Este 24 de marzo se cumplen 50 años del último golpe de Estado en Argentina, una fecha que no solo convoca a la memoria histórica, sino también a una lectura crítica del presente. En Córdoba, la movilización por Memoria, Verdad y Justicia vuelve a ocupar las calles con una consigna que se resignifica con el paso del tiempo: “Más que nunca, Nunca Más”.

Para Sol Yornet, integrante de la organización Nietes Córdoba y nieta de Julio Roberto Yornet —secuestrado el 23 de julio de 1976 y aún desaparecido tras su paso por el ex Centro Clandestino de Detención y Exterminio La Perla—, marchar en este aniversario implica una acción colectiva urgente: “Salir al encuentro, a la calle, a fortalecer una idea básica: más que nunca, Nunca Más”.
A medio siglo del terrorismo de Estado, la reflexión no se agota en el pasado. “Nuestro país tiene una historia democrática muy joven”, advierte Yornet, al tiempo que subraya la necesidad de no solo valorar la democracia frente a las dictaduras, sino también exigirle más. “Está muy claro —y sobre todo para las juventudes— que la democracia que sostenemos con esfuerzo desde hace 43 años no es suficiente para que vivamos bien y seamos felices”.
En ese sentido, plantea que el “Nunca Más” no debe limitarse a un recuerdo del horror vivido, sino que también debe interpelar las formas actuales de violencia estructural. “Sigue siendo muy importante decir nunca más a la violencia sistemática y a la miseria planificada”.
Y refuerza esa idea con una advertencia concreta: “Mientras el Estado no busque a los desaparecidos, no encuentre a los nietos y no derogue las leyes económicas de la dictadura seguimos viviendo bajo los peores horrores de ese pasado”.
Córdoba: historia, modelo productivo y represión
La lectura de lo ocurrido en Córdoba tiene particularidades. Yornet remarca que el proceso represivo comenzó incluso antes del golpe del ‘76, con el Navarrazo en 1974, en una provincia que contaba con un fuerte entramado industrial. “Se implementó un plan sistemático de secuestro, tortura y exterminio —precisamente— para cambiar por la fuerza ese modelo productivo”, explica.

El impacto de ese plan fue profundo: cierre de fábricas, debilitamiento del sistema educativo técnico y universitario, y persecución a la vida cultural. “Cuando volvió la democracia Córdoba tenía su aparato productivo totalmente diezmado, desempleo terrible y el segundo centro clandestino más grande del país”, señala.
Esa herencia, sostiene, también atraviesa a las juventudes actuales: “Hoy hay jóvenes que no tienen dónde trabajar, cómo estudiar, que no saben dónde están sus familiares secuestrados, asesinados y ocultados”.
Memoria, identidad y cultura
A 50 años, la consigna se amplía y se enlaza con la identidad colectiva. “La identidad de las personas que buscamos es también parte de la identidad del pueblo de Córdoba”, dice Yornet, y vincula esa construcción con expresiones culturales que también fueron perseguidas por la dictadura.
“Es una provincia llena de cuarteto y festivales, cosas que la misma dictadura prohibió. Es la provincia de la Universidad, la Docta, que recibe a jóvenes de todo el país”, enumera, y enfatiza que marchar también es defender el acceso al estudio, al trabajo y a una vida digna.
Juventudes organizadas y marcha intergeneracional
Las juventudes cumplen un rol central en la organización de la movilización. Desde la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, participan en tareas de comunicación, seguridad y cultura, además de impulsar instancias de debate previas.
“Convocamos a todas las organizaciones juveniles, barriales, culturales y políticas a que formen parte de nuestra columna, aportando una mirada plural para que sea una lucha intergeneracional”, explica Yornet, quien también milita estos espacios desde Nietes Córdoba.
Un cambio de recorrido con eje en la Justicia
Este año, la marcha en Córdoba tendrá un cambio significativo: la modificación de su recorrido histórico para poner el foco en el Poder Judicial. “A 50 años tenemos una necesidad urgente de instalar socialmente una responsabilidad en un eje político central: el Poder Judicial”, afirma Yornet.
Entre los reclamos, se destacan la exigencia de garantizar derechos constitucionales, el cumplimiento de leyes vinculadas a la democracia y la memoria, y el rechazo a las prisiones domiciliarias para genocidas. También se demanda la continuidad de las investigaciones sobre enterramientos clandestinos y el financiamiento necesario para avanzar en la búsqueda de la verdad.
Además, la movilización se inscribe en un contexto particular: este año se cumplen diez años de la sentencia de la Megacausa La Perla-La Ribera, uno de los juicios más importantes por delitos de lesa humanidad en la provincia.
Memoria frente a un mundo en crisis
En un escenario global atravesado por conflictos, desigualdades y violencias, la marcha del 24 de marzo vuelve a erigirse como un acto político y colectivo de resistencia. “Nuestra marcha es el legado más importante que nos enseñaron Madres, Abuelas y Familiares”, sostiene Yornet.
Frente al odio y el miedo, concluye, la respuesta sigue siendo la misma: “Caminar siempre junto a los pañuelos blancos por la paz mundial, por la dignidad humana, con memoria, verdad y justicia. Porque tenemos la certeza de que lo imposible solo tarda un poco más y otra vida más justa y feliz es posible para todos si todos seguimos caminando”.

