Bajo las premisas de tierra, techo, trabajo y educación, la Cooperativa Felipe Varela garantiza desde hace más de 15 años el derecho al hábitat y a la ciudad de las y los cordobeses de zona sur.

Por Anouk Rubini
La Cooperativa Felipe Varela lleva más de 15 años garantizando el derecho al hábitat de las y los vecinos de barrios vulnerables en la zona sur de la ciudad de Córdoba, basando su misión en cuatro ejes: tierra, techo, trabajo y educación.
Organizando el deseo y el trabajo colectivo desde 2009, consiguieron convertir un predio descampado en un barrio con todos los servicios, que hoy es el hogar de más de 500 familias.
Agustina Murcia y Diego Mansilla, presidenta y secretario de la cooperativa respectivamente, rememoraron los orígenes de esta asociación que muestra cómo se ve el derecho al hábitat en acción y lo que pueden lograr vecinas y vecinos organizados.
Más de 15 años de trabajo cooperativo por el hábitat
Circa 2009, un grupo de vecinos y activistas comenzó a trabajar en barrios vulnerables en la zona sur de la ciudad de Córdoba, específicamente en Barrio Comercial. “En aquel momento trabajábamos con un programa educativo en 20 barrios de Córdoba a través de vecinos del sector y por intermedio de una fundación que creamos”, explica Diego Mansilla en diálogo con El Resaltador.
Por aquel entonces, las actividades giraban en torno a experiencias de educación popular, deportivas y copa de leche para niñas y niños de la zona de Barrio Comercial, junto a vecinos de Barrio Cortadero y de Villa Libertador. A partir de la demanda de padres y madres, se sumaron los talleres de oficios a las actividades ofrecidas. Pero al cabo de un par de años comenzó a pisar fuerte otra necesidad: la del hábitat, la de la casa propia.
Según comenta la presidenta de la Felipe Varela Agustina Murcia en el programa de La Ranchada Córdoba en Común, esta necesidad habitacional existía desde hace tiempo sin ninguna respuesta estatal: «Las casas de muchas familias ya no tenían patios porque las distintas generaciones iban construyendo, veíamos que no había un acceso al alquiler, no había una política pública ni nacional, provincial ni municipal en torno al hábitat».
Los vecinos de estos barrios eran en su mayoría personas de bajos recursos y/o que trabajaban en la economía informal, para quienes era inalcanzable acceder a planes de financiación de un terreno o vivienda. A la par, los grandes countries seguían avanzando sobre el territorio construible en zona sur.
Ante esa problemática consiguieron todos juntos lo que no podrían haber logrado cada uno por su cuenta. La presidenta de la cooperativa remarca que el aporte individual no hubiera logrado nada, pero el aporte de todos los vecinos organizados fue capaz de conseguir logros colectivos.
Fue fundamental establecer objetivos claros y cumplirlos. Eso construyó confianza de los asociados para con el proyecto cooperativo y permitió su sostenimiento y crecimiento en el tiempo.
Cómo nació la Felipe Varela: «Generar un barrio que sea ciudad»
En diálogo con El Resaltador, el secretario Diego Mansilla cuenta que alrededor del año 2010, frente al lugar donde daban la copa de leche, había un descampado utilizado como basural y depósito de escombros que permanecía en estado de abandono desde hacía 20 años. Además de la suciedad, el lugar era frecuente escenario de hechos de inseguridad en la zona.
Vecinas y vecinos querían transformar ese espacio y ese deseo dio paso a la conformación de la Cooperativa Felipe Varela como tal: «Con los vecinos nos organizamos, nos conformamos en una cooperativa, empezamos negociaciones con el dueño y concretamos un contrato en el año 2011, en donde constataba que adquiríamos seis parcelas de diferentes tamaños de hectáreas, y que lo íbamos pagando cada seis meses, cada una de las parcelas. Y así íbamos consiguiendo un pedacito de escritura a determinada fecha que teníamos tiempo de plazo», explica Mansilla.
Con los años, la recuperación de aquel predio devino en la construcción de un barrio entero habitado por 580 familias y con todos los servicios.
Hacer un vecindario equipado con luz, agua, gas, es un trabajo mayúsculo. Aún así, la Felipe Varela lo logró con el esfuerzo colectivo. Diego rememora aquellas épocas: «Hubo que organizar todo, no solo la compra del terreno sino que nos tuvimos que convertir en agrimensores, en arquitectos. Tratar siempre de generar un barrio que sea ciudad, que tenga todo, que no sea un asentamiento. Nos llevó mucho tiempo de trabajo hasta que el Estado nos conozca: en su momento nosotros llevamos la luz, el agua, por nuestra cuenta. Teníamos solo tres medidores y distribuíamos a las 17 hectáreas del barrio mediante manguera».

Del esfuerzo colectivo y el apoyo estatal nació un barrio cooperativo
Eventualmente el Estado reconoció ese trabajo, la organización y el respeto que se mantuvo con las normativas municipales y provinciales, y comenzó a apoyar a la Felipe Varela mediante programas y convenios.
Ese acompañamiento económico permitió que el barrio despegue, continúe creciendo y al día de hoy, cuente con todos los servicios necesarios. «Pasamos desde un basural a un barrio cooperativo bien organizado, lindo, limpio», señala orgulloso Mansilla.
