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Nunca olerás a rosas: amor, dolor y arte con Camila Sosa Villada

Publicado por:El Resaltador

En la previa de su show Masácrame conversamos con la artista cordobesa sobre qué es esto de «salir mugrienta de las cosas».

camila sosa villada en entrevista exclusiva con El Resaltador por su show Masácrame

Por Anouk Rubini

Camila Sosa Villada es intempestiva, magnética y una lengua filosísima. Entra al Cineclub Municipal Hugo del Carril, se presenta con una voz sedosa y apenas identifica a una persona conocida ¡bam! se vuelve toda ella algarabía. A partir de ese momento estamos bajo su hechizo. Es fácil para Camila ser un centro de gravedad al que se dirigen las miradas, la atención.

Las preguntas no paran y ella menos. Para todo tiene una respuesta sin titubeos, precisa. Ella habla y piensa, habla y actúa, habla y performa. Poco importa plantear la inútil pregunta de si se está ante Camila Sosa Villada o ante una obra interminable. Insulso ofenderse cuando lo que dice cortajea. Es una mina brillante que por cuarenta y cinco minutos nos tiene en su juego, sonriente como el gato de Cheshire. Y también (a pesar de la vida jodida que tuvo, o quizás por eso), es frágil.

Esta cordobesa multifacética vuelve al ruedo después de su película Tesis sobre una domesticación. Decide hacerlo con una propuesta desgarradora de voz y guitarra, acompañada por el talentoso músico cordobés Franco Dall’Amore. El show está fechado para este 14 de febrero a las 20 hs en Studio Theater y promete ser una selección de excelsos temas de amor «cortavenas», así descritos por la cantante.

«Hay un momento en el que sí siento que los amo, de verdad»

Arrancando por ese eje temático, le preguntamos algunas cosas sobre el sexo y el amor.

«Mi vida sexual es inexistente», empieza Camila y nos reímos todos. «En verdad, no puedo distinguir el sexo del amor. Siempre la relación que he tenido con mis amantes ha sido de un amor sincero. Y como todo amor alcanza un punto de fulgor durante la relación sexual, y después se extingue, y hasta que vuelve a aparecer pueden pasar días, semanas, meses, años. Pero hay un momento en el que sí siento que los amo, de verdad».

La actriz se separó en 2022. Tuvo un breve y reciente romance, pero el amor de pareja que inspira Masácrame y al que otrora le diera tanto peso hoy le parece «tan evanescente, tan tenue. No es tan poderoso como se cree«, aunque «sigue siendo lo más honesto para mí decirles te amo mientras me están cogiendo y después despedirlos, irme a dormir y esperar a que aparezcan otra vez», dice bajito y allá lejos.

De adolescente, Camila Sosa Villada sufrió tanto por su primer gran desengaño amoroso que tomó un frasco de pastillas. De adulta y con otras preocupaciones, el romance se corrió a los bordes de su vida, salvo arriba del escenario.

«No sé qué es importante realmente, más que el amor a mis padres y a mis amigos y las personas que están conmigo día a día. Pero no es ese amor al que se le escribe canciones», observa.

La enfermedad de sus padres fue lo que torció su perspectiva. Recuerda una película en la que la cámara hacía un efecto que para el espectador resultaba en una sensación de mareo, de no hacer pie en el agua. Elige esa metáfora para describir lo que le sucede en el corazón. «Se torció la perspectiva de lo que yo creía que era atendible, que era importante».

«Tal vez estemos asistiendo a una muerte del deseo mundial»

La charla se desplaza de ese plano íntimo hacia un panorama social y cultural atravesado por el individualismo, el rendimiento y la languidez. Nombramos un estudio que dice que los jóvenes cogen menos que nunca.

«Es esa mierda de los celulares. Eso es lo que nos está chupando el alma», sentencia Camila.

Y profundiza: «La sobreinformación, la exaltación del deseo como una fuerza, un motor de todo lo que hace bien a las personas. Es decir, se supone que si vos estás siendo un sujeto deseante estás haciendo algo bien en la vida. Pero justamente ha sido tan intervenido y tan manipulado que ya no sabemos bien qué es lo que estamos deseando. O al menos yo. Tal vez hay gente que lo tiene más claro, pero no soy yo».

