Las mujeres privadas de su libertad en la cárcel de Bouwer denunciaron condiciones insalubres e inhumanas en el recinto y fueron amenazadas con represión.

Las mujeres privadas de su libertad en la cárcel de Bouwer lograron frenar la represión del servicio penitenciario y algunas mejoras en su calidad de vida.
Las violaciones a los Derechos Humanos en las cárceles provinciales son recurrentes y sistemáticas. Desde hace un mes, las presidiarias de Bouwer denuncian sus condiciones de vida indignas, especialmente en cuanto a la falta de calefacción, colchones y mantas en temperaturas invernales y el estado general de hacinamiento, falta de personal, mala alimentación y abandono de las instalaciones.
Recientemente presentaron un habeas corpus colectivo ante la Justicia, detallando la problemática y pidiendo resolución. Entre los reclamos mas críticos está el de la superpoblación, que oscila entre 85 y 90 personas, y significa que muchas internas deban dormir en el piso y con solo una colcha, en un invierno que ha registrado temperaturas bajo cero.
En respuesta a sus reclamos por una vida digna, el Servicio Penitenciario de Córdoba les cortó la luz y el agua y las amenazó con ingresar a la fuerza y silenciarlas con represión.
Frente a la urgente violación de sus Derechos Humanos, las mujeres privadas de su libertad no retrocedieron en la difusión de su problemática y sus familiares expresaron que «cualquier lesión o violación de DD.HH. a las internas responsabilizamos al gobernador Martín Llaryora».
Luchar sirve
Las mujeres en Bouwer consiguieron, a partir de esa difusión, que el Servicio Penitenciario dé marcha atrás con las amenazas de represión, restituya los servicios de luz y agua, entregue colchones faltantes y se comprometa a reparar la calefacción.
Familiares y amigxs de las internas agradecieron a personas, figuras públicas, medios y organismos por la solidaridad y difusión del reclamo.
Aunque manifestaron seguir atentas a cualquier nueva noticia, destacan que «Las redes de solidaridad y cuidado funcionaron una vez más, no hay gracias suficientes. ¡Luchar sirve!»

