Resistencia feminista a la especulación inmobiliaria

La pandemia potenció la crisis habitacional y con ello la ocupación de tierras, que fueron registradas por diferentes medios sin contemplar las causas que llevan a esta situación.

Por Stefanía Gonzáles y Emi Urouro

Los sectores populares, excluidos de la posibilidad de acceder a la tierra por el mercado o el Estado, son víctimas de la vulneración de derechos, en este caso, del acceso a la ciudad y a una vivienda digna .

Recientemente, la toma de Guernica fue noticia nacional. Pero es solo uno de los cientos de asentamientos que existen a lo largo y ancho del país.

Estos espacios nos impulsaron para hablar de un tema clave: El feminismo como respuesta a la especulación inmobiliaria.

En relación al punto anterior, queremos resaltar que entre tantas voces, las que más se escucharon fueron las de las jefas de hogar. Mujeres que luchan por los territorios en los que trabajan y viven.

Sostenemos que el feminismo es un movimiento para replantear el lugar y la forma que habitamos. Estamos en el momento propicio para crear políticas publicas, que reflejadas en las organizaciones, generen para viviendas para todas y todos desde lo colectivo.

Para empezar, debemos hablar de una perspectiva transversal al habitat: El urbanismo feminista. Es decir, un urbanismo con perspectiva de género, que plantea que el diseño de la ciudad  no es neutro.

¿Qué significa que no sea neutro? que nuestras ciudades, nuestros barrios y casas se han configurado a partir de los valores de una sociedad que es patriarcal y que la forma física de los espacios ha contribuido y contribuye a perpetuar y reproducir estos valores. 

Frente a esto, el urbanismo feminista propone poner la vida de las personas en el centro de las decisiones urbanas (Fuente: El Col·lectiuPunt, cooperativa española). Y eso queremos destacar, como mujeres y organizaciones toman lo que les ha sido negado por siglos, el espacio para habitar.

Ante esta temática que copó los medios, es decir, la vulneración del derecho a la vivienda, El Resaltador en Nacional se comunicó con Ana Falú, quien se define como una arquitecta urbanista y feminista

“Hay que entender que una necesidad no se puede criminalizar, no puede ser que algunos medios se refieran a los que ocupan tierras como organizaciones delictivas. El derecho a la vivienda adecuada no es restrictivo, hay que entenderlo desde un sentido amplio”, expresó la entrevistada.

Y agregó: “tienen muchas puertes de análisis, a lo mejor es la ampliación de una habitación, a lo mejor es la seguridad de tenencia, a lo mejor es el servicio de agua, a lo mejor es la proximidad de servicios, de infraestructura urbanas que le den esa calidad de vivienda en un territorio urbano que a veces son solo territorios, es decir, no tienen los atributos para ser llamados urbanos”.

Espacio donde estaba la Villa el Pocito. Ciudad de Córdoba

Falú fue clara, existe una diversidad de razones detrás de cada asentamiento. En esa línea, consideramos que hay distintas formas en las que las desigualdades de clase y de géneros se presentan en el hábitat, tanto en la vivienda como en el barrio y en la ciudad…¿Te llega internet a tu casa? ¿Agua corriente?¿El servicio de luz?¿Tenés casa?

Ahora bien, una manera de responder ante este avasallamiento de un derecho clave como es el de la vivienda, la encontramos entre las mujeres y las diversidades organizadas.

Estos colectivos empiezan a repensar la planificación de la ciudad desde una mirada inclusiva y popular, trabajando en la construcción de la transformación social del espacio.

Como anticipamos al inicio de esta nota, las mujeres jefas de hogar tomaron un papel protagónico ante la crisis habitacional.

Cuando se piensa a la vivienda como mercancía, y no como derecho, las personas no tienen otra opción más que buscar algún lugar donde vivir.

Para clarificar la cuestión, la siguiente idea es clave: “Los desarrolladores urbanos son a la ciudad lo que las corporaciones extractivistas son a la minería: el problema es que no están tan identificados. El común de la gente quizás esté al tanto de qué es Barrick Gold o quién es Monsanto, pero respecto a las corporaciones inmobiliarias los nombres son casi anónimos.

Y continúa: “Quienes investigamos sobre el tema los conocemos, pero si salimos de nuestro microclima y le preguntamos a un transeúnte veremos qué las corporaciones inmobiliarias gozan de una gran impunidad, incluso mediática. (Viale, 2017:16)

Sobre este punto, nos pareció clave el testimonio de Daiana, delegada del asentamiento El Cabildo, en la provincia de Córdoba.

La entrevistada contó que en su casa vive con sus dos hijos, su marido y su hermana. Como era de esperarse, mucho medios que fomentan el discurso de protección hacia propiedad privada por sobre el derecho humano a la vivienda…desconocen los motivos profundos de estas acciones.