«Tal vez estamos asistiendo a una muerte del deseo mundial. Es decir, lo que estamos haciendo es creer que deseamos, creer que amamos, creer que cogemos, creer que escribimos, creer que hacemos obras de teatro, creer que hacemos cultura, creer que hacemos lenguaje. Y en verdad no está pasando nada de eso«, concluye.

Las ideas se van hilando como telarañas. Se conecta esa gran muerte del deseo con la personal, con la enfermedad, con los padres. Ella no sitúa su deseo muerto en este clima social, aunque reconoce que «no es el mejor para enamorarse, para cuidarse, para cuidar al otro». Conoce su punto de declive: la mortalidad de su padre y su madre.

«Mi mamá se enfermó, para mí, por el estrés que le causó la enfermedad de mi papá, y eso a mí me enfermó el deseo también. Me enfermó la forma de mirar a los hombres, la forma de mirar la potencia amorosa, es decir, después de que los vi en pañales, ¿qué puede tener importancia? ¿Qué importancia puede tener amar o no amar? Desear o no. Sí, es posible que ellos en algún momento se mueran, y ellos son el único lazo que yo tengo además con la vida, no tengo otra familia», piensa Camila, sensible y triste.

Una trava sublimando su dolor en la tarima

Al tiempo que dice estas palabras, la voz de Masácrame va a cantar sobre ese amor que hoy no la conmueve igual. «Es que en realidad son canciones que tienen que ver más con el desamor. Más cuando se termina una obra, que cuando empieza. Son todas canciones muy tristes, muy dolorosas. Yo cada vez que terminamos una de esas estoy así como… [hace el gesto de cortarse las venas] ¡Qué temaaaso!», ríe.

¿Por qué elegir eso para ponerlo en el escenario? Responde segura: «porque es una escena. Yo pienso que esta mujer que canta, esta trava que canta, no soy yo«.

«Es una trava que llega de algún lugar, que le ha pasado algo, y que sublima en el escenario —que es lo que he hecho siempre además, en todas las obras de teatro que he hecho—. Aprovechar ese espacio para buscar salud, para buscar cómo estabilizar algunas electricidades que no hay forma de estabilizarlas más que con medicación o con el teatro, con el escenario», asegura.

Le preguntamos a Camila Sosa Villada qué pasa con el amor travesti. ¿Hay una forma travesti de amar, que el mundo heterocis no conoce, no entiende?

La actriz, escritora y cantante contesta que todas sus amigas travas están en pareja y terminan pagando por ese amor. Con fuerza laboral puesta en esas relaciones, con aguantar económicamente a los tipos, mantenerlos. «Nos cobran por no ser mujeres. Por amarnos, por tener la amabilidad de darnos un beso. Ese es el amor travesti. Es como un doble trabajo: el trabajo del amor y el trabajo económico que supone la relación», reflexiona.

¿Eso también les pasa a las mujeres heterocis? «Ahora sí. Últimamente tengo citas que dicen ‘che, pero no tengo plata para el Uber, no tengo plata para llevar nada‘. Si querés tener una cita medianamente decente tenés que poner de tu bolsillo para que pase esa escena, que vos pretendés además, para tu momento de placer. Viste que los tipos se alimentan de todo: vos tirás mierda y ellos la transforman en una sustancia que los nutre. Con el feminismo los tipos torcieron las cosas a tal punto que ahora no les da vergüenza expresar su miseria. Esa cosa ruin y mezquina. No te hace la diferencia económicamente un vino, un forro».

«Hay una pasión por el cansancio»

Estamos viviendo la era del individuo emprendedor. Del rendimiento, de ser tu mejor versión en todos los aspectos de la vida, la que el filósofo coreano Byun Chul Han, actual vedette de la disciplina, sintetiza muy bien en La sociedad del cansancio.

Hay un agotamiento general, en Argentina y en el mundo, de sostener vidas precarias. No solo precarias en lo material: también en lo espiritual, en el sentido de un «para qué». No estamos pudiendo siquiera desear e imaginar el futuro (porque lo vemos negro), y en lugar de replantearnos el presente para llegar a buen puerto, nos volcamos a la nostalgia como si todo tiempo pasado fuera mejor.

Esta fase tecnocapitalista ensambla los sujetos que necesita: rendidores en lo económico y demasiado exhaustos para todo lo demás. Cualquier acto creativo o sensible no atravesado por la lógica del dinero es rápidamente descalificado, es «de vago» y es inútil.

