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¿Qué hay detrás de la guerra psicológica y el despliegue militar de EE.UU contra Venezuela?

Publicado por:Rodrigo Andrada Savoretti

Hace más de un mes, Estados Unidos desplegó un teatro de operaciones en El Caribe con el supuesto objetivo de combatir al narcotráfico «proveniente de Venezuela». Pero ¿qué hay detrás de esta nueva avanzada gringa? ¿Existe una posibilidad real de invadir al país latinoamericano? ¿Cómo se preparan los venezolanos?

Mientras los titulares occidentales resonaban con la movilización y la presencia de buques de guerra, un submarino nuclear, más de 4.500 marines, y el despliegue de cazas F-35B en el Caribe; Venezuela, la nación nuevamente asediada, mostraba una calma desconcertante y una organización para nada subestimable.

Hace más de un mes que Estados Unidos ha desplegado un gran arsenal militar y mediático contra Venezuela. Ahora por asimilar a la nación latina como un territorio clave en el flujo de estupefacientes ilegales que desde El Caribe llegan a Estados Unidos. Ya no son México, Colombia, Ecuador o Haití, países donde es conocida la influencia norteamericana en facilitar la producción, distribución y venta de sustancias ilegales con destino a EE.UU., sino que ahora es Venezuela.

Con ese débil y desgastado argumento, EE.UU. intenta mostrarse nuevamente como el gran gendarme de América, para así recuperar una hegemonía regional debilitada prácticamente en la mitad del continente, -si tenemos en cuenta que los principales países latinos, a excepción de Argentina, no están bajo sus alas (México, Colombia, Brasil, Chile, Uruguay, entre otros)- y también en el mundo, con el pleno avance del multipolarismo en los BRICS, ASEAN, C.SHANGAI, etc.

Cabe destacar que, con sus más y sus menos, Venezuela es de las pocas latitudes americanas en declararse preparadas para combatir militarmente a Estados Unidos, quien una vez más intenta vulnerar la soberanía bolivariana.

Recientemente, el ejército venezolano (Fuerza Armada Nacional Bolivariana o FANB) desplegó un sistema de defensa aérea de origen ruso este domingo en Catia, una zona costera. Esta acción se produce después de que el presidente Maduro declarara el estado de conmoción externa el lunes, como respuesta a los ataques aéreos yanquis que sufrieron embarcaciones bajo sospecha de estar relacionadas con el narcotráfico.

Para entender cómo se viven estos complejos días en Venezuela, El Resaltador dialogó con Ricardo González, periodista y actual diputado venezolano, quien pone el foco en la guerra psicológica, el valor de las milicias bolivarianas y el control de drogas que existe en su país.

Ricardo Condulca. Foto: Nodal.

¿Guerra psicológica contra la soberanía cognitiva venezolana?

Desde Caracas, Ricardo Condulca acepta nuestra llamada. Lo primero que hace ante nuestras preguntas no es hablar, sino mostrar: exhibe las calles de la capital a través de la cámara de su celular.

El plano revela el corazón de la ciudad en un día normal: no hay tanques ni pánico. Se ve a trabajadores finalizando su jornada junto al Tribunal Supremo de Justicia, el transporte público opera y los vendedores ambulantes ofrecen sus productos. La escena es la antítesis del relato bélico propagado internacionalmente por Estados Unidos.

Súper, súper tranquilo, hermano”, asegura Condulca. “Aquí está extremadamente relajado. No hay un impacto a nivel de guerra psicológica como fue en el pasado, ya hemos aprendido de sus estrategias y maduramos nuestras respuestas como pueblo organizado”, enfatiza.

El diputado detalla la experiencia reciente que desnuda la operación de desinformación: “Hemos vivido una semana en la que nos dicen ‘mira, salió el barco yanqui hoy y llega el miércoles, llega en treinta y seis horas’… y no llegaron”.

La narrativa de Washington, además, intentó vincular el despliegue militar con una escalada nuclear al mencionar la presencia de un submarino nuclear en la región. Condulca advierte que esta táctica es un “error garrafal” que escala el conflicto de forma innecesaria, afectando a la seguridad regional de toda Latinoamérica.

