La cooperativa más vieja del país que continúa en funcionamiento se llama El Craikense, es de James Craik y cumple orgullosamente 100 años de apuesta al trabajo cooperativo.

Por Anouk Rubini
La cooperativa más antigua de toda Argentina que sigue funcionando cumplió 100 años en febrero y es un orgullo cordobés: se trata de El Craikense, su nombre en honor a la localidad de James Craik, donde hace un siglo atrás una familia comenzó a producir lácteos y no paró desde entonces.
El Resaltador dialogó con Sergio Vigliano, presidente de la cooperativa quien nos contó la historia de El Craikense y los desafíos de sostener durante tantos ciclos político-económicos el trabajo colectivo.
¿Por qué seguir apostando al cooperativismo como modelo de producción? Para Vigliano, es claro: la importancia de los vínculos sociales fuertes y priorizar las fuentes de trabajo les permitió resistir 100 años de historia.
«Somos la única cooperativa láctea con 100 años en el país»
El Craikense nació en 1926 como Cooperativa Agrícola Federal Limitada, orientada al acopio de cereales y a la provisión de bienes esenciales a través de un almacén de ramos generales.
La sequía de 1940 fue un punto de inflexión que llevó a abocarse a la producción tambera. Cambió la actividad pero no los pilares: «la solidaridad, la ayuda mutua y el esfuerzo colectivo» fueron siempre la base sobre la que se asentó esta cooperativa del interior cordobés.
Hoy, El Craikense trabaja con 40 productores de la zona; 24 de ellos, socios de la cooperativa. Juntos, estos pequeños y medianos productores procesan alrededor de 100.000 litros diarios de leche, entre 2500 a 3000 litros por tambo.
Esta organización es la fuente de ingresos de más de 70 personas: «Tenemos 73 empleados. De esos 73 empleados, tenemos 6 que están afectados a una estación de servicio de bandera blanca, así que también brindamos un servicio al pueblo de James Craik con combustibles, lubricantes y un shop, y el resto de los empleados son todos empleados lácteos. También en Tucumán tenemos un depósito propio donde ahí se encuentran trabajando 12 empleados de la cooperativa», explica Vigliano.
La cooperativa elabora todo tipo de quesos de pasta blanda, semiblanda y dura. Además, cuenta con una planta de secado con capacidad de 80.000 litros diarios, hoy dedicada 100% al secado de suero en polvo desmineralizado, un producto muy usado en las industrias que se dedican a la fabricación de alimentos balanceados para animales.
El Craikense distribuye sus productos a lo largo y ancho del país: «Nuestra presencia es muy fuerte en Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba: Capital, en las Sierras y Traslasierra, y una presencia muy fuerte en Neuquén, principalmente en Bariloche; después también estamos en Mendoza, San Juan, La Rioja y provincia de Buenos Aires. Esas serían las zonas más fuertes donde se encuentran los principales puntos de ventas de nuestros productos», explica Vigliano.
¿Por qué una cooperativa? Tanto ayer como hoy, atender al mediano y pequeño productor
Sergio responde vinculando los comienzos, un siglo atrás, con el presente: en sus términos, sostener la cooperativa es «principalmente seguir el mandato, como lo ves en la memoria de aquellos colonos que en 1926 decidieron juntarse y formar una cooperativa. Justamente también se formó en tiempos de crisis».
«Era muy difícil comercializar la leche, eran productores muy chiquitos. Parte de la leche la trabajaban para ellos, la consumía la misma familia y el remanente que tenían buscaron empezar a comercializarlo de una forma asociativa, convertir esa producción que les sobraba en algo rentable«, explica.
«Creo que la importancia de ser una cooperativa hoy es principalmente la captación y la atención al pequeño y mediano productor, estamos hablando de pequeños productores que por ahí necesitan una atención muchísimo más particular o mucha más asistencia que en otras escalas, por así decirlo. Y sobre todo que hoy el productor tiene un contacto directo con a quienes vende su producción«.

El contacto social, la fortaleza que permitió resistir un siglo
Vigliano rescata la importancia de mantener vínculos codo a codo, sin intermediarios: «Tenemos un sistema de pagos de la leche que hace que los productores vengan toda la semana a la cooperativa a cobrar y cuando vienen está el presidente de la cooperativa, el gerente, el tesorero, el síndico, están todos los integrantes del Consejo a disposición para que cualquier productor pueda hablar o sacarse alguna duda o conocer el estado de la cooperativa, los problemas, inconvenientes o cualquier requerimiento que un productor tenga hoy se resuelven de manera personal y con mucho contacto social.