Sin embargo nuestra maquinización es siempre incompleta. Mientras más nos quitan la pasión más la extrañamos y la buscamos, esperando encontrarla en un oficio, en volver a las manos, en un arte u otra cosa. La nostalgia con la que vivimos el hoy es también una nostalgia por tiempos más humanos. ¿Qué lugar tiene la pasión en la vida cotidiana?

Para Camila Sosa Villada el cansancio y el trabajo extenuante estuvieron siempre, pero ahora «hay una pasión por el cansancio».

«Yo me acuerdo de mis viejos yéndose a la cama la última hora del día, después de que todo el mundo se acostaba, se iban a acostar. Y se levantaban antes de que los gallos canten y empezaban a trabajar. Después tenían media horita, una horita para dormir la siesta y se levantaban y seguían trabajando, y seguían trabajando. Y arrastraban a su hijo a ese modo de existir que tenía que ver con el cansancio. Me acuerdo de mi abuela, me acuerdo de esas mujeres que tuvieron 10, 11, 15 hijos, necesariamente estaban cansadas. Los hombres estaban cansados. Pero sabían en que estaban perdiendo su energía«.

Para la autora el problema es que «ahora no sabemos de qué mierda estamos cansados. Yo no sé de que estoy cansada ¡pero no doy más! Y no descanso y tengo tiempo libre, pero hay algo de la tecnología que consume muchísima energía. Es esto de estar como todo el tiempo haciéndote el marketing, el lobby. Incluso en tu círculo, con tus amigos, con la forma de venderte, de mostrarte como persona, siempre es esa».

Para Camila la figura del cansancio existe desde la Revolución Industrial, pero hay quienes, de algún modo, se salvan por vivir en los márgenes. «Solo los crotos, los monjes, qué se yo, esas personas están más o menos bien paradas en una tela de araña. Esas personas que deciden soltarlo todo para entregarse o a locura, o al desprendimiento total de las convenciones, de dónde tiene que vivir un ser humano, dónde tiene que dormir, dónde tiene que coger, donde tiene que mear, dónde tiene que cagar. Esas son las personas que me parece que están mejor paradas en este momento», subraya.

Benigna nostalgia y lo imposible de hacer algo nuevo

Preguntamos por la nostalgia, abundante en los tiempos que corren. Por reestrenar películas, por la música vieja, por costumbres tradicionales, una «industria de la nostalgia». Antes hablamos de la muerte del deseo. Ahora quizás el deseo aparece, pero el de volver a tiempos imaginados como más simples y más bellos.

¿Cómo ves el mundo del arte frente a eso? «La nostalgia es un aspecto que me cae muy bien a mí. Lo quiero mucho. En el psicoanálisis se cree que es una de las pocas cosas que puede hacer el cuerpo para vencer la ansiedad. Así que debe haber algo que está respondiendo a una ansiedad ecológica, una ansiedad apocalíptica«, responde serena Camila Sosa Villada.

«Por otro lado creo que no hay nada nuevo bajo el sol. Que no es posible hacer que nada entre ni nada salga de este mundo ¿no? Se hacen las mismas películas que se hicieron desde los Lumière hasta hoy, se escriben los mismos libros, se hacen las mismas canciones. A veces lo nuevo empeora, lo empeora todo» ríe la artista.

Una forma del éxito: no hacer nada por la guita y recibirla igual

La charla sigue por los caminos del éxito y su lugar en el mundo, que es y seguirá siendo Córdoba. Por un lado, la cantante de Masácrame no se iría de nuestra provincia por sus padres, para mantener lo que llama «una distancia de rescate saludable» para los tres.

Pero más allá de lo pragmático, Camila Sosa Villada no se imagina viviendo en otro lado. «Cuando me toca irme, siento una profunda tristeza por la pequeña vidita que me hice. Es una vidita de mierda, además no tiene nada especial, mis plantas, mi departamento, mis rituales. El camino de mi casa a la cova, el camino de mi casa al cine, el camino de mi casa al supermercado, a las farmacias, no hay mucho más que eso».

Camila Sosa Villada es, al menos a nuestros ojos, una estrella. Pero cuando le consultamos cómo se llevan el éxito y ella, afirma: «Yo todavía lo estoy esperando. Yo no sé qué ve la gente de exitoso. O qué es el éxito».

