Según el INDEC, la tasa de informalidad se ubicó en 44,2%: casi 6 millones de argentinos trabajan sin derechos laborales. Más allá del desempleo, que en el primer trimestre de este año llegó al 8,8% en el Gran Córdoba, el Observatorio Social y Cultural de la UNC reveló que la característica de esta crisis está en quienes sí tienen trabajo pero viven más sobreexplotados y precarizados que nunca.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en el primer trimestre de 2026 la tasa de actividad (TA) fue del 48,6%, la de empleo (TE) del 44,8% y la tasa de desocupación (TD), del 7,8%.
La tasa de actividad calcula el porcentaje entre la población económicamente activa (PEA) y la población total de referencia. La PEA son todas las personas en edad de trabajar que tienen una ocupación (ocupados) o que sin tenerla, la buscan activamente y están disponibles para trabajar (desocupados). El informe del INDEC ilustra que, en nuestro país, hay un 48,6% de PEA.
La TE calcula específicamente el porcentaje de personas ocupadas sobre la población total; es decir, quienes trabajan al menos una hora semanal y reciben remuneración por ello. En el primer trimestre, la TE se ubicó en el 44,8%.
En cuanto a la TD, el porcentaje de personas desocupadas disponibles para trabajar y que buscan empleo activamente respecto al total de Población Económicamente Activa, la misma se ubicó en el 7,8% a nivel nacional. En el Gran Córdoba, la cifra asciende por encima de esa media, a 8,8%.
Otros momentos históricos del país han visto peores tasas de desocupación, pero el Observatorio Social y Cultural de la UNC alerta que hay que mirar hacia dentro de la composición de la tasa de empleo: en este ciclo político y económico, la crisis no es tanto de desempleo, sino de informalidad, precarización y sobreexplotación.
44,2% de las y los trabajadores argentinos son informales
Existe un desfasaje entre los indicadores macroeconómicos según los cuales las cifras de inflación y pobreza son bajas y el cómo experimentan la vida diaria las familias cordobesas.
Según INDEC, solo el 55,7% de las y los trabajadores del país está en condiciones de formalidad, mientras que el 44,2% trabaja de manera informal.
Del total de 13,5 millones de ocupadas y ocupados, el 8,1% no trabajó durante la semana; el 12,1% fue subocupado: quienes trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestos a trabajar más horas; el 26,6% estuvo sobreocupado y el 53,3% tuvo ocupación plena, es decir, que trabaja más de 45 horas semanales.
16 investigadores del Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la UNC estudiaron esta brecha y publicaron los resultados en el informe Trabajar más, llegar menos: nuevas dinámicas de la crisis actual en Córdoba.
Entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025, la tasa de desempleo osciló entre el 6,4% y el 7,9% En 2004, en el período inmediato posterior al colapso de 2001-2002, esa cifra llegaba al 14,4%. Pero, según el informe del Observatorio, eso no significa que no estemos en crisis.
Una de las principales características de la crisis que viven actualmente las y los argentinos no pasa por niveles exorbitantes de desempleo, sino por el endeudamiento como estrategia de supervivencia. La típica imagen de filas eternas de desocupados, si bien tuvo algunas postales en la era Milei, no es la más explicativa de este presente, señalaron las y los investigadores.
“Estamos viviendo una crisis que no es solamente de desempleo, que no se vuelve visible en piquetes y cortes de ruta, pero que igual cambió las reglas de juego sobre cómo sobrevivir, qué esperar para nuestro futuro y dónde creemos que nos paramos en la estructura social”, advierte el informe.
Los signos de esta época tienen más que ver con la sobreocupación, el pluriempleo y una organización interna de los hogares argentinos como entidades financieras endeudadas.
Los hogares de Clase Media y Clase Trabajadora registran tasas de sobreocupación de entre el 25 y el 30%: uno de cada tres sostenes de hogar en posiciones intermedias y altas trabaja más de 45 horas semanales. En la Clase Media B —que concentra a mujeres y jóvenes como principales proveedores de ingreso en hogares unipersonales o pequeños— el pluriempleo alcanza el 27%. Casi uno de cada cuatro trabaja en dos o más empleos. Aún así, con sobreocupación y pluriempleo, el desgaste y la preocupación son constantes y no se llega a fin de mes.
El docente, investigador y codirector del proyecto del Observatorio, Gonzalo Assusa, así lo explicó en diálogo con Perfil: “No se trata solamente de tener un trabajo full time para vivir. El trabajo full time no está alcanzando. No solamente el trabajo full time históricamente empobrecido y precarizado, sino trabajo full time en el Estado, en el Conicet, en la universidad. Ese trabajo de ocho horas por día no está alcanzando”.
El endeudamiento como subsistencia
El informe del Observatorio ilustra cómo el crédito, la cuotificación de consumos y la adquisición de deuda son el pan de cada día de los hogares cordobeses. Ya no son herramientas para inversiones o gastos extraordinarios puntuales, sino para cubrir necesidades básicas cotidianas, como la alimentación.
