos en la cruzada oficialista.

La batalla nunca está del todo ganada, pero tampoco del todo perdida: por eso Más que Nunca, Nunca Más, porque allí donde se quiera sembrar brutalidad y olvido hay que sembrar dos veces amor, memoria y dignidad. ¿Cómo participan lxs jóvenes de la construcción de Memoria, cómo pasar esa antorcha?

«Desde Abuelas estamos tratando de quizás modificar un poco el lenguaje con el que nos comunicamos con las juventudes, ahora estamos apelando mucho a las redes sociales y a generar campañas para que la gente se sume. Esto es parte de la historia argentina, pero tiene sus consecuencias en la actualidad«, explica Camila.

Entre las estrategias de Abuelas están las alianzas con figuras públicas, de la música por ejemplo. La nieta de la Choni cita el ejemplo de Belén Altamiranda Taranto, una nieta recuperada que descubrió su verdadera identidad gracias a que una amiga le pasó el número de Abuelas tras verlo al final de un videoclip de la banda La Bersuit Vergarabat. Belén se convirtió en referente de la lucha por la Memoria en Córdoba, asumiendo al conducción tras la partida de Sonia Torres. Desde El Resaltador, recientemente tuvimos la oportunidad de entrevistarla.

Contra quienes quieren obligar al olvido, lo vivo y vigente aparece: «Hoy los nietos que buscamos tienen seguramente una familia, porque tienen entre 45 y 50 años, y tienen que tener hijos, los viejos tienen esa edad, ¿no? Bueno, tienen que tener hijos de mi edad, o más chicos, un poco más grandes, y ahí también entendemos que hay otra generación que vive con su identidad falseada, y como familia entendemos que también estamos buscando más allá de una sola persona, estamos buscando a una familia», subraya Camila.

Y agrega: «Hoy estamos generando nuevas herramientas, nuevos lenguajes, capaz más inclinados por lo que son las redes sociales, para poder llegar a los nietos que buscamos, y para también dar ahí una batalla cultural«, aunque aclara que la lucha online se suma a la de la calle, no la desplaza.

Aggionarse para buscar la vuelta, para acercar a más gente, para convocar a que alguien se pregunte por su identidad. Cuenta Camila que al principio, a Abuelas le costó incorporar las computadoras porque sentían que se les iba la materialidad de los datos. Hoy toca incorporar las redes y entender sus lógicas porque son las juventudes las que continúan la posta por la Memoria; «actualizar ese legado de las Abuelas» y los saberes que ellas transmitieron, adaptar sus banderas a las luchas de hoy, remarca la militante.

Animarse a plantar bandera frente al odio, incluso (sobre todo) cuando no es fácil

Surge la pregunta por el contexto actual. Pensamos en aquellxs artistas, futbolistas, todo tipo de personalidades famosas que acompañaron la lucha de Abuelas todos estos años, y en a quiénes acercarse hoy. Es difícil plantar la bandera de Abuelas ante tantos discursos de odio y no muchxs se animan aunque apoyen la causa, dice Camila.

El caso de Martín Perez Disalvo, streamer conocido como «Coscu«, es llamativo justamente porque es uno de los muy pocos con un público adolescente que hablan de frente sobre la dictadura, sobre lxs desaparecidxs, sobre la búsqueda de nietxs. Su tío fue secuestrado en 1977 y continúa desaparecido.

Si bien sumar voces y rostros conocidos tiene un gran valor en tanto es un apoyo visible que hace participar a más gente de la conversación sobre la historia argentina, las personas siguen acercándose con sus dudas fundamentalmente gracias a las campañas.

Camila recuerda que el año pasado Abuelas recibió muchas presentaciones espontáneas gracias a una campaña que aparecía en los cajeros. Esos aportes sumaron datos que muchas veces son vitales para posteriores identificaciones de restos, trazado de rutas de una persona por distintos Centros Clandestinos de Detención, procesos de justicia contra genocidas. Cualquier información, por pequeña que parezca, puede darle justicia a una familia.

La causa de Abuelas es el amor

En este momento de catarata de violencia especialmente en redes y medios, ¿cómo interpelar a gente no movilizada? Si desde el Presidente para abajo se habilita que el otro que piensa distinto sea un «kuka de mierda», un «zurdo de mierda», ¿cómo sacarle de encima esa demonización a la participación política? ¿Cómo devolver el respeto a la discusión pública y la humanidad a lxs deshumanizadxs?

«La causa de Abuelas tiene algo que es de lo más genuino y empático que una persona puede sentir, que es el amor de una madre hacia un hijo que se lo robaron, que se lo arrebataron, y hacia un nieto también, ¿no? Entonces yo casi siempre trato de empatizar con ese amor, que una lo puede conocer desde el lado de hija o desde el lado de madre y decir «ésta es la causa de Abuelas: estamos buscando al cuerpo de mi tía y a mi primo que no sabemos dónde están y nunca nos han dicho nada»» responde, sencillamente, Camila.