La normalidad en Caracas se ha convertido en el mayor desafío al asalto a la soberanía cognitiva impulsado por la Cuarta Flota estadounidense. El bombardeo mediático ha intentado sembrar un pánico que la realidad venezolana se niega a reflejar.

Milicianos venezolanos. Foto: Miguel Gutierrez/EFE.

Sin embargo, el despliegue naval yanqui no ha sido simbólico. Desde septiembre, la ofensiva militar de Estados Unidos en el Caribe ha resultado en un saldo de más de veinte muertes. Estas bajas se produjeron durante al menos seis operativos contra lanchas rápidas que, según el Pentágono, estaban siendo utilizadas por grupos catalogados como «narcoterroristas» con destino a territorio estadounidense.

Frente a estas operaciones militares, la organización canadiense Project Ploughshares, un instituto de investigación para la paz, advirtió que estas operaciones podrían constituir “ejecuciones extrajudiciales”, al haberse llevado a cabo en aguas internacionales y fuera del contexto de un conflicto armado declarado.

Para Condulca, el foco real de la campaña psicológica de Estados Unidos no es la población, sino un intento desesperado de quebrar la moral interna del Alto Mando:

Busca presionarles a los líderes militares, por eso es que todo el mensaje es militar, por eso es que todo el mensaje tiene que ver con armas de peso Esta estrategia busca que la diáspora venezolana, saturada de miedo, presione a sus familiares militares para la deserción”, asegura el entrevistado, quien recuerda la experiencia previa: “Ya vivimos la ofensiva de 2024, cuando los algoritmos de búsqueda en las redes sociales fueron condicionados contra Venezuela. Ahora estamos más preparados”.

Trump compartió varios videos de ataques yanquis a lanchas rápidas frente a Venezuela.

Un miedo difícil de vender

Ante la amenaza de invasión gringa, la respuesta de Venezuela no es solo con el arsenal convencional, sino con la profunda movilización social. El país cuenta con 4,5 millones de integrantes de la Milicia Bolivariana, según datos de la agencia Telesur.

La Milicia es la cristalización del concepto de «guerra de todo el pueblo» y, según el entrevistado, se convierte en la mayor estrategia de disuasión:

La superioridad militar que tiene Estados Unidos es alta, pero nuestra mayor disuasión es la imposibilidad de que ellos controlen el territorio en un eventual conflicto”, asegura Condulca.

Dicho de otra forma, el costo que tendrían que medir los EE. UU. no es solo militar, sino en vidas civiles, debido al compromiso social que existe en el pueblo venezolano para con la defensa de su patria.

El perfil de esta fuerza cívico-militar-policial abarca desde jóvenes de 18 hasta adultos mayores, siguiendo el modelo del militante histórico Fabricio Ojeda, quien escribió La Guerra de Todo el Pueblo, donde cada ciudadano es una pieza fundamental.

Hoy, esta lógica se expresa con la «juventud del partido socialista unido de Venezuela, que es el partido del presidente y el partido comunista y el pueblo patriótico están haciendo con la milicia, están haciendo entrenamiento de cursos especiales de comando», tal como lo expresó el diputado Diosdado Cabello en su programa Con el maso dando.

Condulca insiste en que el pueblo está decidido: “Si a nosotros nos presionan, nosotros profundizamos, hacemos más revolución, así de simple” Y recuerda la rigurosidad política de la base: “En los peores momentos Venezuela ha tenido cinco millones de votos a favor de Nicolás Maduro, vas a tener una base política militarizada a la que vas a tener que erradicar”.

Maduro junto a milicianas bolivarianas en un acto en el 2016. Foto: EFE.

La excusa del narcoterrorismo

Paradójicamente, la excusa principal del masivo despliegue militar de EE.UU. en el Caribe es la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, en Venezuela, este tema se aborda bajo una lógica nacional y soberana forjada tras la expulsión de la DEA en 2005, durante el gobierno de Hugo Chávez.

