Racismo de acá y de allá, de todos lados

A un mes de la muerte de George Floyd en Estados Unidos, el debate sobre el racismo traspasó los límites de ese país, hasta llegar a Argentina. Así, tomamos como propio un caso tan lejano como el de Floyd, asumiendo que tales atropellos no ocurren en nuestro país. ¿Realmente podemos pensar que no hay racismo en Argentina?

Por Carmela Laucirica

Entre 2015 y 2019, Correpi registró 1.300 casos de gatillo fácil en Argentina. En enero de este año, un grupo de pibes de entre 18 y 20 años mataron a Fernando Báez Sosa al grito de “A ver si nos volvés a pegar, negro de mierda”. En pleno siglo XXI, con tantos avances históricos que celebramos, los niños siguen aprendiendo sobre el “Descubrimiento de América” en las escuelas.

¿Todo eso no es, de una u otra manera, racismo? Con algunos ejemplos, pasamos de señalar con el dedo a la historia estadounidense a pensar en lo que pasa en nuestro propio país. ¿Cuántas veces nos referimos a “la negrada”, al “negro de alma” o al “villero” de manera peyorativa? El caso de Floyd nos estrujó el alma, pero querer poner una bomba en las villas argentinas a muchos les parece un acto casi patriótico.

Dentro de nuestro país, donde el flujo migratorio es un hecho desde hace siglos, seguimos hablando del “bolita” y el “paragua”. Cuando estas personas cruzan el límite para asentarse en Argentina, las alertas se encienden: nos pueden robar el trabajo o el cupo en la facultad o el hospital. Cuando un argentino quiere adquirir su ciudadanía europea, se queja de la burocracia para lograrlo; pero también se queja de lo “fácil” que es ser ciudadano argentino. ¿En qué quedamos?

En un país donde sus bases son afrodescendientes e indígenas, la historia argentina ha relegado a estos dos grupos hacia la servidumbre o la esclavitud. Si bien la Constitución Nacional de 1853 abolió las prácticas esclavizantes en Argentina, ¿qué pasa con la precarización laboral? ¿Debemos conformarnos con condiciones pésimas de trabajo sólo para no perderlo?

Formas modernas de ser racista en Argentina

Cuando llegaron los españoles a Latinoamérica, las principales formas de racismo fueron la esclavitud y el sometimiento de nuestros pueblos originarios. Hoy, con el primer método abolido y el segundo invisibilizado, nos encontramos con nuevas formas de ser argentino y racista. Entre las predominantes, encontramos la discriminación por clase social o ingresos, la cual derivó en estigmas sobre el coronavirus también.

¿Cómo es posible que el Covid-19 y la clase social se condensen en una sola forma de racismo? Todo comenzó cuando la gente empezó a asociar al virus con la falta de higiene, y a esta con los barrios populares. Así, quien vive en zonas precarias o desfavorecidas, es considerado un potencial contagiado de coronavirus.

Esto también pudimos verlo en las noticias y la opinión pública, en donde se condenó a Villa el Libertador por el brote de contagios. Pero se hace la vista gorda cuando el titular de un diario dice que en los canales de televisión ya hay casos de Covid-19: ahí no hay “negros ignorantes”.

Afrodescendientes en Argentina, víctimas de racismo en su propio país

Según un muestreo del censo 2010, al menos 150.000 personas se autoperciben como afrodescendientes en Argentina. Sin embargo, la comunidad estima que son 1.500.000 los argentinos e inmigrantes de origen afro. Esta última cifra indica que alrededor del 3,3% de la población argentina es afrodescendiente. Afortunadamente, el censo de este año incluiría por primera vez preguntas sobre autorreconocimiento étnico, teniendo en cuenta la variable étnica.

Si volvemos un poco para atrás, al comienzo de esta nota mencionamos al “descubrimiento de América” que aún se enseña en los colegios. Hagamos memoria sobre los actos escolares del 12 de octubre o del 25 de mayo. Al curso o salita que le tocase representar esa “fecha patria” se lo dividia en damas antiguas, caballeros y “negros candomberos”. Estos últimos eran quienes vendían pastelitos o empanadas.

Aunque parezca inofensivo, el acto de pintar con corcho a los niños o adolescentes para representar a estas personas está sumamente fuera de lugar. Es más, este accionar se conoce como apropiación cultural y blackface, considerado un acto discriminatorio. Así, los personajes negros de nuestra historia no figuran, sólo se los asocia con los vendedores ambulantes.

Respecto a la apropiación cultural, el investigador y antropólogo Pablo Cirio afirma que “los grupos no blancos no ven con buenos ojos cuando por esnobismo o especulación comercial, se ponen de moda tradiciones que los atraviesan”. Esto sólo genera un mayor empobrecimiento de sus culturas, vaciando de sentido a sus tradiciones.

Se empieza por casa

El tema da para muchos más ejemplos y debates, pero con sólo pensar en algunos, ya podemos quitarnos esa venda de los ojos. La venda que nos impide ver cómo Argentina también es un país racista. ¿Por qué digo también? Porque lamentablemente no somos el único país, pero deberíamos centrarnos en lo propio primero.

Como muchos lo describen, incluida la interventora del Inadi Victoria Donda, en Argentina hay racismo estructural. Este tipo de racismo proviene de la conformación del Estado, es decir que nuestras costumbres racistas nacieron con el propio Estado argentino. Así, quizás terminar con este problema lleve un poco más de tiempo, ya que lleva muchos años afianzándose en nuestras costumbres.

Sin embargo, entre el activismo antirracista y la creciente lucha por los derechos humanos, quizás estemos enciendo una chispa esperanzadora. Cabrá esperar que estas primeras iniciativas se contagien, no sólo rápidamente sino correctamente, y que las futuras generaciones ya no piensen en términos raciales.

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