No es el “Ministerio de la Menstruación”, ¿de qué se trata realmente?

El martes pasado, más de 100 funcionarias nacionales y provinciales se reunieron en el primer foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual.

La gestión menstrual se instaló en la agenda estatal esta semana, mediante lo que algunos mencionaron como “la creación de un Ministerio de la Menstruación”. La realidad es que lo que se comenzó a debatir el martes en el primer foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual es mucho más que eso.

La reunión desarrollada en el Salón Sur de la Casa Rosada contó con la presencia de más de 100 funcionarias nacionales y provinciales. Entre ellas, diputadas y senadoras nacionales, concejalas, dirigentas políticas, cooperativistas y activistas de todo el país. El eje del encuentro fue el planteamiento de iniciativas para revertir la desigualdad en el plano menstrual, la cual no es solo económica, sino social, educativa y laboral.

Este encuentro contó con la presencia de representantes de la Jefatura de Gabinete. También de los ministerios de Economía, Salud, Desarrollo Social, Desarrollo Productivo, Educación, Seguridad, Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. Asimismo, estuvieron presentes funcionarias de ANSES, AFIP, INDEC, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y de AySA.

Durante el cierre del encuentro, la socióloga y feminista Dora Barrancos afirmó que “la gestión menstrual va a ser política de Estado” y que “no hay justicia social sin justicia de género”.

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Los productos de gestión menstrual son caros y encima están gravados: es  una suerte de impuesto a ser mujer” | Radio Futura FM 90.5. Emisora  comunitaria.

¿Qué iniciativas surgieron del foro?

Entre las propuestas que se debatieron el pasado martes, se encuentra la que realizó el Ministerio de Salud de la Nación. Desde dicha cartera anunciaron la ejecución de partidas presupuestarias para la compra de copas menstruales. Esta medida surgió “con el objetivo de su distribución gratuita en distintos programas oficiales”.

El Ministerio de Seguridad también hizo su aporte mediante la compra de 2.000 copas menstruales para las fuerzas federales. Por su parte, el Ministerio de Desarrollo Social anunció la implementación de “una línea específica de gestión menstrual dentro del Programa Inclusión Joven y una línea de financiamiento para experiencias cooperativas por parte de los gobiernos locales”.

¿Por qué denominaron “Ministerio de la Menstruación” a una iniciativa que no lo propone?

En diálogo con Melisa Luc, magíster y docente de la UNC en historia del pensamiento económico e historia económica, ella nos aporta su mirada sobre la denominación de un supuesto ministerio que no existe ni existirá por ahora.

Para ella, denominar al foro del martes pasado como “Ministerio de la Menstruación” parte de una mirada “claramente despectiva hacia la perspectiva de género y hacia todas las políticas que tengan que ver con la igualdad”.

Es importante aclarar que dicho Ministerio no va a existir. En realidad, se trata de un programa que se llevará a cabo entre el Ministerio de Salud y el Programa de Economía y Género presidido por Mercedes D’Alessandro, que se desprende del Ministerio de Economía de la Nación.

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“Tiene que haber una partida presupuestaria para la gestión menstrual”

En palabras de Melisa Luc, “tiene que haber una partida presupuestaria desde el Ministerio de Salud para la gestión menstrual”. Desde la economía feminista, se afirma que al no ser un asunto de salud pública, la menstruación “genera muchos problemas” al ser algo que debemos gestionar de manera privada.

“Esto tiene consecuencias en muchísimas aristas distintas. La primera es que el hecho de que sea responsabilidad de las cuerpas que menstrúan hacerse cargo de la gestión menstrual, deriva en que no hay investigaciones sobre las consecuencias que tiene la menstruación y el uso de productos de gestión menstrual sobre las cuerpas de las personas menstruantes.”

Melisa Luc – magíster y docente de la UNC en historia del pensamiento económico e historia económica

La mitad de la población menstrúa, y en promedio lo hace durante 40 años de su vida. En muchos casos, una persona menstruante pasa más años con su período que sin él.

El hecho que la gestión menstrual no sea un asunto de salud pública no solo interviene en las investigaciones sobre nuestros cuerpos, sino también en las del impacto ambiental de los productos que utilizamos mientras menstruamos. Así, una de las propuestas del foro desarrollado el martes pasado fue la de investigar sobre distintas formas de gestionar la menstruación.

Injusticia menstrual en términos educativos y laborales

En el plano educativo, podemos ver cómo la injusticia menstrual opera diariamente. Concretamente, como muchas personas menstruantes no tienen los recursos económicos para gestionar su período menstrual comienzan a ausentarse en clases durante los días que menstrúan. Esto genera una deserción escolar mayormente entre los 11 y los 13 años.

Si tenemos en cuenta el plano laboral, Melisa Luc nos propone dos aristas. Por un lado, hablamos de un costo elevado para quienes deben adquirir los productos de gestión menstrual, sobre todo si están sobre la línea de pobreza o por debajo de la misma.

A su vez, cabe tener en cuenta que generalmente las personas menstruantes tienen otras personas a cargo que también menstrúan. Por lo tanto, deben hacerse cargo de los productos de gestión menstrual propios y de otrxs. Estamos hablando de un costo elevado, que trae consigo un estigma social que critica constantemente a la menstruación, obligándonos a ocultarla mes a mes.

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Productos de gestión menstrual exentos de IVA

Otra de las cuestiones a tratar por el foro anteriormente mencionado es la quita del IVA a los productos de gestión menstrual. Según explica Melisa, “los medicamentos y todo lo que se considere salud pública no contempla IVA. En cambio todos los productos de gestión menstrual tienen IVA”.

No solo hablamos de IVA en productos de gestión menstrual, sino también nos encontramos con que a ciertos productos se les aplica un “impuesto rosa”, lo cual no es más que un sobreprecio a lo que necesitan las personas menstruantes mes a mes. Un ejemplo de ellos es el “ibuprofeno para mujeres”.