Tomó la iniciativa como «hija desobediente de un médico militar que ha participado de dichos vuelos así como de los partos clandestinos”. Hace un tiempo fue despedida de su trabajo en el Ministerio de Justicia por la gestión libertaria: además del homenaje a las víctimas, su acción visibiliza las luchas en curso.

Erika Lederer es abogada, militante de Derechos Humanos e hija orgullosamente desobediente de Ricardo Lederer, médico segundo jefe en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo y colaboracionista de la última dictadura militar.
Contra todo lo que representa la crueldad de su padre, Erika decidió tomar el camino opuesto: el de la Memoria, la Verdad y la Justicia, siendo ejemplo vivo de que hijas e hijos no son sus padres. Como parte de su larga militancia por los Derechos Humanos, Erika se prepara para ejecutar una hazaña impresionante en homenaje a víctimas de los vuelos de la muerte, método de ejecución de presos políticos del cual su padre participó.
La hazaña en cuestión es el cruce a nado en marzo de 2027 del Río de la Plata, 42 kilómetros entre Colonia y Punta Lara que conectan las orillas de Uruguay y Argentina, en memoria de aquellas personas que perdieron la vida a manos del Terrorismo de Estado en ese mismo río.
“Quiero poner vida, brazada tras brazada, en donde los genocidas sembraron muerte, horror y desesperación”, afirmó la militante en diálogo con el medio Página/12 y en una carta pública.
Hecho político y poético: Recuperar a los compañeros del olvido pretendido
Su propio padre, Ricardo Lederer, fue quien le contó a Erika sobre los vuelos de la muerte de los cuales el participó. El procedimiento consistía en la elección periódica de personas secuestradas, torturadas y privadas de su libertad en Centros Clandestinos de Detención dispuestos por el gobierno de facto, que eran sedadas con narcóticos (por el propio Lederer y otros médicos cómplices) y arrojadas con vida desde aviones militares al Río de la Plata y al mar argentino. 20 de los cuerpos de estas víctimas llegaron a costas uruguayas y fueron prueba clave e internacional de los aberrantes crímenes de la dictadura.
Ricardo Lederer fue parte tanto de los vuelos de la muerte como de los partos clandestinos de mujeres embarazadas secuestradas cuyos bebés luego fueron apropiados por genocidas y cómplices. A menudo, esas mujeres terminaron siendo arrojadas en los vuelos tras parir a sus hijas e hijos.
Erika, en un contraste de infinita humanidad respecto a la crueldad de su padre, fue una de las primeras integrantes de Historias Desobedientes, organización que en 2017 nucleó hijos e hijas que repudiaban a sus padres represores. Contó todo lo que sabía ante la justicia.
«No es un río cualquiera y sus aguas no son unas aguas más: el Río de La Plata guarda un secreto y una historia de horror que necesitamos rescatar”, dice Erika.
Su cruce significa un nado de entre 14 y 19 horas de duración, según el clima y las corrientes. Para ello entrena exhaustivamente con el entrenador de ultradistancias méxicano Fernando Urritia, con la esperanza de que su hazaña se dé a conocer como un hecho político de visibilización y reivindicación de las víctimas de la última dictadura cívico militar.
“La vida va a imponerse, muy a pesar de ellos”, expresó a Página/12, en referencia a los genocidas y negacionistas. “El deporte es un instrumento para el fin que es sostener la vida por sobre la muerte. Intento que sea un hecho político y un hecho poético, para ello pongo a disposición de la memoria mi cuerpo. Que a través de dos brazadas recupere a nuestros compañeros del olvido pretendido”, afirma la militante, que es además poeta y que luego del cruce publicará un libro.
“Tengo una apuesta por transformar la realidad, no sólo preservar la memoria y traerla, quiero transformarla en una actitud proactiva. Hago una apuesta a que cada uno ponga el cuerpo: en la calle, con los jubilados, en las marchas, donde sea para derrotar a este gobierno apologista”, dice. Erika recibió las consecuencias directas de las políticas del Gobierno Nacional: fue despedida del Ministerio de Justicia y llevó su caso ante la justicia, argumentando que el motivo fue persecución ideológica.
«En lugar de que me vean derrotada y mientras espero la resolución judicial por la restitución en mi puesto de trabajo, con el cruce intento invitar a la potencia y la acción para acompañar las luchas en curso y derrotar a este gobierno y al intento de impunidad de los genocidas y de las fuerzas de seguridad que reprimen la protesta social”, concluye.

