Etiquetado frontal de alimentos, una deuda argentina

Actualmente, nuestro país cuenta con un sistema de etiquetado alimentario que parece no ser suficiente. En reemplazo, se plantea hace varios años la necesidad de incorporar el etiquetado frontal. En esta nota te dejamos toda la información al respecto.

Por Carmela Laucirica

Actualmente, la alimentación en nuestro país está en el centro del debate. ¿Por qué? Porque nuestra industria alimentaria todavía no cuenta con un sistema de etiquetado frontal, el cuál es muy usado en países vecinos como Chile. Nos atrevemos a hablar de “todavía”, ya que existe un proyecto de ley unificado que busca avanzar en el Senado.

Además de Chile, países como Uruguay, Perú, México, Ecuador y recientemente Brasil cuentan con este sistema de etiquetado alimentario. En este, se mencionan las proporciones de azúcar, sodio, grasas y calorías en los alimentos, cuando las mismas son excesivas. Si bien existe una puja entre el área de salud y la de producción, el proyecto cuenta con el aval de los ministerios de Salud; Agricultura, Ganadería y Pesca; y Desarrollo Productivo.

El proyecto se presentó como Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, en donde el objetivo principal es promover una alimentación saludable a través del acceso a información simple y clara sobre la temática. De esta manera, los consumidores y consumidoras podrán tomar decisiones con información real en sus manos.

Así, el sistema de etiquetado frontal se compondría de octógonos de color negro con borde y letras de color blanco en mayúsculas. El tamaño de estos sellos no podrá ser inferior al 5% de la superficie del frente del envase. Tampoco podrá estar cubierto de manera parcial o total por ningún otro elemento. Así, los valores máximos de calorías, azúcares totales, grasas saturadas y sodio deberán cumplir con el perfil de nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En este sentido, el organismo internacional se remite a la evidencia regional para avalar este modelo como el más eficaz.

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¿Qué más propone este proyecto?

A la vez, el proyecto de ley propone prohibir la inclusión de toda forma de publicidad en productos que contengan al menos un nutriente crítico en exceso. Sobre todo, se hace hincapié en los alimentos dirigidos a niños, niñas y adolescentes, además de a la población en general. Incluso, se prohibiría el uso de personajes, dibujos animados, celebridades y demás a la hora de publicitar un alimento en su envase.

Según la última Encuesta de Nutrición y Salud (ENNyS 2) de 2018, 4 de cada 10 niños o niñas padecen obesidad en Argentina. Es por esto que el proyecto también prevé un apartado sobre alimentación saludable en las escuelas primarias y secundarias. Así, proponen que no se comercialicen alimentos ni bebidas que contengan algún sello de advertencia en esos establecimientos educativos.

Más aún, casi 7 de 10 mayores de 18 años tienen sobrepeso en Argentina. Entre el avance de los ultraprocesados en las dietas y el sedentarismo en aumento, nuestros habitantes corren peligro de enfermarse por sus hábitos alimenticios. Aquí hablamos de enfermedades cardiovasculares y hasta algunos tipos de cáncer.

Con este proyecto, estamos hablando de una manera de advertir a la gente sobre lo que va a consumir. No se está hablando de prohibiciones, sino de un acceso más fácil a la información sobre lo que cada uno ingiere a diario. Según los funcionarios que adhieren a la ley, se está tratando de hacer lo que la ciencia ya demostró que es lo mejor.

El etiquetado frontal no podrá ocupar menos del 5% de la superficie del paquete (Foto: OPS/OMS)

No sabemos qué es lo que consumimos

En Argentina, solo 3 de cada 10 ciudadanos mayores de 13 años leen la tabla de información nutricional de los productos que compran. Este dato se desprende de la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud publicada en 2019. Según el ministro de Salud Ginés González García, tanto el sobrepeso como la obesidad configuran “una especie de pandemia más silenciosa, menos estridente pero mucho más mortal y dura desde el punto de vista de los sistemas de salud”.

Profundizando más sobre lo que propone esta ley, nos topamos con que la misma exige que los alimentos que contengan edulcorantes lo informen. También se prohibirá publicitar “las propiedades medicinales” de los alimentos. La industria tendrá 6 meses para adaptarse a la nueva norma desde el momento en que se sancione la ley. Las pymes tendrán 18 meses de plazo.

Cabe recordar que no es la primera vez que este proyecto se instala en nuestro país. “La dinámica social evidencia que la nutrición, y particularmente la Educación Alimentaria Nutricional, en adelante EAN, no reciben la atención que se merecen ni el alcance suficiente. Esto puede visualizarse en su ausencia en la matrícula escolar, lo que dificulta la formación de consumidores informados”, reza la tesis de grado de dos nutricionistas de la UNC.

Actualmente, la industria argentina utiliza en sus envases el Guideline Daily Amount (GDA) monocromático. Tal parece que ese método no es suficiente para la educación de los argentinos y argentinas, porque el porcentaje total de obesidad y sobrepeso en nuestro país ronda el 62%.

Andy Budd::Blogography

Especialistas en alimentación con opiniones contrapuestas

Entorno a esta temática, nos encontramos con dos profesionales de la alimentación, cuyas opiniones y fundamentos discrepan bastante. Por un lado, Mónica Katz:  médica especialista en nutrición y presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN). Por el otro, Soledad Barruti: periodista argentina especializada en nutrición y alimentación, autora de “Mal Comidos” y “Mala Leche”.

Según Katz, el rotulado frontal no ha mostrado un impacto sanitario. “El problema de este etiquetado frontal es que los estudios que se llevaron a cabo para determinar esto más que nada tienen que ver con estudiar la comprensión del usuario, pero lo que no investigaron son los pasos intermedios al cambio de conducta, es decir, si esto va a servir a que de verdad cambie comportamientos saludables en la Argentina”, argumenta Katz.

“Otro tema que también preocupa es que este etiquetado frontal solo abarca al producto terminado y no a los ingredientes. Por otro lado, la evidencia de otros países con este tipo de etiqueta demostró que a la gente le dejan de impactar los productos de góndola con la etiqueta negra, ya que todos la tienen”, continúa la médica especialista en nutrición.

“Obviamente que hay que adoptar un etiquetado frontal porque es necesario, pero me da la impresión de que no es lo mejor, que tiene poco impacto sanitario porque deja la mitad de lo que consumimos fuera de este etiquetado. Por otro lado, tampoco veo que esto lleve a que las industrias reformulen sus productos como sucede quizás en Inglaterra con el sistema de semáforo. Si todo es negro, ¿por qué sentirían la necesidad de reformular el producto?”, concluye la presidenta de la SAN.

Por su parte, la periodista Soledad Barruti nos presenta su postura sobre la alimentación en general a través de dos libros: “Mal Comidos” y “Mala Leche”. A la vez, se posiciona como una comunicadora muy activa en redes sociales, en donde milita por una alimentación saludable, consciente y libre de agrotóxicos y procesados.

“Yogures, cereales, sopas, panes: es tan larga la lista de productos que quedan en evidencia con un buen rotulado frontal que ninguna marca lo quiere. La industria tiene que ser regulada. Invitarla a participar de ese proceso es abrirles la puerta para que hagan lobby en contra”, expresó hace unos meses Barruti sobre la participación de la COPAL en la formulación del proyecto.

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