Pongamos al fracking en la balanza: extractivismo vs medio ambiente

Pongamos al fracking en la balanza:  extractivismo vs medio ambiente

Vaca Muerta contiene la segunda reserva mundial de gas de esquisto y la cuarta de petróleo en el mundo. Su explotación a través del fracking no sólo pone en jaque al medio ambiente, sino que económicamente es un tanto inestable.

Argentina engloba un total de 23 provincias, casi 45 millones de personas y un sin fin de recursos por explotar. En este momento, son 4 las provincias que comparten uno de los yacimientos más codiciados: Vaca Muerta.

En este sentido, la explotación económica y ambiental de este tipo de recursos no es sólo eso, sino que también enmarca una geopolítica internacional en expansión.

En la formación geológica de Vaca Muerta hay yacimientos de hidrocarburos no convencionales. ¿Qué los diferencia de los convencionales? Aquí hay dos cuestiones a destacar: por un lado, los hidrocarburos presentes en estos yacimientos necesitan de una estimulación adicional para su extracción.

Por otro lado, los yacimientos no convencionales requieren una inversión constante en todo su proceso de extracción, a diferencia de los convencionales.

Vaca Muerta es tan importante para los argentinos porque contiene la segunda reserva de gas de esquisto -gas natural dentro de las rocas de esquisto- y la cuarta de petróleo en el mundo.

Por ser una reserva no convencional, esta implica enormes gastos y una tecnología de extracción conocida como fracturación hidráulica o fracking, una amenaza para el medio ambiente según los especialistas.

¿Qué es el fracking?

Entonces, ¿Qué es el fracking? Este procedimiento comienza con una fractura vertical de 3.000 metros, a la que le siguen otras de manera horizontal. En estos casos, el hidrocarburo a extraer se encuentra dentro de las rocas.

Para lograr esto, la roca se fractura inyectando hasta 20 millones de litros de agua a una presión muy alta -según la cantidad de fracturas por pozo, serán los litros de agua usados-, junto con 400 toneladas de arena y una combinación química.

Según el gobierno de Neuquén, se utilizan 20 millones de litros de agua por pozo en Vaca Muerta.

¿Qué planea nuestro próximo presidente?

Vaca Muerta encierra intereses políticos y económicos de numerosos participantes, uno de ellos es el próximo presidente de la nación.

Al respecto, el presidente electo Alberto Fernández anunció que buscará potenciar el desarrollo de Vaca Muerta, siendo éste uno de los primeros proyectos que enviará al Congreso ni bien asuma.

Su objetivo es acelerar el ingreso de inversiones por 28.000 millones de dólares en los próximos cuatro años. Este objetivo se fijó en conjunto con el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez, para potenciar la zona.

Sin embargo, el próximo presidente de Argentina aseguró que todo el proyecto se llevará a cabo prestando especial atención al impacto ambiental.

Esta última cuestión es dudosa: ¿Realmente se está midiendo el impacto tu ambiental que produce Vaca Muerta? ¿Qué tan redituable es la explotación de este yacimiento? ¿Vale más el rédito económico que la situación ambiental de nuestro planeta?

Tomémonos un tiempo para analizar estas tres preguntas un poco más en profundidad. 

El orden de las preguntas no es casual, ya que el impacto ambiental que produce la explotación de este yacimiento debe ser el primer interrogante al cuestionar cuando se habla del tema. 

¿Realmente se está midiendo el impacto ambiental que produce Vaca Muerta?

La extracción de petróleo y gas de esquisto presenta serios riesgos ambientales. Pero detrás de las nuevas tecnologías que la hacen posible hay poderosos intereses económicos y políticos.

Vaca muerta tiene una doble problemática ambiental: por un lado su explotación contradice al Acuerdo de París. Aún se desconocen las consecuencias que traería no cumplir este acuerdo, pero si sabemos que al no seguir sus lineamientos se perjudica de manera directa al medio ambiente.

