El canciller dejará su cargo el lunes, tras las elecciones legislativas. Su salida revela las fricciones internas entre los distintos núcleos de poder del oficialismo y anticipa un recambio más profundo en el gabinete.

A tres días de las elecciones legislativas, el gobierno de Javier Milei enfrenta su primer movimiento fuerte de gabinete. Gerardo Werthein dejará de ser ministro de Relaciones Exteriores el lunes, un día después de los comicios. La decisión fue comunicada al presidente y a su hermana, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, en una reunión realizada en la Quinta de Olivos.
Desde la Casa Rosada confirmaron que Milei aceptó la renuncia. La salida del canciller, uno de los funcionarios más cercanos al núcleo presidencial, evidencia las tensiones internas entre los distintos espacios de poder que conviven dentro del oficialismo libertario.
Una renuncia en medio de internas y reproches
En el entorno del ministro saliente aseguran que su decisión responde a “diferencias de criterio” y a una convivencia difícil con algunos miembros del gabinete, en especial con el asesor presidencial Santiago Caputo, figura clave del armado político y comunicacional del gobierno.
El vínculo entre ambos se deterioró durante la última gira presidencial a Estados Unidos, cuando Caputo lo responsabilizó por un supuesto malentendido con Donald Trump, quien habría creído que las elecciones del domingo eran presidenciales y no legislativas. Werthein consideró que el asesor se entrometía en las gestiones diplomáticas a través de canales paralelos con Washington, lo que generó un clima de desconfianza que terminó de quebrar la relación.
La semana pasada, declaraciones públicas del influencer Daniel “Gordo Dan” Parisini, cercano a Caputo, profundizaron el malestar y precipitaron la renuncia. Antes de irse, Werthein firmó más de 80 traslados diplomáticos, gesto interpretado como una forma de marcar su autoridad antes de dejar el cargo.
Reacomodamientos y poder en disputa
La salida de Werthein impacta directamente en la estructura de poder del entorno presidencial. Hasta ahora, el canciller era una figura cercana a Karina Milei, que buscaba equilibrar la creciente influencia del asesor Caputo en las decisiones estratégicas.
Con su renuncia, el ala más técnica y diplomática pierde peso, y se fortalece el núcleo político que rodea al presidente, encabezado por Caputo y sus colaboradores más cercanos. En el plano internacional, también deja en suspenso la continuidad de una política exterior fuertemente alineada con Estados Unidos e Israel, impulsada por Werthein desde la salida de Diana Mondino.
Nombres en danza y señales hacia adelante
Entre los posibles reemplazantes se mencionan al exvicepresidente Carlos Ruckauf, al cónsul en San Pablo, Luis María Kreckler, y al referente del PRO Fulvio Pompeo, exsecretario de Asuntos Estratégicos durante la gestión de Mauricio Macri. También suena, aunque con menos chances, el jefe de Gabinete Guillermo Francos.
La elección del sucesor será un gesto político clave: permitirá medir hacia dónde se inclina el poder en el tablero interno y qué lugar se reserva Karina Milei en el nuevo esquema.
Un gabinete en transformación
La renuncia del canciller inaugura el recambio de gabinete que Milei planea ejecutar tras las legislativas. El mandatario ya anticipó que Patricia Bullrich (Seguridad) y Luis Petri (Defensa) dejarán sus cargos, ambos candidatos en los comicios del domingo, y que Manuel Adorni, vocero presidencial, asumirá como legislador porteño.
“Tengo un contrato con los argentinos y lo voy a cumplir. Después de las elecciones voy a reacomodar el gabinete para encarar las reformas de segunda generación”, afirmó Milei en una entrevista con la Televisión Pública.
La salida de Werthein, a tres días de una elección crucial, muestra las fisuras dentro del oficialismo y anticipa un nuevo ciclo en la gestión. Mientras el presidente busca reafirmar su liderazgo, los distintos sectores que integran el gobierno miden fuerzas en un tablero cada vez más inestable.

