Superdomingo electoral latinoamericano

Resumen, repaso y panorama del ballotage en Perú y las elecciones legislativas de medio término en México.

Por Matías Mowszet

Dos países de nuestra región van a las urnas para elegir cargos distintos en un contexto compartido marcado por la violencia política y los devastadores efectos de la pandemia. Esos dos países son Perú y México.

En un mundo que tiende a la polarización y a que los centros queden fagocitados por la intensidad de los extremismos, estas dos naciones son un potente espejo de esa realidad. Obviamente, cada uno con sus dinámicas particulares y sus lógicas locales.

Perú

El país vivirá la elección más paradigmática de la polarización política. Una elección que enfrentará a la opción más extrema de la ultraderecha con la opción más extrema de la ultraizquierda.

Esto es una culminación de 5 años de caos total y descalabro institucional, que incluyó la renuncia o destitución de tres presidentes y una vicepresidenta, además de estallidos sociales en las calles, represiones con víctimas fatales y un festival de detenciones.

Es por todo esto que el contexto para esta elección resultaba singular.

Pedro Castillo fue candidato más votado en la primera vuelta peruana con el 19% de los sufragios válidamente emitidos, muy lejos del 50% necesario para consagrarse ganador y evitar la segunda vuelta con quien resultara ser escolta.

Ese segundo lugar, muy disputado durante la noche electoral por la contradicción entre distintas bocas de urna, reportes de conteo rápido y resultados oficiales, fue para Keiko Fujimori, que se ganó el boleto al mano a mano. Este es el tercer ballotage presidencial al que asiste Keiko como candidata, lo hizo antes en 2016 (perdió contra Kuzcynski) y en 2011 (perdió contra Ollanta Humala).

Keiko Fujimori y Pedro Castillo, candidatos por la Presidencia de Perú. Créditos: El Comercio.

Keiko Fujimori es la ultraderechista líder del partido Fuerza Popular y la hija de Alberto Fujimori, quien fue dictador del Perú durante la década de los 90` y hoy está preso por delitos de lesa humanidad cometidos durante su régimen autoritario.

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En extrema contraposición, Castillo es un docente de Cajamarca que proviene del campesinado duro del país, fue un símbolo de la resistencia campesina contra el régimen de Alberto Fujimori y sostiene ideas situadas en la ultraizquierda, como la estatización total de capitales privados en sectores estratégicos. También fue quien motorizó la gran huelga de maestros de 2017 en Perú, una huelga general docente que duró 3 meses.

La diferencia que hace difícil extrapolarlo a la situación de otras izquierdas de la región, es que es profundamente conservador en muchas cuestiones vinculadas a derechos sociales. Castillo está en contra del matrimonio homosexual, en contra de lo que él denomina “la ideología de género” en las escuelas, de la educación sexual, del aborto y muchas otras cosas que son objeto de debate público.

Durante los dos meses de campaña, se vio claramente la diferencia de “profesionalismo electoral” a la hora de afrontar una campaña entre una candidata con varios comicios de experiencia en las espaldas y un postulante marginal, poco afecto a las estrategias de imagen y marketing.

Es por eso que las encuestas que en abril pronosticaban victoria de Pedro Castillo por diferencias que rondaban entre los 5 y los 10 puntos, hoy pronostican “empate técnico” y final abierto.

Además, entró en juego el componente singular del terrorismo descendiente del histórico Sendero Luminoso de los 90´. Un ataque terrorista del grupo Militarizado Partido Comunista del Perú, ramificación de Sendero Luminoso, asesinó a 16 personas en un atentado, mientras lanzaban folletos llamando a votar en blanco o a abstenerse de votar.

Esto sucedió apenas unos días después de que Castillo pidiera por la libertad de varios de los históricos líderes de Sendero Luminoso, presos desde hace más de 20 años. El hecho, claramente, lo dejó expuesto y mal parado.

Al ser un ballotage, un voto más que el candidato rival alcanza para llevarse la victoria.

México

El país va a elegir, además de gobernaciones y alcaldías, la renovación de su Poder Legislativo. Se pondrán en juego las 500 bancas de diputados del Congreso Federal en unos comicios que, no solo importan desde la distribución del poder representado en escaños, sino que funciona como una suerte de plebiscito del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, exponente de la centroizquierda latinoamericana.

El Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) del presidente López Obrador va a buscar retener la mayoría parlamentaria que obtuvo en las elecciones presidenciales de 2018. Se espera que resulte primera fuerza, aunque es difícil (casi imposible) que iguale la performance de hace tres años.

Lo que verdaderamente se pone en juego en esta elección es la mayoría. MORENA necesita la mitad más uno de la cámara (251 diputados) para gobernar con tranquilidad y sin riesgo de bloqueos políticos.

Ese riesgo está representado por los dos partidos tradicionales que se alternaron el Gobierno antes de la llegada de MORENA: El Partido Revolucionario Institucional (de derecha) y el Partido de Acción Nacional (de centroderecha). El PRI y el PAN acordaron formar una coalición legislativa una vez que los cargos estén designados tras la elección. Es una apuesta arriesgada, teniendo en cuenta la histórica rivalidad de base que hay entre los dos sectores.

El detalle llamativo de esta previa electoral mexicana es la cantidad de candidatos asesinados que ha habido en los últimos meses. Desde el inicio de la campaña, se registraron 27 homicidios de postulantes a cargos de alcaldes de municipios pequeños, de menos de 100 mil habitantes.

Esto pone de manifiesto el nivel de complicidad y cooperación entre los distintos sectores políticos que gobiernan pequeños feudos y las bandas narcotraficantes. Son rastros subterráneos de complicidades cruzadas que no siguen un orden lógico (o ideológico) ya que hay candidatos asesinados de todos los partidos y en alcaldías gobernadas por estructuras de todos los partidos.

Horarios

En Perú, las mesas estarán abiertas hasta las 19 horas (21 hora argentina) y se dividirán los rangos horarios en los que las personas deben asistir a votar de acuerdo al último dígito del documento, dejando dos horas (entre las 14 y las 16) reservadas para personas mayores de 60 años.

En México, el horario de votación será general hasta las 18 horas (20 hora argentina). En ambos casos, se esperan escrutinios lentos y resultados oficiales cerca de la medianoche argentina.

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