Entre 2021 y 2025, la proporción de hogares que compró en cuotas o al fiado aumentó del 51% al 61,9%. En 2004, ese porcentaje era del 32%. En el mismo período, los hogares que solicitaron préstamos a bancos o instituciones financieras se duplicaron: pasaron del 8,3% al 16,8%. Y el índice general de financiarización del consumo —que incluye el uso de ahorros, la venta de pertenencias, los préstamos y las compras en cuotas— duplicó en 2025 el valor registrado dos décadas atrás.
Assusa explica la diferencia entre el «endeudamiento de capitalización» y el «endeudamiento de subsistencia»: “Una cosa es estar endeudado porque te volviste propietario a partir de un crédito hipotecario. Otra cosa es estar endeudado porque no llegás a fin de mes y tomaste a crédito alimentos y sacaste un crédito para cancelar ese crédito. Eso no es un nivel de endeudamiento que habla de crecimiento económico. Habla de precarización de la vida”.
La conversión del hogar en una entidad financiera es un trabajo extra
Las familias cordobesas no solo están ante la problemática de conseguir dinero mediante trabajos mal pagos y/o múltiples: también se ven obligadas a aprender nuevas formas de gestionar ese dinero para que rinda, y eso en sí mismo se vuelve otra fuente de presión y esfuerzo que exige tiempo y energía, convirtiéndose así en un trabajo extra.
“Toda la energía mental cuesta: qué día hay descuento para tal cosa, qué me conviene comprar, qué me conviene no pagar. ¿Me conviene no pagar los impuestos para tener esa plata en el bolsillo y después pagar moratoria con el aguinaldo?”, describe Assusa. “Eso implica una ingeniería realmente compleja que se ha trasladado a la familia, que está presionada, trabajando más y consumiendo menos, porque todo esto se hace en un marco de caída del consumo”.
“Las publicidades de plataformas para invertir online y todas las que ofrecen servicios de broker digitales están interpelando a trabajadores comunes y corrientes. La cartelería tiene, por ejemplo, una enfermera y el eslogan es ‘enfermera de día, inversora de noche’. No estamos hablando de inversores profesionales, estamos hablando de inversores amateurs que no están acumulando capital. Están tratando de que les rinda un poco más la plata”, agrega.
Todxs endeudadxs, pero no de igual manera
El estudio clasifica a los hogares de Gran Córdoba en cinco posiciones del espacio social —Clase Media A, Clase Media B, Clase Trabajadora, Precariado A y Precariado B— a partir de variables de capital económico, capital cultural e inserción laboral, con una metodología que incorpora también la edad, el género y la configuración familiar del principal sostén del hogar.
En los hogares de Clase Media B, el 74% compró en cuotas o al fiado. En los hogares del Precariado A —con sostenes mujeres de mayor edad—, la cifra cae al 50%. Acceder al crédito no es necesariamente una ventaja: depende de para qué y en qué condiciones. La proporción de hogares que recurrió a sus ahorros para cubrir gastos mensuales creció del 34,1% en 2023 al 39,6% en 2025. Entre los hogares con sostenes jóvenes de Clase Media B, ese porcentaje llega al 55%.
La edad y la situación habitacional emergen como factores determinantes. Los hogares con sostenes jóvenes son inquilinos en mayor proporción —el 61% en la Clase Media B, el 44% en el Precariado B— y eso impone una presión de gasto estructural muy alta. Los hogares con sostenes de mayor edad, en cambio, con frecuencia son propietarios: el 18% de los hogares de Clase Media A cobra ingresos por alquiler. La dinámica es regresiva: los jóvenes inquilinos financian a los propietarios mayores.
«Personas que trabajaron toda su vida de manera registrada o no registrada, que tienen derecho a un momento de vejez cuidada y que en esta situación tienen muy bajos ingresos, no pueden recurrir ni siquiera a los mecanismos de financiarización y tienen que elegir entre comprar remedios o prender la calefacción», describe Assusa.
El informe sintetiza de este modo la situación: «Los hogares están todo el tiempo activos, calculando, administrando hasta el último centavo, hasta el último límite de la tarjeta, hasta el último día de pago y el último interés, en condiciones muy desiguales para planificar, apalancarse, acumular y ahorrar. La presión económica sobre las familias es muy alta y el Estado se ha retirado progresivamente de sus responsabilidades de contención, regulación e integración social».
A la amortiguación de la crisis no le queda mucho resto
El informe de la UNC cierra con un panorama que a corto o mediano plazo se recrudece drásticamente: las familias están alcanzado el límite de los recursos disponibles para aminorar la crisis.
“Si el reemplazo de la provisión pública de bienes como la educación, la salud o la vivienda es la sobreexplotación, los malabares financieros de la familia y el endeudamiento, la crisis no solo ha transformado nuestro modo de sostener la vida. También ha vuelto problemáticamente insostenible la gestión de nuestra economía, y nos expone desigualmente a agotar los medios disponibles para sostener nuestra existencia”, concluye el informe.
Para Assusa, los niveles de endeudamiento no hablan de mala previsión ni de crecimiento económico: “Lo que hablan es de una crisis de reproducción profunda que ha llevado al límite los tiempos y las capacidades de sostenimiento y de energía de supervivencia”.
