Chile: los independientes y la izquierda serán mayoría para escribir la nueva constitución

La derecha y la centroderecha no tendrán poder de veto en los artículos que contenga la nueva constitución ya que no llegan a ganar un tercio de los convencionales constituyentes.

En noviembre de 2019, el “apruebo” por una nueva Constitución ganó con 78% de los votos. Foto: Sputnik News.

Chile tuvo este fin de semana unas elecciones históricas en su país. La ciudadanía votó para elegir a los 155 ciudadanos que conformarán las Asamblea Constituyente, la cual será encargada de redactar la nueva Constitución.

La sorpresa -no grata- fue para el oficialismo. El partido que encabeza el presidente Sebastián Piñera (Vamos Chile) sufrió una dura derrota y solo obtuvo el 21% de los votos. Por su parte, la izquierda y la centroizquierda acumularon el 33% y los partidos independientes, el 45%.

Con estos resultados oficiales del Servicio Electoral (Servel), de los 155 convencionales constituyentes, 48 serían independientes, mientras que la oposición (izquierdas) lograría 52, el oficialismo 38 y los pueblos originarios se dividen los 17 escaños que estaban reservados para ellos.

Esto representa una dura derrota para los candidatos identificados con el Gobierno de Sebastián Piñera, pero también para todos los partidos políticos ya que los independientes son los grandes ganadores del día. Los datos confirman el descontento hacia la clase política que se hizo visible con el estallido social de octubre de 2019.

Lo histórico, por otro lado, es que la conformación de la asamblea será con paridad de género y con la participación de los pueblos originarios.

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La derecha en jaque

El candidato presidencial del oficialista Renovación Nacional -partido del presidente Sebastián Piñera-, Mario Desbordes, hizo un llamado de atención en una conferencia de prensa por el bajo nivel de participación en las elecciones y reconoció: “No hay dudas de que estamos viviendo una derrota, una derrota que nos debe hacer reflexionar”.

Si se mantienen estas proporciones, la derecha y la centroderecha no tendrán poder de veto en los artículos que contenga la nueva constitución ya que no llegan a ganar un tercio de los convencionales constituyentes.

La oposición de izquierda y centro-izquierda, en cambio, sí llegarían a conseguir poder de veto, pero no los dos tercios necesarios para imponer sus cambios sin una negociación.

Todo indica, entonces, que los 12 meses de debate de la Convención Constituyentes serán de mucha tensión y negociación, un proceso difícil que, además, deberá ser sometido al final a un llamado “plebiscito de salida”, en el que los chilenos votarán nuevamente si aprueba o rechazan la Carta Magna en las urnas.

Dejar atrás a Pinochet

De ganar la opción ‘Apruebo’, la nueva Carta Magna será aprobada en el Congreso. Si sucede lo contrario, quedará vigente el texto actual, que data de 1980, escrito durante la dictadura cívico militar (1973-1990).

Hubo ciertas reformas con el correr de los años, reformas parciales que cambiaron su fisonomía y la despojaron de sus elementos menos democráticos. Pero nunca se avanzó en una profunda transformación.

Ahora, la peor crisis social y política desde el retorno a la democracia consiguió lo que un par de años atrás parecía impensable: que casi todo el arco político coincida en la necesidad de redactar una constitución “desde cero”.

Escribirla de nuevo, de punta a punta, ilumina el camino a deconstruir los cimientos sobre los cuales el dictador Pinochet había estructurado un modelo de país para pocos, de educación y salud privada, con monopolios empresariales a cargo de servicios esenciales como la luz y el agua, y de libre extracción de recursos naturales en manos extranjeras.

Será sin dudas un caso único: la construcción de una nueva Constitución dependerá pura y exclusivamente de lo que decida, demande y acuerde la ciudadanía. No hay fuerzas políticas que se impongan sobre la voluntad del pueblo.

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