El papel de la educación es fundamental. Según una encuesta del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y Pulsar UBA, el 44% de lxs encuestadxs se informó sobre la última dictadura militar en la escuela o universidad. El espacio educativo es, para muchos, el primer o único lugar en donde hablaron de este tema.

Para Camila también juega un rol clave la calle (offline, la de siempre, más allá de las redes). Ocupar lo público es otra manera de que quienes por otras ideas políticas o una variedad de motivos no se han acercado al espacio sientan que pueden hacerlo, que está esa posibilidad y esas personas con los brazos abiertos.

La sede de Abuelas en Córdoba está en una plazoleta sobre calle Rivadavia, a la vuelta de la Plaza San Martín. «Es un espacio público donde transita un montón de gente y podemos hacer música por la identidad y visibilizar que hay un local acá de Abuelas y que estamos buscando a los nietos». Ser visibles, estar presentes, extender la pregunta, conectar desde el amor.

«Nosotros estamos haciendo una tarea que le corresponde al Estado»

El ataque a los Derechos Humanos no es solamente con palabras, es con recursos que deberían estar y no están. A pesar de que Abuelas se sostiene con el aporte de donaciones y organizaciones de otras partes del mundo, «el Gobierno Nacional colaboraba económicamente porque era una responsabilidad como reparación. Nosotros estamos haciendo una tarea que le corresponde al Estado, porque el Estado fue el que desapareció a los 30.000 compañeros y compañeras, y fue el Estado el que robó. Y sí, el desfinanciamiento afectó», señala la entrevistada.

Abuelas antes funcionaba de 9 a 18. Hoy, la sede solo abre por la mañana, porque quienes sostienen el espacio necesitan complementar sus ingresos con otros trabajos. Mientras tanto, se esfuerzan por sostener la atención online.

Hay otros problemas de fuerza mayor, como la falta de fondos suficientes para la Secretaría de Derechos Humanos o el Banco Nacional de Datos Genéticos, cuyo origen y solución depende directamente del Estado Nacional y su voluntad política.

«Es un claro ataque a que no quieren que analicemos, ¿no? Porque la creación del Banco de Datos Genéticos se logró por la insistencia de Abuelas como organización para que se pueda encontrar a los nietos. A día de hoy seguimos analizando, quizás menos que en otros años pasados, pero se continúa» remarca Camila. Y aunque el desgaste haga todo el trabajo cuesta arriba, «vamos a seguir buscando a los nietos. Es una batalla que vamos a seguir dando», asevera con determinación.

«Ahí está la verdad de la historia»: lxs 12 (des)aparecidos de La Perla

Durante la semana pasada, los restos de 12 personas amadas fueron devueltos a familiares que nunca dejaron de buscar el reencuentro. En cada devolución al mundo de lxs vivxs se agita la pregunta por dónde están lxs que faltan.

«La semana pasada se restituyeron 12 identidades, ahí está la verdad de la historia. Son pruebas, está la verdad y es certera», afirma la nieta de Sonia.

Camila habla de las familias que a partir de este hallazgo «están cerrando esa herida» y también de aquellas otras que todavía no encuentran a sus seres queridos pero reavivan la esperanza.

«En este clima de tanto conflicto, tanto odio, renueva las esperanzas y trae una verdad a la sociedad: hay 30.000 compañeros desaparecidos, por La Perla pasaron más de 2.000 personas y los estamos encontrando«, afirma Camila.

Ella procesó su historia familiar lentamente, y dice que quizás fue por eso que nunca pensó en poder encontrar los restos de su tía. Su abuela Sonia nunca usó negro: así lo decidió como protesta, como denuncia constante, porque nunca quiso estar de duelo, porque nunca pudo hacer el luto por su hija. Las 12 personas identificadas en La Perla abren posibilidades de recuperación, de reparación.

«De repente esta noticia fue como, bueno, está la posibilidad de cerrar. Sí obviamente me afecta que no esté acá mi abuela, porque ella estuvo la mitad de su vida buscando a mi primo y buscando a los restos de Silvina, pero celebro que se esté logrando y se siga trabajando en la búsqueda», subraya Camila con lágrimas de emoción. Cuando supo la noticia se preguntó si la Choni habrá vuelto a usar negro.

Y concluye: «Es una noticia que en tiempos como hoy se celebra. Sabemos que queda mucho por buscar, porque son apenas restitos los que se encontraron, pero no nos vamos a detener hasta poder encontrarlos a todos».

 

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