Yo también dije “estoy depre” y estaba totalmente erradx

Muchas veces al sentir bajones anímicos, percibir nuevas o viejas ausencias o simplemente al dejar fluir nuestros sentimientos luego de una serie de infortunios pensamos: “qué depresión que tengo”. Muy lejos de eso, la depresión es una patología y una problemática social contemporánea.

Por Juan Maldonado

Recuerdo domingos en casa, alrededor de las 19:00, cuando el sol quiere tomarse un descanso de los mismos rostros, que un sentimiento de “bajón” y “tristeza” me invadía. Lo primero que pensé y quizás hasta “tuiteé” que estaba deprimido. Si, con esa liviandad y desconocimiento.

También recuerdo hacer chistes o humor sobre personas “en situación de depresión”. Quizás hasta dije estar “depre” porque la serie de dragones no terminó como quería. Si, con esa liviandad y desconocimiento.

El 13 de enero de cada año se conmemora el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión. Fecha para repensar lo que nos pasa y nos rodea. Algo muy particular y curioso luego de un año tan difícil para nuestra vida.

Para abrir un poco el juego, El Resaltador abrió su agenda y contactó a una amiga de la casa para entender un poco de qué se trata esta enfermedad. Eugenia López, lic. en Psicología por la UNC atendió el teléfono.

– ¿Qué tan errado es decir “estoy depre”?

– La depresión es un término que se suele utilizar socialmente de manera inadecuada. Se la asocia con sinónimos, como “estar triste o desanimadx” utilizando el seudónimo “estoy depre”. Y esta banalización del término, que es propiamente cultural, tratándose de una enfermedad real e importante, no sólo minimiza el padecimiento de las personas que la atraviesan si no que desinforma en gran medida a toda la población.

– ¿Qué es puntualmente la depresión?

– La depresión, en este caso, es un trastorno emocional que se presenta a partir de la aparición de diversos síntomas, tales como, pérdida de interés general, vacío y desesperanza, sentimiento de inutilidad, frustración y alteración del pensamiento y/o comportamiento, cansancio constante, cambios en el apetito y en el sueño, entre otros.

– Bajo esas pautas, ¿puedo decir que es fácil de identificar?

– El problema es que estos síntomas no son rígidos, sino que varían según la persona y el contexto en el que ésta se encuentre. Pueden incrementarse o pueden aparecer otros síntomas nuevos también. Pero lo cierto es que cada caso, más allá del diagnóstico, es singular y específico.
Aunque todavía no se haya descubierto una causa única y exacta de este trastorno, existen algunas de origen neuropsicológicas y endócrinas, así como otras psicológicas, sociales y conductuales. No obstante, el contexto aquí juega un rol fundamental, porque puede ser preventivo o impulsor de la enfermedad, y la pandemia junto con el aislamiento social, fueron el fiel reflejo de ello también.

– El contexto… ¿tiene particularidades influyentes definidas? Me refiero, a poder identificar aunque sea esos aspectos y estar alertas.

– Al momento se han logrado identificar algunos aspectos que influyen y forman parte de la constitución de este diagnóstico. Por ejemplo, cambios en el equilibrio hormonal del cuerpo, como ocurre durante el embarazo, post parto y puerperio (conocida como depresión post-parto); cambios en las funciones de los neurotransmisores del cerebro (que se encargan de mantener cierta estabilidad); acontecimientos traumáticos o muy estresantes (maltratos físicos, abuso sexual, pérdidas de seres queridos, violencia intrafamiliar); antecedentes de otros trastornos de salud mental como trastorno de ansiedad, de alimentación o estrés post-traumático; abuso en el consumo de drogas, alcohol; conflictos familiares y dificultad en las relaciones interpersonales; aparición de pensamientos suicidas o conductas autolesivas.

Un contexto poco común

La declaración de la pandemia por Covid-19 en 2020 fue un factor disruptivo en nuestras vidas. El cambio de esquema desestabilizado hasta la persona menos estructurada.

El aislamiento, el distanciamiento, la falta de abrazos, la pérdida, las ausencias y las nuevas modalidades nos envolvieron de manera desprevenida.

Alicia Stolkiner, licenciada en Psicología, especializada en Salud Pública con orientación en Salud Mental, declaró hace algunos meses que “la caída de la ilusión de certeza” fue un factor de impacto en nuestras vidas.

“Porque nosotros planeamos el futuro sin tener del todo presente que ese futuro siempre tiene un nivel de incerteza importante. Estos sentimientos de duelo, de pérdida, de incertidumbre, producen cuadros de mucha tristeza“, explicó la profesional.

Alicia, quien fue llamada por el Gobierno nacional para trabajar en el área de salud mental el último año, no categoriza un solo grupo social como “más afectado” que otro por la pandemia. En la particularidad está la respuesta.

La negación de los riesgos que el aislamiento y el nuevo contexto pueden ser caminos que lleven o deriven en patologías o trastornos mentales desvalorizados socialmente.

Pero la depresión no es la única patología subestimada o relativizada. En nuestro país, la salud mental en general es poco respetada.

A la salud mental se la ubica por debajo de salud física cuando sabemos que no es posible separar los aspectos físicos de los mentales y emocionales, generando una estigmatización de estos últimos.

Eugenia López

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que más de 300 millones de personas en el mundo sufren depresión y que más de 260 millones tienen trastornos de ansiedad.

En contra parte, un escrito del licenciado en Sociología Esteban Grippaldi critica -luego de entrevistar a un psiquiatra- los datos brindados por el organismo internacional.

“El límite de aquello que es o no es un trastorno depresivo es difícil de considerar en base a criterios meramente sintomatológicos. Esta modalidad de producción del diagnóstico disocia las expresiones del sujeto de su propia biografía. Las estadísticas están basadas en una cuantificación de lo subjetivo que procede del uso de manuales estadísticos. Se pierde la dimensión subjetiva que tiene que ver, por ejemplo, con el significado de tristeza que manejan los profesionales y personas en la interacción específica y la singularidad del caso”.

Apunta a que no se debería diagnosticar de acuerdo a parámetros sintomatológicos sin ahondar en los procesos particulares de cada persona.

Imagen: istockphoto.

La discusión para entender, aprender, criticar y reflexionar

Eugenia López retoma la idea de que lxs psicólogxs, psiquiatras y demás profesionales de la salud mental tienen “la responsabilidad de dar a conocer información sobre estos temas y trabajar para derribar los mitos que circulan”.

La discusión también también llevará a que “la sociedad encuentre el aprendizaje, la crítica y la reflexión“.

Al tratarse de una enfermedad que requiere un tratamiento a largo plazo, López sugiere “se intensifique el apoyo y la comprensión del entorno de la persona que padece. Además del acompañamiento y ayuda profesional”.

Aprender acerca del diagnóstico y ofrecer ayuda es fundamental para que la persona se recupere y disminuyan sus síntomas. Compartir información sobre el tema de la mano de profesionales de salud también lo es. 

Eugenia lópez