El fracking no sólo implica usar enormes cantidades de agua y otros recursos naturales, sino que su ejercicio contamina el agua que rodea la zona. ¿De qué manera? A través del “flowback”, que es el líquido de retorno.

Estos son miles de millones de litros de agua, que luego de perforar la roca sufren un efecto rebote hacia arriba, trayendo consigo residuos químicos que contaminan todo a su paso. 

Si tuviéramos que hablar sobre contaminación en Vaca Muerta, el “flowback” es la principal amenaza, no sólo por el impacto que sufre la zona, sino porque en los alrededores se realizan cultivos para el consumo cotidiano.

Siguiendo el orden de los interrogantes, sería interesante poder analizar el verdadero beneficio económico de Vaca Muerta.

¿Qué tan redituable es la explotación de este yacimiento?

Aquí confluyen dos cuestiones que hacen al análisis, los miles de millones de dólares en subsidios que se destinan a las petroleras, que explotan este yacimiento, y la constante necesidad de inversiones extranjeras para el proceso de extracción, ya que no hay inversiones nacionales.

En este sentido, nos encontramos con una dependencia del exterior constante, debido a que sin sus inversiones el proceso de extracción no es posible. 

¿Vale más el rédito económico que la situación ambiental de nuestro planeta?

Dentro del sistema productivo, la economía ambiental centra su atención en cómo y  porqué las personas toman decisiones -que tienen consecuencias ambientales-.

A su vez, se ocupa de estudiar y sugerir cambios en las políticas e instituciones económicas, con el objetivo de equilibrar el impacto ambiental. Así, consideramos que no vale más el ingreso que pueda generar este yacimiento, antes que la situación ambiental actual.

El rédito obtenido no es tan alto como el daño ocasionado al medio ambiente, ni hablar de las consecuencias que esto acarrea hacia el futuro.

Un ejemplo concreto es el del pueblo Mapuche, que vive alrededor de los 400 kilómetros de Vaca Muerta y está sufriendo la inclemencia de la explotación petrolera hace años. 

La industria del petróleo trajo muertes y pobreza para los mapuches. Su principal temor es la falta de control de parte del Estado. Se está permitiendo el saqueo de recursos a consecuencia de la salud de los seres humanos.  

Decimos que los mapuches mueren porque en 2012 falleció Cristina Lincopan, autoridad máxima de la comunidad mapuche Gelay Ko.

Durante semanas se intentó demostrar con estudios que su muerte había tenido como principal causa la contaminación por el fracking ya que sus pulmones estaban contaminados con los metales pesados que venía respirando hace años. 

Entonces: ¿El desarrollo económico argentino está por encima de la vida humana y el medio ambiente? ¿Se pueden revertir los daños ambientales ocasionados? ¿Cuán necesaria es la producción de energía? ¿No es simplemente un negocio más?

Finalmente, cabría reflexionar sobre una expresión particular: desarrollo sustentable. La misma fue difundida -pero no creada- por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland).

Esta comisión, a través de un informe titulado “Nuestro Futuro Común”, definió al desarrollo sustentable como aquel que asegura satisfacer las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las que le serán propias. 

¿Por qué tener en cuenta esta expresión a este contexto? Porque con esta breve definición llegamos a una conclusión tajante: no hay -o por lo menos no mucho- de desarrollo sustentable en la explotación de Vaca Muerta; no se ve a simple vista una intención ecológica a la hora de extraer recursos en esta zona.

Por lo tanto, nuestros interrogantes cruzan sus caminos hasta llegar al punto cúlmine: el rédito en la explotación de esta zona pasa por la generación de empleo y la entrada de divisas al país. Hay que tener en cuenta que un empleado que trabaja en Vaca Muerta gana $120.000 mensuales.

Pero el impacto ambiental, cuya principal amenaza es el fracking, no sólo es evidente sino también desmedido. Una vez más, las relaciones comerciales y el rédito económico le ganan por goleada a nuestro medio ambiente, nuestra casa, nuestra única chance. 

Por Carmela Laucirica y Mayra Miño Usandivaras


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