En diciembre, una joven cordobesa llevó la voz de toda una generación al corazón de la diplomacia mundial. Galia Kademián, abogada de 24 años, recibió el Youth Carnegie Peace Prize en el Palacio de la Paz, en La Haya, por un informe regional que pone a las juventudes en el centro de la construcción de paz en América.

El reconocimiento destaca un trabajo colectivo impulsado junto a organizaciones juveniles de todo el continente, desde Canadá hasta la Argentina. La ceremonia reunió a embajadores y representantes de la Corte Internacional de Justicia, y fue allí donde Kademián subió al escenario en nombre de 18 organizaciones lideradas por jóvenes.
El premio fue otorgado a Am-YAT, una red continental que apuesta a algo tan simple como poderoso: que la paz no sea un discurso lejano, sino una práctica cotidiana, accesible y con participación juvenil real en la toma de decisiones.
Creada en mayo de 2024 bajo el paraguas de la United Network of Young Peacebuilders (UNOY), Am-YAT reúne a 25 jóvenes de 16 organizaciones de América del Norte, el Caribe y América Latina. En abril de 2025 lanzaron su informe insignia Catalyst for Change, una publicación basada en evidencia que busca llenar vacíos históricos en la investigación sobre juventud y paz, y ofrecer herramientas concretas para quienes toman decisiones.
En diálogo con este medio, Kademián destacó dos dimensiones del trabajo galardonado:
«La primera es que busca visibilizar que en América Latina existen y circulan formas de violencia y de conflicto (…) Para nosotros, la paz no es solo la ausencia de guerra; es la igualdad, el diálogo, la coexistencia. Entonces, si bien en las últimas décadas no hemos atravesado conflictos bélicos, sí convivimos a diario con violencias estructurales: desigualdad, exclusión, crimen organizado, violencia institucional, violencia de género, discursos de odio y vulneraciones de derechos humanos.
Y el segundo aspecto más importante del informe es justamente la visibilización del rol activo de las juventudes en la construcción de paz. Es decir, cómo los jóvenes le hacen frente a la violencia»
Los jóvenes somos capaces de construir nuestro propio futuro y también nuestro propio presente (…)combinamos dos cosas muy potentes: mucha esperanza, que a veces otros sectores han perdido, y habilidades para organizarnos, aprender, adaptarnos y sostener procesos
Galia Kademián, abogada
El trabajo premiado
El informe premiado aborda tres ejes clave: la polarización en las Américas y el rol de las juventudes como constructoras de diálogo; la resolución pacífica de conflictos a partir de habilidades como la empatía y la escucha activa; y el activismo juvenil en defensa de los derechos humanos y ambientales.
Actualmente, el eje que más interpela a la abogada es la polarización, no solo porque atraviesa las discusiones partidarias en la Argentina, sino porque se está volviendo una lógica social más amplia y una forma de mirar el mundo.