En comparación a industrias de mayor tamaño, en donde la relación es mucho más impersonal, para El Craikense es una fortaleza sostener relaciones estrechas entre productores, trabajadores, clientes.
No es fácil sostener un espacio cooperativo durante 100 años y menos lo es en Argentina, un país signado por la imprevisibilidad y profundas transformaciones políticas y económicas. ¿Cómo lo logró El Craikense?
«Creo que principalmente tratamos de mantener las fuentes de trabajo y la mayor cantidad de tambos pequeños, que puedan seguir trabajando y continuar con su producción. Esa asistencia hace que hoy se pueda seguir trabajando, que sigamos vigentes y poder cumplir 100 años. Por ahí si esto fuera una empresa privada, se miran los números fríos y las decisiones son justamente mucho más frías y terminales», expresa Sergio.
Y añade: «Nosotros a pesar de que obviamente miramos los números porque sin eso no se puede seguir, también tenemos una mirada hacia el pueblo de James Craik, hacia los 73 trabajadores que tenemos, los 40 productores que tenemos que nos aportan su producción».
El Craikense está ubicado en una cuenca láctea rodeado de competidores con un volumen de litros diarios entre 10 y 40 veces superior. Pero su distintivo —pensar en los empleados, productores, socios— permitió que la cooperativa persista un siglo.
Hasta ahora, 100 años de historia. Hacia adelante, ¿qué futuro ve El Craikense?
Esta cooperativa tambera vio crisis, estabilidad, democracias y dictaduras, inflación, caída y suba del consumo, muchos presidentes y muchas Argentinas. ¿Cómo ven su porvenir en la era Milei?
Sergio sostiene que el consumo de sus productos lácteos se vio muy afectado y que «lamentablemente no vemos a corto plazo medidas o situaciones que nos indiquen que la realidad del consumo vaya a mejorar o vaya a cambiar«.
«Si bien El Craikense está habilitada por SENASA para exportar, nuestro consumo principal es el mercado interno y clientes de pequeña escala, como los comercios de barrio. No contamos con grandes superficies de supermercados en las que vendamos nuestros productos. El consumo de nuestros productos está altamente afectado por la falta de financiamiento de las familias: es de público conocimiento que los sueldos no han aumentado«, señala.
La situación obliga a sostener precios, lo que también tiene un impacto en la cooperativa. Incluso cuando aumentan, no hay mejora en la recaudación porque se vende menos.
Desde la cooperativa, se ve el futuro con incertidumbre y angustia: «Desde junio del año pasado a febrero de este año mantuvimos los mismos precios. Recién en febrero de este año pudimos acomodar entre un 5 y en algunos casos un 10% nuestras listas, pero eso no nos beneficia porque la caída del consumo cada vez aumenta un poco más. Así que realmente vemos para adelante con mucha preocupación, no vemos que el consumo se vaya a disparar o mejorar».
Esta situación «afecta muchísimo el funcionamiento de la cooperativa»: hace imposible invertir en equipamiento o siquiera tomar nuevas fuentes de trabajo ante jubilaciones de empleados o renuncias, lo que deja a esos puestos vacantes, explica el miembro de El Craikense.
El impacto es también social, sobre el pueblo de James Craik. Hace un año y medio que el panorama los obligó a suspender donaciones de productos a escuelas y entidades particulares, un servicio solidario que la cooperativa brindaba a la comunidad.
«La cooperativa tiene mucha necesidad de inversión, de incremento en tecnología. Venimos con un atraso importante en ese sector, necesitamos reforzarnos. Pero todas esas cosas hoy están paralizadas simplemente al funcionamiento, a reparar lo que se rompe», explica Vigliano.
Los contextos económicos, políticos y productivos siempre condicionaron las actividades de El Craikense, y cuando son críticos obligan a «priorizar lo urgente sin perder de vista el horizonte estratégico: garantizar la continuidad de la actividad de los productores tamberos, preservar el empleo y mantener la sustentabilidad económica y social», remarcan desde la cooperativa.
En ese sentido, Sergio Vigliano resume el objetivo de El Craikense: «Tratar de superar estos años. Trabajar aún más en eficiencia y esperando poder invertir para mejorar la planta en base a créditos tanto privados como públicos que tampoco se encuentran disponibles. Así que es una situación muy complicada, muy difícil, pero tratando de llevarla adelante», concluye.

