La Municipalidad y la UNC financiarán una investigación inédita para relevar el consumo de sustancias y el impacto de las pantallas en la población cordobesa. El proyecto busca generar evidencia científica local para fortalecer las políticas públicas de salud mental y adicciones.

La Universidad Nacional de Córdoba y la Municipalidad de Córdoba financiarán un estudio pionero sobre la prevalencia del consumo de sustancias en la población general de la ciudad, con el objetivo de producir evidencia científica territorial que permita fortalecer las políticas públicas vinculadas a la salud mental y las adicciones.
La investigación buscará conocer patrones de consumo, percepciones de riesgo, trayectorias y factores asociados, incorporando además una dimensión específica sobre el uso de pantallas y sus efectos en las formas de crianza y las dinámicas de cuidado familiar, especialmente en niños y niñas de hasta cinco años.
El estudio aportará información local actualizada para orientar estrategias de prevención, detección temprana y acompañamiento, así como el diseño de intervenciones basadas en evidencia. Según destacaron desde el programa, es la primera vez que un municipio invierte en investigación en salud mental y adicciones y que la UNC crea una línea específica de estudio en esta temática, posicionando a Córdoba como una experiencia pionera a nivel nacional.
La directora del equipo de investigación, Ana Faas, explicó que existe una relación entre el consumo de sustancias y el uso problemático de pantallas debido a mecanismos neurofisiológicos compartidos.
“El consumo de sustancias funciona de manera similar al refuerzo obtenido mediante las pantallas. Los algoritmos están diseñados para atraparnos y no soltarnos, igual que las sustancias. Existe todo un mecanismo neurofisiológico común”, sostuvo la especialista.
Faas advirtió además sobre los efectos del uso excesivo de pantallas en la primera infancia. “A esa edad el cerebro se está formando y si las pantallas están activando el circuito de recompensa todo el tiempo, afectan procesos simbólicos fundamentales, como la adquisición del lenguaje”, señaló.
La investigadora remarcó que el principal problema aparece cuando las pantallas reemplazan el intercambio con otras personas durante la crianza. “En un niño pequeño, el adulto tiene que mediatizar el intercambio, nombrando lo que aparece, buscando cuestiones que alienten la creatividad y la conversación. El problema es cuando el niño queda solo con la pantalla y esta reemplaza el intercambio con el otro”, explicó.
En esa línea, sostuvo que uno de los primeros indicadores del uso problemático de pantallas en edades tempranas es el retraso en el desarrollo del lenguaje.
Además del relevamiento y el mapeo territorial, el proyecto prevé una etapa posterior de capacitaciones y recomendaciones destinadas a promover cambios de conducta y fortalecer las herramientas de cuidado familiar.
“El cerebro de un niño es como una esponja que absorbe todo lo del ambiente, los estímulos, y parte de esa arquitectura en formación es nuestra responsabilidad”, agregó Faas al referirse al rol de madres, padres y tutores.
La iniciativa se desarrolla en el marco del Programa de Investigación en Salud Mental y Adicciones (PRISMA), articulado entre el Observatorio Social y Cultural para el Desarrollo Sostenible de la UNC y el Observatorio Municipal de Salud Mental y Adicciones, dependiente de la Secretaría de Salud de la ciudad.
El programa seleccionó las propuestas mediante concurso público y destinará un financiamiento de 30 millones de pesos. Además de este estudio, PRISMA financiará un segundo proyecto encabezado por Solana Yoma, titulado “Análisis y evaluación situada del abordaje integral comunitario: estudio de los Puntos de Encuentro Comunitario (PEC) en la ciudad de Córdoba”, orientado a analizar el impacto de las políticas públicas implementadas durante los últimos seis años.