“Llegamos acá porque no podíamos pagar más el alquiler. Yo tenía un trabajo donde ganaba menos de 10 mil pesos, el alquiler se llevaba toda la plata. Mis hermanos vinieron acá porque tienen familia y yo me metí con ellos. Así fue que empezamos, con algo de madera porque no teníamos la posibilidad de comprar una tierra o pagar un alquiler; hoy en día te piden un montón de cosas que uno no tiene para poder alquilar”, explicó Daiana.

Su testimonio es un claro ejemplo de lo que atraviesa parte de la población argentina, una situación que se ha profundizado por la crisis social, económica y sanitaria.

Es decir, si este sistema continúa viendo a la vivienda como negocio inmobiliario y no como un derecho, el problema seguirá estando lejos de resolverse.

“Uno tiene que vivir con eso lamentablemente, de no tener la posibilidad de nada. Antes de llegar a esto uno busca miles de formas de poder llegar a tener un terreno o una casa propia. Se golpean las puertas de los Ministerios, se acude al Gobierno pero nadie te da nada. La posibilidad que tiene la clase de media no te la dan si no tenes un buen trabajo, un buen sueldo, no te dan la posibilidad de tener algo propio” enfatizó la delegada del asentamiento El Cabildo.

Para remediar estas situaciones se necesita tomar medidas inmediatas a favor de quienes necesitan de la atención del Estado, y mas cuando se cruzan problemas de acceso a la vivienda con violencias patriarcales.

“Hace muy poquito una chica vino porque era golpeada, sin recursos, sin tener ayuda de nadie. Golpeó puertas en todos lados y gracias a Dios se pudo meter aca atrás. Se ayudó en lo que se podía porque tampoco tenía nada”, contó Daiana.

En relación al punto anterior, comentó que por el asentamiento pasaron mujeres con sus hijas e hijos, pero que se terminaron yendo por el miedo constante de que pase algo, que alguien les tire lo que han armado.

Las mujeres de la toma son jefas de hogar, madres solteras, trabajadoras de casas particulares que se quedaron sin trabajo, segregadas de una ciudad a la que no pueden acceder porque el derecho a la propiedad privada siempre prevalece por sobre el derecho a la vida digna.

Las superficies urbanizadas crecen a medida que avanza la especulación inmobiliaria, el mercado de suelo es de unos pocos, y el Estado no aparece. Pero ante este contexto, existen colectivos y organizaciones que piensan los espacios desde otra perspectiva.

Fuente: El Col·lectiuPunt, cooperativa española

¿Cómo piensa el feminismo a las ciudades?

Siguiendo algunas ideas expuestas por la ONG Ciscsa, las ciudades, desde una mirada feminista, buscan garantizar el derecho a la tierra y la vivienda, brindan amparo frente a situaciones de desalojo y priorizan las personas sobre lo monetario. 

Se presentan como lugares sin violencias, seguras para todas y todos, que implementen políticas integrales para prevenir agresiones contra mujeres y disidencias en espacios públicos, con equipamiento para la diversidad, transporte accesible y seguro. 

El feminismo piensa en ciudades que garanticen el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, que favorezcan la responsabilidad colectiva sobre las tareas de cuidado a través de políticas territoriales, que revaloricen las economías pensadas para la sostenibilidad de la vida y que promuevan políticas de economía popular colectiva.

Estos espacios serían antirracistas, harían visibles las diferencias, ya que las celebran y pueden construir desde ese lugar. En síntesis, ciudades más habitables para mujeres, diversidades y personas con discapacidad.

¿La pandemia recrudeció la crisis habitacional o solo la hizo más visible?

Como toda crisis, llegó para profundizar las problemáticas que nuestro país carga desde hace años. En este caso, hablamos del acceso a la vivienda. Sobre este punto, queremos retomar a Falú, quien dialogo con Télam sobre este asunto.

La arquitecta dijo: “Frente a la pandemia pareciera que poner el peso y los recursos en un Ministerio de las Mujeres no es lo más decisivo. Y creo que sí. En este momento necesitamos interpelar las políticas de la emergencia en clave feminista, que significa reconocer todas las omisiones de las mujeres en la desigualdad, cuidando, en las violencias”.

Y su propuesta fue “pensar la post pandemia desde lugares feministas, del análisis feminista, de la política pensada en clave feminista”.

Su citas refuerzan lo expuesto a lo largo de esta nota, es decir, la necesidad de pensar los espacios desde otra óptica, de acompañar a las mujeres y diversidades que luchan desde los asentamientos, de cuestionar el desarrolismo feroz. 

La resistencia feminista es la clave, tejer redes, fortalecer organizaciones de base y crear nuevas estrategias para garantizar y hacer respetar un derecho básico como lo es el de la vivienda digna y acceso a la ciudad.

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