«Yo los veo a mis viejos ponele, la inventiva, cómo resuelve mi mamá la comida, cómo resuelve mi papá algo que se rompe. Yo digo, bueno, esa es una vida exitosa. Alguien que sabe arreglar una manija de una olla que se sale. O una mina que con tres, cuatro ingredientes te hace un manjar, que corta el pasto, que riega las plantas. Eso para mí es el éxito. O estar alegre, tener una potencia vital, una pulsión vital. No sería yo«.

La fama fue creciendo despacio, le dio tiempo a Camila a acostumbrarse. No vino de golpe. «Hay algo del éxito que se fue dando de una forma paulatina y fueron pasitos, pasitos, pasitos, decisiones que tomé. Me parece que acertadamente, una de ellas fue no irme a Buenos Aires, mantenerme acá. La otra fue no hacer nada ni por la fama, ni por la guita, ni por nada«, cuenta.

La escritora recuerda, años atrás y antes de esta fama, sus tiempos de ir hasta el medio cooperativo la Garganta Poderosa o a los SRT en bici porque no tenía plata para ir en otra cosa: «Si yo me tomaba un colectivo no llegaba a cubrir el alquiler. Cualquier gasto extra hacía que yo tuviera que trabajar el doble para poder llegar a fin de mes».

Entonces, la forma de éxito que la atraviesa hoy fue resultado de «decisiones muy chiquitas, muy acertadas, muy meditadas también. Eso es una forma de éxito: no hacer nada por la guita y recibirla igual».

«El cine es una industria bastante puta»

Quisimos sacar algún dato sobre la película en producción de su primer libro y el que la puso en el ojo público: Las malas, una historia de travestis bien cordobesas que se acompañan con un amor sincero ante las trompadas de la vida, hermanadas en la tragedia y la alegría.

Camila no nos diría nada ni aunque supiera, por confidencialidad, pero en este caso además sostiene el genuino desconocimiento.

Estaría bueno que sea acá en Córdoba, decimos. «Sí, pero viste que el cine va a contramano de todo. Va a contramano de lo que está bien, de lo que está mal. El cine es una industria bastante puta», es su respuesta.

Agrega que no tiene expectativas sobre Las malas, porque el que se quema con leche ve una vaca y llora: se refiere a su experiencia en Tesis sobre una domesticación.

«No podía ser una buena experiencia. Primero el cine es el cine, ¿no? Pero después no podía ser una buena experiencia, ese personaje. No había forma de que eso fuera una buena experiencia», reflexiona la actriz.

«Yo hago muy poco, pero de una intensidad que es como si trabajara tres personajes juntos al mismo tiempo. Son personajes siniestros. Y como no soy una actriz de método, que tenga un método que sepa sustentarse en la técnica, etc., me tiro a esa agua turbia, ¿viste? Me tiro a esa cloaca. Así es que también termino con medicación psiquiátrica, con ataques de pánico, tirada abajo de una mesa. Pero no podía ser una buena experiencia, porque además la había escrito yo a esa mina. Yo sabía lo que estaba haciendo. Nadie me mintió, nadie me dijo, esto va a ser mejor, esto la vas a pasar bomba. A pesar de que estaba Pocho [Alfonso Herrera], a pesar de que había plata, a pesar de que no sé qué, no sé cuánto, yo sabía que esa experiencia iba a ser dolorosa para mí», culmina.

«A mí me gusta salir mugrienta de las cosas. Jamás oliendo a rosas»

Masácrame tendrá su función el 14 de febrero a las 20 hs, en el Día de los Enamorados. ¿Es un buen plan para una cita? «Yo siempre soy un buen plan, que no te quepa la menor duda. Ir a escucharlo al Fran Dall’Amore tocar la guitarra siempre es una buena elección. El domingo presenta su disco. Ese chico es alguien que está tocado por Dios», admira Camila.

«Después, bueno, sí, hay un poco de circo también. Eso es necesario, ver a alguien acribillándose, haciéndose daño en escena. ¿Quién lo hace, si no? Si todo el mundo quiere salir limpio, todo el mundo quiere salir impoluto. ‘Se hacen las sanas‘, dice Moria. Yo no entiendo, esa moda ahora de la salud, de querer salir y estar bien y ser impoluta, el estoicismo, toda esa mierda. No, no, no me va eso. A mí me gusta salir mugrienta de las cosas. Jamás oliendo a rosas».

Las entradas para Masácrame están disponibles online en Alpogo.com .

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