«La polarización instala la falsa idea de que solo hay dos posiciones posibles, como si una fuera ‘la verdad’ y la otra ‘el error’, y eso convierte a quien piensa distinto en un enemigo. Además pareciera que uno tiene que sostener esa mirada polarizada en todos los aspectos de la vida social», reflexionó Galia.
Y en ese sentido, agregó: «Para mí, el problema de fondo es que la polarización erosiona una de las riquezas centrales de la democracia, que es el pluralismo. Las sociedades se construyen con múltiples voces, con matices, con discusión pública y con consensos que rara vez se encuentran en alguno de estos polos. Sin diálogo, no hay convivencia democrática, y sin convivencia democrática, la paz se vuelve frágil«
El informe no se queda solo en el diagnóstico, sino que propone herramientas concretas. En ese sentido, Kademián resaltó la importancia de una recomendación especialmente prioritaria a nivel estatal: extender financiamientos sostenibles.
«Hoy muchas ONGs se sostienen con donaciones, pequeñas y grandes, pero esos financiamientos con frecuencia no habilitan el desarrollo institucional que hace falta para sostenerse en el tiempo. Muchas organizaciones terminan viviendo ‘al día’, la mayoría de ellas compuestas por voluntarios y no trabajadores, y eso tiene un costo enorme. Se les exige muchísimo a jóvenes voluntarios y, además, se vuelve muy difícil proyectar a cinco años o más. Esa falta de previsibilidad limita el accionar y también limita el impacto. Por eso creo que es clave pensar sistemas de financiamiento que no sean sólo para proyectos puntuales, sino también para fortalecimiento institucional y sostenibilidad», dijo la joven abogada.
Un discurso que puso al país en lo más alto
Uno de los momentos más potentes del evento fue el discurso de Kademián al recibir el premio. Se presentó como argentina, cordobesa y joven del interior del país.
«Para mí era muy importante, primero, visibilizar que soy de Argentina, que vengo de nuestro continente y de nuestro país, y sobre todo que soy del interior. Muchas veces las oportunidades y la visibilización se concentran en las grandes capitales del mundo, y también, dentro de los países, en las grandes ciudades. Entonces, quise mostrar que vengo de una provincia donde hay muchísimos jóvenes comprometidos con la construcción de paz, y de un país donde también hay muchísimo trabajo en esa línea», contó Galia.
La entrevistada detalló que estaba hablando frente a funcionarios, jueces y personas con muchísima trayectoria, y le parecía clave que se viera que en Argentina existen existen organizaciones con profesionalismo, con trabajo territorial y con propuestas serias, haciendo todo lo que yo estaba mencionando. Buscó poner en valor que desde acá se construye paz con compromiso, con calidad y con resultados.
Además, y dedicó el reconocimiento a “los héroes de las Américas”. La mención al Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria y a la resiliencia de las juventudes atravesadas por crisis sociales y económicas resonó fuerte en la sala: un recordatorio de que, incluso en contextos adversos, las y los jóvenes siguen siendo motor de cambio.
«Yo quería transmitir que lo que hacemos como jóvenes muchas veces es heroico. He visto jóvenes que sacrifican horas de sueño, tiempo, estudio, vida personal, y muchísimas cosas más, por sostener el trabajo de la construcción de paz. He visto cómo dedican su vida, y también cómo son golpeados por situaciones económicas, políticas, por inestabilidades de todo tipo. Entonces, para mí, realmente hay algo heroico en ese esfuerzo sostenido y comunitario. Lo heroico es que, pudiendo no hacerlo, los jóvenes se ponen al servicio del otro», dijo Kademián.

Futuros posibles
Muchas veces se subestima el rol político de las juventudes, pero este grupo ha demostrado capacidad de organización y denuncia en un contexto atravesado por crisis económicas, sociales y ambientales.
Le pregunté a Galia sobre la posibilidad de imaginar otro mundo, otra realidad superadora a la actual….
«Para mí, ‘crear otros futuros posibles’ es algo que no puedo separar de la democracia. Porque, en el fondo, el fin de la democracia es, entre otras cosas, permitirle a cada individuo llevar adelante su proyecto de vida conforme a sus propios deseos y en igualdad de condiciones. Entonces, crear otros horizontes es caminar colectivamente hacia un mundo donde las personas sean más libres, donde tengan oportunidades, donde puedan elegir, donde no estén determinadas por violencias o desigualdades que se naturalizan», enfatizó.
Y añadió: «la equidad y la justicia social ocupan un lugar central. No solo porque nadie se salva solo, sino porque no es un proyecto de país ni un proyecto de sociedad deseable que algunos tengan más y otros tengan menos, o que las oportunidades, la riqueza y los privilegios se acumulen en unos pocos».
Galia considera que la equidad es una puerta de entrada a la construcción de paz. Implica mirar quiénes son los más desaventajados y preguntarnos cómo, como sociedad, podemos compensar eso, corregir desigualdades históricas y garantizar derechos.
«Sin ese horizonte de derechos humanos, justicia social y equidad, hablar de “futuros posibles” se vuelve un eslogan vacío. Con esos pilares, en cambio, se vuelve un camino concreto», concluyó.

