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Al Hilo, la cooperativa textil nacida de Overola que apuesta a la producción popular

Publicado por:Anouk Rubini

La rama textil de la Asociación Mutual Carlos Mugica, bautizada como Overola y operativa desde 2017, fundó el año pasado la cooperativa Al Hilo: una apuesta a la solidaridad y al trabajo colectivo en medio de una crisis económica que impactó con especial fuerza al rubro textil.

Por Anouk Rubini

Entre las ramas de la Asociación Mutual Carlos Mugica se encuentra Overola, un proyecto nacido en el año 2017 como parte del Centro de Formación Profesional de la mutual.

Federico Zuliani, trabajador de la Mutual y colaborador en el proceso de armado de sus cooperativas, explica cómo surgió Overola: «Un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) diseñó una serie de estrategias para fortalecer las micro y pequeñas empresas textiles o emprendimientos (MyPEs)», explica Zuliani.

Esas estrategias abordaban el autoempleo de los sectores populares en el rubro textil considerando que las barreras de acceso son bajas: hay muchas máquinas, en parte gracias a políticas públicas que facilitaron esa accesibilidad, y el oficio «está a mano». Esto hace que en muchos hogares (especialmente de los grandes polos textiles que son Buenos Aires, Rosario y Córdoba) los emprendimientos de este tipo funcionen como complemento o ingreso principal.

Una de las estrategias que propuso la OIT fue el Banco de Telas, experiencia exitosa y que continúa en Cáritas. Pero desde la Mugica se venía trabajando con la idea de cadena de valor en los textiles: una parte de eso es la confección, pero la mayor captación de valor lo aportan el diseño y la innovación, aspectos no priorizados por las MyPEs. El entrevistado explica que las grandes marcas tercerizan la confección y se enfocan en desarrollar el diseño de sus productos y su identidad, pero en el caso de los pequeños emprendimientos la innovación está en segundo plano. Para cambiar ese vacío nació Overola.

Innovación, diseño y trabajo digno

En Córdoba, micro y pequeñas unidades textiles conformadas por emprendimientos, familias y cooperativas viven de producir y vender ropa a pequeña escala. A pesar de ser una opción de generación de ingresos extendida, sin el acompañamiento adecuado estos pequeños emprendimientos enfrentan dificultades como una escala de producción muy pequeña que eleva los costos, alta fragmentación del sector, poco margen para invertir en marketing y posicionamiento en un rubro dominado por grandes empresas. Estos motivos a menudo los convierten en poco sostenibles en el tiempo.

Atendiendo a ese escenario, en 2010 se armó la Mesa de Articulación Textil de Córdoba (MAT) en la que el Estado junto a universidades, el INTI y diversas ONGs para pensar cómo fortalecer al sector textil. Dos años después se realizó una experiencia piloto de Banco de Telas, que todavía funciona en Cáritas, «con capacitaciones y producción colectiva para sostener el autoempleo y evitar volver al circuito “a fasón” más precario», explica Zuliani.

Y agrega: «Para los emprendimientos chicos, innovación, diseño y trabajo en red se vuelven claves para diferenciarse«. Overola puso el foco en mejorar estos pilares fundamentales, descuidados por las micro y pequeñas unidades textiles ante necesidades más acuciantes de producción.

«Overola siempre se pensó en red (…) surge en el marco de este proceso de la MAT trabajando con organizaciones, universidades, articulando con el Estado todas las puertas que estén abiertas. Hace un tiempo también se trabajó mucho con UTEP, el MTE, el Evita, en la producción de mochilas.»

Juntas se puede lo que separadas es casi imposible

En 2017 la Asociación Mutual Carlos Mugica abre su rama textil con la creación de Overola. El espacio nació como un Centro de Innovación, Diseño y Producción Textil, «un lugar para encontrarse, coordinarse y cooperar y así mejorar cómo se diseña y cómo se vende», resume el entrevistado.

La rama texil de la Mugica mejora aspectos que individualmente se hacen cuesta arriba: diseño, formación y comercialización de productos.

Mediante talleres textiles distribuidos en barrios como Güemes, San Jorge, Villa Rivera Indarte, Floresta y Malvinas Argentinas, el espacio optimizó la capacidad de diseño e innovación de pequeños emprendimientos textiles, compartiendo y abaratando el uso de herramientas e insumos, sumando conocimientos para darle valor agregado a los productos, produciendo colaborativamente entre distintas unidades y poniendo a prueba estrategias de venta, incluso vendiendo en forma conjunta en ocasiones.

Elizabeth Barrionuevo, referente de Overola —y presidenta de la cooperativa Al Hilo, nacida en 2025 a partir de este espacio—, cuenta que en sus comienzos Overola, trabajó junto a la organización de la Iglesia Católica Cáritas, conformando una especie de «cyber de máquinas de coser»: Cáritas, mediante el Banco de Telas, ofrecía telas a muy bajo costo y Overola prestaba máquinas y otras herramientas a mujeres que se dedicaran a la producción de textiles.

Con el tiempo Overola logró expandir sus actividades en el territorio convirtiéndose en centro de capacitaciones en el rubro. Sus talleres distribuidos en el territorio cordobés permitieron que decenas de mujeres de sectores populares aprendieran el oficio, adquirieran capacidades de autogestión y fortalecieran sus propios emprendimientos.

No obstante, en los últimos años la crisis económica impactó con especial fuerza al sector textil y fue necesario repensar el espacio para poder sostenerlo. Buscando la forma más viable de continuar con la misión de Overola, sus integrantes decidieron fundar en 2025 la cooperativa Al Hilo.

Estrategias para la supervivencia: ¿Cómo continuar con un proyecto cooperativo en tiempos hostiles?

