Un argentino en una Australia ardiente

Pedro Belloni, argentino con el corazón en Australia, ve con sus propios ojos cómo su segundo hogar no deja de arder. Escapandole al fuego, nos cuenta esta historia.

Australia está ardiendo, eso no es una novedad. El país perdió 5 millones de hectáreas, 480 millones de animales y hasta ahora 17 personas. Testigos hay muchos, sobrevivientes también. Pero Pedro eligió hablar con nosotros, un argentino con el alma dividida en dos: entre su tierra natal y este país que sigue en llamas.

La primera vez que caí en la cuenta, fue cuando la vi llorar a Yanine (mi compañera de casa), una australiana de 40 años”, relata Pedro en un audio. También recuerda que un ratito antes, la misma mujer le preguntó si tenía sus cosas preparadas, por si tuviesen que irse rápidamente del lugar.

“Llegué a confundir el hecho de hacer una mochila por las dudas, con la sensación de estar evacuando“, porque si las llamas tocasen la puerta de la casa de Pedro, el tiempo no sería mucho para salir corriendo.

Desde Bairnsdale, ciudad del estado de Victoria-Australia, Pedro agarró esa “mochila por las dudas” y se alejó 300 kilómetros para poder ver el cielo sin humo. “De repente una noche hacia mucho calor, cuando antes dormía tapado, y me tocaba salir a laburar y respirar humo”.

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Si le preguntás, Pedro a veces piensa que quizás esto tenía que pasar, para que la gente tome dimensión de la situación. Porque está sucediendo, de repente el fuego avanza un poco más y la lluvia es un poco menos. “Cuesta entender que no supimos leer los mensajes. La gente tiene una imagen de Australia como primer mundo, y no tiene que ver con eso”.

Entre el consumismo desmedido y una crisis climática evidente, existe un precio que pagar. Pedro compara lo que está pasando ahora, con lo que años atrás hubiese sido material de una película de ficción. Pero no, hoy es real, “hoy la peli de ficción es un documental”. Hoy arde Australia y muchos otros lugares del mundo; y si hay una razón de esto, es claramente nuestro accionar diario.

Entre tanto escombro, el pueblo de Sarsfield desapareció entre las llamas. O en Mallacotta, un pueblito costero que fue testigo de cómo 4.000 de sus habitantes saltaron al agua solo para sobrevivir a un fuego que azota. “Es desesperante que el destino esté en manos del clima, pero no es para nada injusto, atengámonos a las consecuencias“, lamentó Pedro en su audio.

De repente, la situación se hace cada vez más cercana. Como cuenta Pedro, la gente mira su celular por un solo motivo: para chequear qué dice la app “VicEmergency” sobre el fuego. A través de ella, uno puede saber qué tan cerca están las llamas; en definitiva, cuánto tiempo a salvo te queda en donde estás.

Si tu zona es color amarillo, el fuego no está “tan cerca” como para alarmarse del todo. Sin embargo, cuando ese color se torne anaranjado, mejor empeza a estar atento, porque cuando te llegue el color negro vas a tener que evacuar.

Por Carmela Laucirica

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