Harina Blancaflor: ¿Marketing o decolonialismo?

Una noticia que se hizo eco al comienzo de esta semana, fue que la empresa Molinos Río de la Plata (cuyo presidente es Pérez Companc), responsable de elaborar la popular harina “Blancaflor”, cambió su logo histórico.

Por Agustina Bortolon

La imagen en cuestión, estaba caracterizada por una mujer negra, con guantes blancos y uniforme de cocinera.Todos aspectos que se asocian rápidamente a una “empleada”, a la explotación y además, representaba una asociación directa entre la cocina y las mujeres. 

Esto propició comentarios en las redes sociales y debates en torno al racismo y a la intencionalidad del cambio. Algunos, plantearon que esta decisión era buena y trascendental, mientras que otros argumentaban que el verdadero problema es asociar “negro” con “esclavitud”, y que ahora las ventas del producto se verían disminuidas porque muchas personas aparentemente reconocen el envase sólo por eso. 

Haciendo un poco de historia, en el año 1993, Molinos Río de la Plata había publicado un aviso en el marco de una renovación de packaging, donde dejaban en claro que la imagen de la harina Blancaflor no se iba a modificar, e iba a permanecer con “la negrita” como desde 1956, época de su surgimiento.

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En 2014 hubo otra actualización de la marca, pero el dibujo se mantuvo. 28 años después, y ¿casualmente? un 25 de mayo, decidieron cambiarla. ¿Qué hay detrás de esta decisión? 

Claramente el dibujo de una mujer negra con uniforme de cocinera no era azaroso, y si bien podría a primera vista considerarse como “una simple imagen en un paquete de harina”, era una cristalización de una construcción social que está, aún en nuestros días, profundamente arraigada en el sentido común.

En otras palabras, el dibujo por el cual se popularizó esta marca de harina dejaba en evidencia múltiples estereotipos (cuyos mecanismos de acción son transmitir una visión recortada y acotada de una realidad, que se permea y altera nuestra percepción de determinados aspectos). 

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No podemos negar que la publicidad es un sistema de penetración cultural, y muchas veces -la mayoría- refuerza ciertos patrones, y en este caso puntual, ideas colonialistas y racistas, pese a los reiterados esfuerzos por tratar de decolonizar nuestra sociedad occidental. 

Es decir, si bien las imágenes publicitarias no son el punto de partida de la discriminación y racialización, contribuyen en las apreciaciones sobre distintos aspectos de la sociedad. El dibujo de la mujer afro encerraba en sí mismo años de historias de invisibilización, discriminación y segregación.

No dudamos de que este hecho es un precedente, más allá de que parezca un acto menor y con fines claramente comerciales y marketineros; es una forma de impulsar cambios y nuevas formas de posicionarnos sobre vetustas estructuras de pensamiento. 

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