Nuestro país atraviesa una crisis económica desde hace años, agravada con las políticas de ajuste del Gobierno Nacional: salarios frenados, menos poder adquisitivo, menor capacidad de consumo, industricidio, pérdida de puestos de trabajo registrados y la imposibilidad de competir con la apertura de importaciones a bajo costo son algunas características que signan este período.

La industria nacional textil es una de las más golpeadas. Según un informe elaborado en marzo 2026 por la Fundación ProTejer, en enero la industria textil registró una caída de 23,9% interanual de su nivel de actividad. Respecto al mismo mes dos años atrás, la contracción es del 34,6%. A su vez, hay alarmantes niveles de capacidad ociosa: siete de cada diez máquinas se encuentran paradas y el sector no muestra signos de recuperación.

¿Cómo sostener el trabajo de cooperativas y mutales en épocas tan complejas? La respuesta que encontró Overola para mantenerse a flote fue fundar la cooperativa Al Hilo para sostener la producción y comercialización de bienes textiles.

«Con el tiempo vimos que era mejor formar una cooperativa porque teníamos más chances: más trabajos y la posibilidad de facturar desde la cooperativa. Lo vimos como un progreso», comenta Elizabeth, y agrega que Overola se mantiene como marca registral por su trayectoria: «Más allá de la Cooperativa Al Hilo, seguimos siendo Overola».

En el mejor momento de Overola, alrededor de 30 mujeres trabajaban en los talleres distribuidos en barrios cordobeses. El espacio funcionaba como fasonero (con ingresos justos, no precarizado) para diversas organizaciones, recibiendo materia prima textil y entregando los cortes para su confección en los barrios.

Hoy, la crisis del sector significó la pérdida de trabajadoras: quedaron solo seis socias, más otras seis mujeres que aún no son socias pero trabajan en el espacio. La mayoría de los encargos se interrumpieron.

«Está siendo difícil competir con los precios que vienen de afuera. La gente está consumiendo menos, ha caído muchísimo lo que es lo textil. Está siendo bastante difícil para todas», lamenta Elizabeth.

En esa línea, la entrevistada agradece el apoyo clave de la Mutual Mugica para sostener a Overola, que sin dicho acompañamiento hubiera cerrado sus puertas.

La apertura de importaciones, una de las claves de la crisis textil

Federico Zuliani y Elizabeth Barrionuevo coinciden en la apertura de las importaciones como un punto de inflexión en la crisis de la producción textil nacional. Los costos de producción local son elevados, el poder adquisitivo de la población disminuyó y con ello la demanda: para muchas familias la ropa o accesorios pasan a segundo plano. Esto acota el margen de ganancia considerando que cuesta mucho producir pero el costo no se puede trasladar demasiado a los precios, porque ya de por sí la demanda es escasa y el volumen de ventas bajó. En ese escenario tan complejo entran los textiles importados de bajo costo contra los cuales es muy difícil competir.

Ante la avalancha de productos tan baratos (cuyo bajo costo se explica parcialmente por las ventajas de la fabricación en empresas masivas, insumos y terminaciones de baja calidad y trabajo forzado en talleres del Sur Global) es »muy difícil lograr ese precio con un taller en Córdoba, pagando salarios dignos. El sector particularmente de la confección siempre tuvo problemas para lograr un ingreso justo», resume Zuliani.

Hoy en día las trabajadoras que siguen participando de Overola y Al Hilo complementan el trabajo textil con otras ocupaciones, mientras intentan tejer alianzas con otras cooperativas y mutuales que participan de la economía social y solidaria.

«Trabajamos mucho con la provincia. Pero bueno, sí cuesta, no hay plata en la calle. Los pedidos no alcanzan y el pago es muy malo», apunta Zuliani.

Y agrega: »Lo que termina ocurriendo es migración o abandono del sector textil hacia otras actividades que las compañeras puedan desarrollar, por ejemplo, tareas de limpieza. Conviene hoy ir a limpiar viviendas, tiene mayor continuidad del trabajo y a veces se paga igual o mejor. Entonces se está desarticulando el sector y se está perdiendo mano de obra en unidades productivas, se pierde el know-how: el valor de la organización o de la empresa en marcha. No es lo mismo un grupo de recursos, máquinas, personas, equipamiento que tener una organización que esté en marcha, que ya esté produciendo, que tenga las personas formadas, la clientela y un saber que esté llevando adelante en cada una de las etapas del proceso de compra, confección y comercialización del producto. El impacto este es grave y va a costar recuperar eso porque compañeras que se han ido, es muy difícil traerlas de nuevo al sector por la poca regularidad del trabajo, que es un problema que tenemos y sobre el cual venimos trabajando fuertemente».

Buscando soluciones colectivas

El entrevistado comenta que actualmente se está trabajando por la conformación de una federación de cooperativas textiles cordobesas.

El objetivo es que dicho espacio »sirva como una unidad de gestión y nos permita distribuir trabajo entre las organizaciones».

El esfuerzo conjunto de estos espacios de trabajo ya dio frutos con algunas producciones conjuntas. Un aspecto clave de armar una confederación es la flexibilidad y complementariedad que tiene la sinergia de diversos proyectos textiles trabajando juntos.

Cada cooperativa que participa se destaca en algún aspecto productivo permitiendo distribuir de forma eficiente los trabajos según las posibilidades, fortalezas y necesidades de cada espacio.

La confederación está en proceso de oficializarse, pero por lo pronto se constituye como una estrategia viable para sostener el trabajo de años de Overola y otras cooperativas, que con enorme compromiso detectaron un vacío en el escenario productivo local y pusieron creatividad, alianzas y manos a la obra para resolverlo.

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