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El pescado que llega a Córdoba, cargado de antibióticos

Un estudió detectó la presencia de 42 fármacos en distintas especies que se comercializan en la capital provincial. El uso de algunos de ellos incluso está prohibido en criaderos. Se desconocen las consecuencias de su consumo a largo plazo. La industria del pescado en Córdoba Capital fue sometida a un estudio, en donde se pudo […]

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Un estudió detectó la presencia de 42 fármacos en distintas especies que se comercializan en la capital provincial. El uso de algunos de ellos incluso está prohibido en criaderos. Se desconocen las consecuencias de su consumo a largo plazo.

La industria del pescado en Córdoba Capital fue sometida a un estudio, en donde se pudo identificar que diversas especies comercializadas en la zona contienen antibióticos en su composición. Así lo afirmaron desde el Departamento de Bioquímica Clínica de la Facultad de Ciencias Químicas (UNC) y el Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (Cibici – UNC/Conicet). Ambas instituciones estuvieron a cargo de esta investigación.

De este modo, lo primero que se puede decir sobre el pescado que se vende en la capital cordobesa, es que se detectaron "residuos de 42 fármacos en muestras de diferentes especies ofrecidas en comercios". Sobre las sustancias halladas, se sabe que sirven para tratar enfermedades infecciosas, no solo en animales sino también en humanos. Incluso, algunas de ellas están prohibidas en los criaderos.

La parte "positiva" de los resultados de este estudio, es que ninguno de los fármacos encontrados los límites de las dosis diarias que una persona puede ingerir. De por sí, ingerir antibióticos en alimentos no tendría por qué tener un lado positivo, más aún cuando la misma investigación aún desconoce las consecuencias a largo plazo. En este caso, se analizaron muestras de sábalo, pacú, trucha y salmón.

En el 100% de los casos se detectaron antibióticos (ATBs) de las familias de macrólidos (claritromicina y roxitromicina), tetraciclinas (doxiciclina y oxitetraciclina) y fluoroquinolonas (enrofloxacina). Los macrólidos suelen recetarse a personas con infecciones respiratorias, y este estudio es el primero en identificar la presencia de claritromicina en músculos de pescados. Otra cuestión alarmante es la presencia de cloranfenicol en el 41% de las muestras, un fármaco prohibido en la producción de animales con fines comestibles debido a su toxicidad. El mismo aumenta la posibilidad de cáncer y anemia aplásica.

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Hallazgos preocupantes sobre la salud

Por un lado, los fármacos utilizados en piscicultura -crianza de peces- son iguales o muy similares a los de uso humano. Esto presenta un potencial riesgo en relación a la resistencia que puede desarrollar el organismo tras consumirlos, generando una pérdida de efectividad. Asimismo, se desconoce "el impacto crónico y el riesgo que implica la mezcla de estas sustancias, tanto en el medio acuático como en la salud humana".

Otra cuestión alarmante es que la presencia de antibióticos no solo se debe a "tratamientos inadecuados durante la cría y producción", sino también a contaminación ambiental en las aguas que estas especies habitan. Según indica el estudio citado, los fármacos han sido utilizados en esta industria por al menos 50 años. En relación a esto, el informe destacó que "entre el 30% y el 90% de ellos atraviesa el cuerpo de los peces sin ser metabolizadas y vuelven al agua, excretadas a través de la orina y las heces."

Desafortunadamente, Valeria Amé -directora de la investigación- confirmó que la administración de antibióticos en criaderos animales está autorizada. Se agregan directamente al alimento o al agua en donde se desarrolla. Lo único que se controla es que los ejemplares destinados al consumo cumplan cierto tiempo libres de fármacos, previo a su comercialización. Esta extensión de tiempo varia según la especie, el tratamiento y la infección.

Respecto a la contaminación ambiental, hay que tener en cuenta que los criaderos de agua dulce toman agua de ríos y arroyos cercanos. Así, cuando esos cuerpos de agua reciben efluentes cloacales mal tratados por las plantas, las especies que allí habitan acumulan esos desechos y se contaminan.

 “Así, los peces de consumo pueden estar expuestos a fármacos veterinarios de forma voluntaria y a fármacos de uso para humano, involuntariamente"

Valeria Amé, directora de la investigación, profesora y directora de la Especialización en Química Ambiental.
Pescado sin vender, la pesadilla de los comerciantes esta Semana Santa | La  Voz
El estudio tuvo en cuenta 4 especies comercializadas entre 2017 y 2018 en Córdoba Capital

¿Qué controles se implementan desde el Estado?

Desde el Ministerio de Salud de la Nación, en 2015 se implementó un Control Nacional de resistencia a los antimicrobianos. Esto fue para asegurar el uso responsable de estos compuestos en la industria. Asimismo, el Servicio Nacional de Salud y de Calidad de Productos Agroalimentarios (Senasa) lanzó el Programa de Control de Residuos, Contaminantes e Higiene Alimentaria (Plan CREHA). El mismo trabaja para la detección de antimicrobianos en alimentos destinados al consumo humano.

¿Qué pasa con los límites residuales permitidos?

Con base en el Límite Máximo Residual (LMR) establecido por la Comisión Europea (CE), CODEX y el Ministério da Agricultura, Pecuária e Abastecimento de Brasil, se contrastaron los datos obtenidos en el informe citado. Este valor de referencia indica el nivel máximo de residuos de antibióticos permitidos legalmente en los alimentos.

"Teniendo en cuenta esos niveles, el 82% de las muestras de pacú, el 57% de sábalo y de trucha, y el 50% de las de salmón, excedieron el LMR de al menos un antibiótico", indicaron desde UNCiencia. Incluso, el portal científico indicó que "algunos compuestos no tienen un nivel seguro porque su sola detección ya implica un riesgo".

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