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Pueblo chico, infierno grande: La traición de Manuel Puig

Por Cristian Montú En algún momento en el desarrollo de la historia Pedro Páramo ve como Dolores, la madre de su futuro hijo, se marcha de Comala, un pueblo irrelevante: “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo […]

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Juan Manuel Puig Delledone, escritor argentino. Fuente: Clarin.com

Por Cristian Montú

En algún momento en el desarrollo de la historia Pedro Páramo ve como Dolores, la madre de su futuro hijo, se marcha de Comala, un pueblo irrelevante: “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo; Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: ‘Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él’. Pensé: ‘No regresará jamás; no volverá nunca.

El adiós silencioso de Pedro Páramo parece contener y describir a la perfección el paso de Manuel Puig por General Villegas, el pueblo que lo vio nacer, lo despreció y, también, lo nutrió con aquella esencia tan propia que solamente quienes vivan (o hayan vivido) en pueblos chicos sabrán reconocer. Al igual que Dolores Preciado en la novela de Rulfo, Manuel nunca más regresará a Villegas, pero si lo harán sus novelas tal como lo hace Juan Preciado en busca de un padre y todo lo que éste les había negado.

En el medio de la nada

Juan Manuel Puig Delledone nació el día de los inocentes (28 de diciembre de 1932) en General Villegas, en plena llanura pampeana. Su madre, recibida de farmacéutica, se había establecido en la localidad junto a su marido Baldomero. Ni Manuel ni su madre lograron adaptarse nunca a la vida de pueblo, y el único espacio que tenían para desaparecer y olvidar el aburrimiento de los días era el cine. Las películas serían la primera gran inspiración y motivación de Manuel, serían también durante algunos años el escape y el refugio ante la hostilidad de la sociedad.

Casa donde vivió la familia Puig en Villegas - Fuente: documental "Regreso a Coronel Vallejos'' de Carlos Castro.

Para Manuel Puig no existía posibilidad alguna de permanecer y arraigarse en el pueblo, él quería algo más y sabía que quedarse sería sinónimo de renunciar a las oportunidades que esperaba conseguir en el futuro y perderse a sí mismo para encajar en una sociedad que lo rechazaría hasta el último día por raro, por puto. “Aquello es de miedo, es la ausencia total de paisaje, es una planicie perfecta, el horizonte es así una recta y no crece nada (...). La persona que nace y muere ahí no ha visto nada, nada más que lo que le dan en el cine”

Finalmente, la familia Puig deja atrás Villegas para establecerse en La Plata, pero a Manuel le esperarían años de viajes y una vida en el exilio, a veces voluntario y a veces forzado por el clima político del país.

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La traición de Manuel Puig

La fascinación de Manuel por el mundo de las películas era tal que después de los veinte años decidió marcharse a Italia para estudiar cine, por supuesto no encontró lo que buscaba y la peregrinación por el mundo de guiones y subtítulos derivarían en el primer borrador de “La traición de Rita Hayworth”.

La trama de la historia, inspirada en su familia y en sí mismo, gira en torno a las voces de personajes que se enfrentan a la vida cotidiana con sus espejismos y rutinas aplastantes. Cada voz irá mostrando cómo el imaginario social cargado de estereotipos y expectativas hace mella en la existencia, por ejemplo: niñas púberes que se debaten entre el silencio culposo y la confesión condenatoria ante el cura del pueblo “...le pregunté si el pecado más grande no era matar, dejar morir a alguien, y me dijo que para una niña de doce años es más pecado dejarse fornicar por los muchachos, porque para matar se necesita un cuchillo o un revólver, mientras que para pecar con muchachos basta pensar que ya es pecado.”

Manuel Puig - Fuente: Apuntes sobre Manuel Puig y su obra (Patricia Bargero).

La traición de Manuel Puig no sería solamente aquella hacia la sociedad heteronormada y patriarcal donde los hombres debían reprimir cualquier atisbo de debilidad y sensiblería para convertirse en proveedores del hogar, sino también contra ese silencio implícito en el pacto social de pueblos y comunidades pequeñas: construir reputaciones en base al famoso ¿qué dirán? y poniendo debajo de la alfombra los secretos y chismes que podían enterrar familias y apellidos de la noche a la mañana.

Muchas familias de Villegas verían en el paso de estos chismes que circulaban de la realidad a la ficción (especialmente en Boquitas pintadas) como la peor de las afrentas que uno de los suyos, aún siendo considerado un paria, podía hacerles. No tardarían en prohibir y censurar a Manuel durante décadas.

El beso de la mujer araña

Publicada desde el exilio en 1976, Manuel construye, en mi opinión, una de sus mejores novelas: en la celda de una cárcel conviven dos personajes por demás desiguales, uno abiertamente homosexual y el otro, un preso político. El tiempo tras las rejas irá transcurriendo entre argumentos de viejas películas hollywoodenses que Molina le relata a Valentín una vez que las luces se apagan.

William Hurt interpretando a Molina - Fuente: www.filmaffinity.com

Así como en las grandes obras de la literatura universal, los personajes cambian a medida que se relacionan y logran una confianza que parecería imposible, las confesiones personales (que tan peligrosas pueden resultar dentro de la cárcel en plena dictadura) comienzan a surgir y es Molina el primero en poner en palabras aquello que siente y lleva por dentro: “...ya que las mujeres son lo mejor que hay… yo quiero ser una mujer. Así que ahorrame de escuchar consejos, porque yo sé lo que me pasa y lo tengo todo clarísimo en la cabeza.

El devenir de Molina y Valentín merece ser leído y compartido por cada uno de nosotros. Estoy seguro, además, que no habrá lectores que puedan permanecer indiferentes ante las razones que llevaron a cada uno de los protagonistas a compartir celda, a actuar como actuaron y las decisiones que tomaron de principio a fin. 

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Manuel Puig falleció el 22 de julio de 1990 en Cuernavaca (México) dejando un legado compuesto por novelas, crónicas, obras de teatro, guiones y cartas a su familia (donde todavía puede sentirse la presencia vívida y cálida de Manuel).

Cristian Dominguez

Redactor y co-productor de contenidos para el sitio web y las demás plataformas de El Resaltador.
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