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El 25 de mayo de 1810 en clave cordobesa: la “contrarrevolución” de la élite

Publicado por:Ramiro Quintanilla

En los colegios nos enseñaron una historia que refleja el objetivo de crear una patria, con una historia común, con el puntapié inicial de la Revolución de Mayo que marcó el camino para la Independencia de 1816. Pero en Córdoba, la élite gobernante “decidió” que la revolución no era una buena idea. ¿Cómo se explica esa situación?

25 de mayo de 1810, Córdoba, Virreinato del Río de la Plata. Un día como cualquier otro donde el Río Suquía seguía corriendo de norte a sur, donde en el Cabildo se tomaban las decisiones y donde las órdenes se tomaban en dirección a lo que mandaba el virrey Cisneros.

Pero en las orillas del Río de la Plata, se destituyó al representante de la corona española y se llamaba a la designación de la Primera Junta con Cornelio Saavedra de presidente; los secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno; y los vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Miguel de Azcuénaga.

Hacia Córdoba, una de las capitales más importantes del virreynato por ser el punto medio del camino entre las capitales del virreinato del Perú y del Río de la Plata, partió un emisario para dar las noticias y comunicar que debía reconocerse a la nueva junta de gobierno como legítima. 

Según el trabajo de la historiadora cordobesa Virginia Ramos, las noticias oficiales llegaron a Córdoba el 4 de junio de 1810. Lo que dio pie al inició de la “contrarrevolución” cordobesa: un intento de sostener el poder de la corona en nuestras tierras. 

Córdoba y su élite gobernante

Santiago de Liniers, ex virrey del Río de la Plata, era una de las cabezas políticas de la entonces Intendencia de Córdoba del Tucumán. El gobernador era Juan Gutiérrez de la Concha, el jefe de la guarnición militar era Santiago de Allende, el obispo se llamaba Rodrigo de Orellana, y quien también formaba parte de este alto círculo era el Deán Gregorio Funes. 

Ante las novedades provenientes del puerto, se reunieron en estos representantes de la élite junto a otros en el Cabildo para debatir el pliego a la revolución. Dean Funes fue el único que apoyaba la idea de reconocer a la junta de gobierno, pero el resto rechazó la propuesta que tomaron como una “imposición” porteña.

La significativa historia de más de dos siglos y la autonomía política económica de Córdoba fueron los fundamentos de la decisión, que estuvo acompañada de una resistencia militar a la iniciativa de la Revolución de Mayo. 

La “contrarrevolución” en Córdoba, como muchos llamaron a la decisión de la élite gobernante se argumentó en el molestar de la alta alcurnia cordobesa con la falta de consulta del Cabildo porteño.

La respuesta

Enterados de la decisión, desde Buenos Aires enviaron expediciones militares a las distintas intendencias para hacer cumplir las órdenes de la revolución de Mayo. En el caso de Córdoba, el comandante Francisco Ortíz de Ocampo encabezó el grupo militar que quería acallar cualquier tipo de respuesta contra el Cabildo.

Así luego de breves enfrentamientos, toma prisioneros a los gobernantes cordobeses pero no acata la orden de fusilarlos. Desde Buenos Aires querían que la acción fuera ejemplificante contra cualquier resistencia al gobierno independentista.

Deán Funes intercede, y Ocampo decide enviar a los ahora prisioneros en carreta hacia el puerto. Pero en el camino, cerca de la actual localidad de Los Surgentes, son interceptados por otra expedición comandada por Juan Ramón Balcarce en la parte militar, Juan José Castelli y Domingo French en la parte política.

Este sector más radical de la revolución, decide fusilar a los prisioneros por mostrar su oposición al nuevo gobierno patrio. Esta acción serviría como ejemplo a las intendencias que no se plieguen a la gesta independentista que comenzaba. 

El gobernador de Córdoba, Juan Gutiérrez de Concha; el ex virrey del Río de la Plata, Santiago de Liniers; el jefe de la guarnición militar, Santiago de Allende; el tesorero de gobierno, Joaquín Moreno; y el letrado y asesor del gobierno, Victorino Rodríguez, fueron fusilados el 26 de agosto de 1810. Mientras que el obispo Rodrigo de Orellana fue el único que escapó del destino fatal pero fue apartado de sus funciones y encarcelado. 

La intervención

Las consecuencias del sublevamiento de las autoridades cordobesas tendrían consecuencias para la Provincia: el 3 de agosto, la Junta Provisional Gubernativa designó a Juan Martín de Pueyrredón como gobernador interino de la gobernación intendencia de Córdoba.

Es decir, nuestro territorio estaba intervenido. La intendencia de Córdoba eligiría al Deán Grgeorio Funes como integrante de la Junta Grande, órgano que sucedió a la Primera Junta en el gobierno revolucionario. 

Estaba integrado por los integrantes de la Primera junta y nueve diputados provenientes de las provincias que se habían adherido al gobierno de Buenos Aires.

Pese a esta representación y la participación de la intendencia en la revolución mediante el aporte de soldados, armas, riquezas y demás en la causa independentista, Córdoba siguió estando intervenida sin poder elegir sus propias autoridades, hasta 1815. Luego vendrían cambios de mandos, diferencias frente al gobierno federal, y una participación importante en las guerras civiles que sufriría la Argentina luego de su independencia.

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