El diputado Condulca subraya que la DEA, al igual que en Bolivia, operaba más como una agencia de inteligencia que de control: “Funcionaba como centro de escuchas telefónicas de funcionarios, y lo peor es que hasta alertaba a los narcotraficantes cuando Venezuela iba a realizar operativos”. Esto, según el periodista, “obstaculizaba activamente” la lucha contra el crimen. Tras su salida, la autonomía permitió al Estado golpear la estructura del narcotráfico con éxito, logrando la captura y deportación de capos de alto peso, como Daniel el Loco Barrera en 2012.

La eficacia de la lucha soberana se evidencia en las cifras y las políticas internas. Según las estimaciones de la propia Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), cerca de 110 toneladas de cocaína transitan por Venezuela al año, provenientes principalmente de la frontera con Colombia, el mayor productor mundial. A pesar de ser un país de tránsito con alta presión, Venezuela incautó cerca de 56 toneladas de drogas en 2025, superando así más de la mitad de la cifra anual de tránsito que plantea la UNODC.

A nivel penal, la rigurosidad es estricta. Condulca destaca que “no existe el porte mínimo de drogas” en la legislación: si a un ciudadano lo encuentran con un gramo de marihuana o un cigarrillo, “vas detenido”.

Esta severidad se aplica, según el entrevistado, incluso a la clase política, algo que en otros países de la región no suele suceder. Mucho menos en Argentina donde hay un diputado que aceptó recibir dinero sucio del narco y continúa en funciones.

En la lucha contra la corrupción interna, el “Estado ha sido implacable”, con “tres diputados presos por tenencia de droga” y por utilizar su inmunidad para facilitar el tráfico. En palabras de Ricardo, la directriz es ser duros con los que estén metidos en el tema y “más duros con los nuestros“.

El analista concluye que la solución de fondo al problema del narcotráfico no puede venir de un despliegue militar con un doble estándar, ya que el problema real se origina fuera de sus costas: “Si realmente quieren acabar con el narcotráfico, el problema no está solo en Venezuela, sino en su propia casa. Estados Unidos es el principal consumidor del mundo”.

F-35 en Puerto Rico. Foto: REUTERS – Ricardo Arduengo

¿Argentina se involucra en un conflicto armado contra Venezuela?

Mientras Venezuela pedía la intervención de organismos internacionales, varios países latinoamericanos se alinearon con la postura de Washington. Argentina y Paraguay se sumaron a la coalición que previamente incluía a Ecuador, declarando al supuesto Cartel de los Soles como una organización terrorista y narcocriminal.

El gobierno de Javier Milei, a través de su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, celebró la inclusión del grupo en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo (RePET), asegurando que “Maduro y su séquito son narcoterroristas” y que “Argentina está en el lado correcto de la vida”.

Pero el sometimiento del Gobierno Nacional a los intereses anti latinoamericanos que tiene EE.UU. no se limita a cuestiones simbólicas. Actualmente el gobierno estaría pensando formalmente su incorporación a los operativos militares que Estados Unidos lleva a cabo en el Caribe.

La iniciativa ha sido promovida activamente por el Ministerio de Defensa argentino. De acuerdo con la información confirmada por el Todo Noticias, funcionarios de la Casa Rosada ya han establecido contactos directos con el equipo de Pete Hegseth, secretario de Guerra norteamericano, ofreciendo la colaboración de Argentina en el conflicto.

A pesar del ofrecimiento, hasta el momento no se han reportado avances o acuerdos concretos sobre el tipo de participación que podría asumir Argentina. Esta propuesta surgió mientras una de las naves de la Armada nacional, el destructor ARA, se encontraba participando en el ejercicio naval internacional «Unitas» en la costa de Estados Unidos.

¿Milei y Petri involucrarán a las FF.AA. contra una nación latinoamericana como Venezuela? ¿Es el lado correcto de la vida estar con la nación que en estos momentos ha declarado la guerra a los latinos que viven en su territorio?¿Hasta qué punto llegará la humillante subordinación argentina a los intereses foráneos?

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