El trabajo de la Cooperativa Felipe Varela se organiza en cuadrillas o núcleos: de limpieza del barrio y desmalezamiento, en su mayoría trabajadoras; de construcción de las viviendas de los socios (accesibles mediante planes de financiación), en articulación con corralones; de cuestiones administrativas y del vínculo con el Estado; y de construcción para privados, una manera de financiar el resto de las actividades. Limpieza urbana, albañilería, metalúrgica y carpintería son algunas de las tareas que desempeñan diariamente las y los trabajadores de la Felipe Varela.
»Nos propusimos un camino claro, un eje. Si bien al principio siempre era la tierra, la solución era la casa, ¿cierto? Y trabajamos para eso, nos equipamos tanto en herramientas como en recursos humanos«, señala Mansilla.
La cooperativa continúa mejorando el barrio, con la construcción de un polideportivo y sosteniendo actividades deportivas, culturales y educativas, como el centro de terminalidad escolar en conjunto con la Mutual Carlos Mugica.
La mayoría de las 21 hectáreas que componen al barrio ya están ocupadas. La última parcela, de 1,2 hectáreas, se adquirió en 2023. La idea es construir allí bloques de edificios «tratando de implementar un modelo que sea único en Córdoba, de vivienda social, colectiva, sustentable y salud pública«, explica Mansilla.
Disfrutar del derecho a la ciudad, al trabajo, al desarrollo humano
Agustina Murcia subraya la importancia de conformarse en cooperativa: se trata de revisar todo el tiempo qué es lo que hace falta y resolverlo colectivamente. «No nos quedamos solamente en conseguir la tierra y ya, sino que creemos que todos tenemos derecho a la ciudad, todos tenemos derecho a trabajar, todos los niños necesitan vivir en condiciones que les permitan desarrollo físico, psicológico, deportivo, cultural. Entonces, ya llegamos [a conseguir la tierra] y ya hay otra instancia, se te van poniendo otras metas. Y haciéndolo colectivamente es mucho más lo que se disfruta, ¿no? Donde se tiene un eje en común», resume la presidenta.
En ese deseo de crecimiento y mejora, Murcia destaca que compañeras que empezaron trabajando con la copa de leche luego se formaron en administración para poder dialogar con cada socio y entender las problemáticas de cada familia, sosteniendo como práctica fundamental la cercanía del vínculo con los asociados. «Resolver pequeños problemas para ir por los grandes problemas. Ese tipo de trabajo no lo encontrás en el área del mercado, ¿no? Del individualismo, del sálvense quien pueda; esto se pudo conseguir porque todos solos no podíamos.
Una lucha, diferentes procesos
En todo el proceso fueron claves las relaciones con otras cooperativas y organizaciones que, cada una con su proceso, luchan por el derecho a la tierra.
«En el 2012 se conformó la Comisión Provincial de Tierras en Córdoba, que abarcaba el Movimiento Campesino de Córdoba, Hogar Clase Media Mix y la Cooperativa Felipe Varela. Teníamos tres ejes en la lucha por la tierra: el sector de clase media que no podía acceder teniendo la posibilidad de crédito; el sector de los campesinos que no estaban reconocidos en su propiedad colectiva y que eran desalojados por la industria; y los que teníamos la problemática de la tierra en las zonas urbanas, a los que el avance de los countries nos imposibilitaba el acceso», resume Murcia.
La presidenta de la Felipe Varela destaca que estas luchas no son diferentes, sino que se tratan de la misma lucha en común, solo que con procesos distintos: «La agenda por la tierra es diversa de acuerdo a los procesos de cada organización», apunta.
En el caso de la Felipe Varela, sus integrantes tenían en claro que era de primera necesidad conseguir la tierra, mediante compra o expropiación, y que no querían construir más asentamientos sino un barrio completo, con servicios. A su vez, reconocían la necesidad de conformar una agenda en común de resolución de conflictos y regularización de asentamientos ya existentes, en una mesa que integrara los tres niveles del Estado -Municipal, Provincial y Nacional- y las organizaciones a cargo de estas problemáticas.
Ante la ausencia de políticas de hábitat se conformó la cooperativa Felipe Varela con acompañamiento profesional de abogados, escribanos, arquitectos y otros actores que le dieron legitimidad al proyecto y facilitaron las negociaciones con el dueño del predio.
«En el 2012 pudimos conseguir una ordenanza a nivel municipal», dice la presidenta. También se logró entablar diálogos con distintos niveles estatales. Murcia señala al Gobierno Provincial de Córdoba como de los primeros en «tomar una política de hábitat y entender la problemática del sujeto de la economía popular».
Por su parte el Estado Nacional, desde el FISU, hizo una secretaría para dar solución a la urbanización de barrios: »A lo largo de la historia también se ha ido generando una agenda de cómo resolvemos la problemática de hábitat», destaca Murcia.
Lamentablemente, en 2025 la gestión de Javier Milei decidió eliminar el FISU, en línea con su política de paralización de obra pública. El contexto económico actual le impone severos desafíos a la sociedad en general y a las cooperativas y mutuales en particular. Al respecto, el secretario Diego Mansilla concluye: «La actualidad de día está muy dura así que hay poco trabajo y cada vez hay más compañeros que te lo piden (…) veremos cómo son los tiempos y trabajando nomás para adelante. Es duro todos los días, pero por suerte seguimos subsistiendo«, concluye.
Nota con información propia y del ciclo Córdoba en Común del medio La Ranchada.


